Es posible que en alguna ocasión haya citado en estas páginas a José AgustÃn Goytisolo, de quien, a través de Paco Ibáñez, conozco una frase que decÃa algo asà como«qué alegrÃa no servir y además para nada». Es posible también que en alguna de estás páginas haya roto más de una lanza a favor de la inutilidad. Esa capacidad de producción, por asà llamarlo, que nos enseñan desde siempre, que convierte cada uno de nuestros dÃas en una carrera por ser el primero de la clase, el mejor de la promoción, el que más beneficios reporte a la empresa, puede que despierte en algunas personas una necesidad de inutilidad que saciar de cuando en cuando, haciendo algo que no cambiará el mundo, que no enriquecerá a nadie, pero que puede inspirarnos cierta felicidad. «De tristeza en tristeza / caà por los peldaños /de la vida. Y un dÃa / la muchacha que amo / me dijo y era alegre: no sirves para nada», escribió Goytisolo en AutobiografÃa. Puede ser que no haya nada menos productivo para el ser humano que las emociones y, sin embargo, ¿qué serÃa de nuestra especie sin ellas?. La literatura, como forma de expresión de las emociones, es algo inútil para la mayorÃa de los que la ejercemos sin oficio ni beneficio, es sencillamente un impulso más o menos frecuente que hay que cumplir y que algunos podemos ofrecer al mundo para que lo lean unos pocos. No pasaremos a la historia, no seremos héroes; seremos esa pasta urbana que busca un surco por el que fluir con más viscosidad de la cuenta. He tenido la suerte de ver hoy una entrevista a Julio Cortázar en la que afirmaba -cito de memoria- que la consagración universal le producÃa profunda indiferencia. Me hubiera encantado ser yo quien enunciara semejante máxima, pero puedo reproducirla al menos. De modo que hoy quiero invitarles a permanecer en el anonimato, a ser inútiles, a morir cuando mueran sus cuerpos y, sobre todo, a disfrutar. Eso es la literatura.


















Entradas (RSS)
26 Septiembre 2007 a las 1:17 am
“Puede ser que no haya nada menos productivo para el ser humano que las emociones y, sin embargo, ¿qué serÃa de nuestra especie sin ellas?”, sin las emociones serÃamos bioquÃmica sin sentido, y cito de ‘Amélie’: “Sans toi, les émotions d’aujourd’hui ne seraient que la peau morte des émotions d’autrefois”.
Por cierto, he visto hace un rato “Annie Hall” de Woody Allen, y plantea algo parecido, a partir del chiste del hombre que acude a la consulta de un médico:
“-Doctor, mi hermano está loco. Cree que es una gallina.
-¿Por qué no lo lleva al manicomio?
-Lo harÃa, pero necesito los huevos”.
En Woody Allen este punto tragicómico adquiere un matiz casi filosófico, y viene a concluir que, aunque las emociones sean complejas y a veces dolorosas, las necesitamos de todas formas.