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Es posible que en alguna ocasión haya citado en estas páginas a José Agustín Goytisolo, de quien, a través de Paco Ibáñez, conozco una frase que decía algo así como«qué alegría no servir y además para nada». Es posible también que en alguna de estás páginas haya roto más de una lanza a favor de la inutilidad. Esa capacidad de producción, por así llamarlo, que nos enseñan desde siempre, que convierte cada uno de nuestros días en una carrera por ser el primero de la clase, el mejor de la promoción, el que más beneficios reporte a la empresa, puede que despierte en algunas personas una necesidad de inutilidad que saciar de cuando en cuando, haciendo algo que no cambiará el mundo, que no enriquecerá a nadie, pero que puede inspirarnos cierta felicidad. «De tristeza en tristeza / caí por los peldaños /de la vida. Y un día / la muchacha que amo / me dijo y era alegre: no sirves para nada», escribió Goytisolo en Autobiografía. Puede ser que no haya nada menos productivo para el ser humano que las emociones y, sin embargo, ¿qué sería de nuestra especie sin ellas?. La literatura, como forma de expresión de las emociones, es algo inútil para la mayoría de los que la ejercemos sin oficio ni beneficio, es sencillamente un impulso más o menos frecuente que hay que cumplir y que algunos podemos ofrecer al mundo para que lo lean unos pocos. No pasaremos a la historia, no seremos héroes; seremos esa pasta urbana que busca un surco por el que fluir con más viscosidad de la cuenta. He tenido la suerte de ver hoy una entrevista a Julio Cortázar en la que afirmaba -cito de memoria- que la consagración universal le producía profunda indiferencia. Me hubiera encantado ser yo quien enunciara semejante máxima, pero puedo reproducirla al menos. De modo que hoy quiero invitarles a permanecer en el anonimato, a ser inútiles, a morir cuando mueran sus cuerpos y, sobre todo, a disfrutar. Eso es la literatura.

Una Respuesta a “No sirves para nada”
  1. Florie dice:

    “Puede ser que no haya nada menos productivo para el ser humano que las emociones y, sin embargo, ¿qué sería de nuestra especie sin ellas?”, sin las emociones seríamos bioquímica sin sentido, y cito de ‘Amélie’: “Sans toi, les émotions d’aujourd’hui ne seraient que la peau morte des émotions d’autrefois”.

    Por cierto, he visto hace un rato “Annie Hall” de Woody Allen, y plantea algo parecido, a partir del chiste del hombre que acude a la consulta de un médico:
    “-Doctor, mi hermano está loco. Cree que es una gallina.
    -¿Por qué no lo lleva al manicomio?
    -Lo haría, pero necesito los huevos”.
    En Woody Allen este punto tragicómico adquiere un matiz casi filosófico, y viene a concluir que, aunque las emociones sean complejas y a veces dolorosas, las necesitamos de todas formas.

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