Bernardo Álvarez es el nombre del obispo que se ha encargado de renovar la cubierta de gloria de la Iglesia Católica en España, según publica hoy El País, realizando unas declaraciones en las que mezcla los términos homosexualidad y abuso de menores. «La persona practica [la homosexualidad]», dice Álvarez, «como puede practicar el abuso de menores». Para la Iglesia, la homosexualidad sigue siendo una enfermedad que hay que sufrir en silencio, aunque suponga el padecer de algunos miembros de sus filas, con toda la resignación que le falta a otros tantos clérigos de mayor o menor rango a la hora de cumplir los predicados votos de pobreza y castidad.
La castidad debe ser una virtud ajena a las actividades sexuales de la persona que la practica, porque su santísima excelencia ha cargado toda la culpa de los abusos a menores -ese vicio tan horrendo como la mariconería- en los propios menores. «Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece», afirma el obispo. La culpa es de esos malditos niños del demonio, querubines y serafines pervertidos que ponen a cien la maquinaria lasciva del clero, levantándole a cualquiera la sotana, haciendo que los monseñores pierdan su beata continencia y se entreguen a los placeres de la carne, que es débil.
De pura castidad, los santos cojones del clero deben estar a estas alturas como los huevos del caballo de Trajano, porque la beatitud llena a partes iguales el espíritu y los vasos deferentes. Es duro mantenerse en equilibrio entre la grandeza del alma católica y las miserias de la anatomía masculina, más aun en este país tomado por niños viciosos e impuros mariquitusos, por eso más de uno ha caído en la provocación endiablada de un adolescente, porque todos sabemos que la homosexualidad hay que callarla, pero la carne fresca de nuestros pipiolos es irresistible; no ha sido, desde luego, porque sean unos cabronazos, esos meapilas mentirosos.



















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27 Diciembre 2007 a las 10:07 pm
Acojonante.
Siempre me pregunto que por qué carajo estas personas -según ellos - no practican sexo (aunque en la Biblia aparece un tal Onán “que trillaba dentro pero sembraba fuera”) tiene que dar sus opiniones acerca de la placentra práctica que ellos no ejercitan y a los demás nos encanta. Y en esto incluyo a los maricas, que seguro que también disfrutan.
Es equivalente a su manía iterativa de hablar constantemente del matrimonio y de lo que es… ¡¡¡Sabrán ellos!!! Claro, que cualquiera aguantaría a un carca de estos. Seguro que aumentarían la tasa de divorcios (¡paradoja!)
28 Diciembre 2007 a las 1:50 pm
HOla:
Antes de nada gracias por entrar en mi blog. La verdad es q el tema impone y pone.
Hablando de poner, no será que el clero está tan excesivamente reprimido sexualmente que son ellos los que padecen de desviación sexual que se ponen hasta con un huevo kinder? No será que son sólo ellos los que ven cómo un niño de 12 años les puede llegar a provocar? Y cómo me pueden comparar el abuso sexual a menores que es un DELITO con ser homosexual!
Señores, que vivimos en un país libre y democrático!
28 Diciembre 2007 a las 5:11 pm
De ‘Como te digo una “co” te digo la “o”‘ de Sabina:
“¿Y los curas?
Esos ni en pintura”