Ellington, Chesterton, café y algunas horas
Escrito por: Gotardo J. González en Música, PersonalSaben ustedes, los que me leen con cierta frecuencia, que tener unos dÃas libres es para mà una intención de relax que, si bien no suelo llevar a cabo, porque siempre hay algunas memeces que rompen el ritmo del descanso, cuando logro algunas horas de quietud suelo dedicarlas al Jazz, a algún libro y, tal vez, alguna escapada de esta ciudad -que tiene más radiotaxis que sentimientos, ya saben quién lo dijo-. Hoy tengo unas horas libres entre ciertos preparativos de viaje y una escapada al teatro.
A mi lado está la maleta, abierta como un ataúd, con algunas prendas de ropa que se van arrugando. El único sonido reseñable de la habitación es un disco de Duke Ellington, muy adecuado por su ritmo a un momento asà y, claro, a un dÃa como este -dice una carta publicitaria de mi compañÃa de teléfonos que el mes de los enamorados, es el mes para enamorarte de un móvil mejor-. Pero Dule Ellington me parece más emocionante que los tonos de un celular, asà que haciendo caso omiso de la doctrina consumista de cierta empresa de comunicaciones, me he sentado a media tarde a escuchar Jazz y a leer The Man Who Was Thursday de Chesterton, con una taza de café caliente en el escritorio -confieso que preferirÃa una copa de pacharán- y la noche cayendo sin luna por la Sabika. Mi pequeña aloe vera está contenta, la mesa más o menos ordenada y mi microcosmos en paz. Dentro de un rato me marcho al Teatro Alhambra a ver In Nomine Dei, de Saramago -esa gran poetisa-. Ya les contaré algo sobre la obra dentro de un rato, o tal vez otro dÃa.
Creo que mañana, cuando madrugue para salir de aquÃ, conservaré los ecos de las pistas que van pasando -The Mooche, Prelude to a kiss-. Estoy empezando a imaginar que me marcho sin una fecha de regreso concreta -tal vez busque algún estudio en el que sólo se escuche el Jazz, como debe escucharse en la callejuela que corre a los pies de mi ventana-. Aún será de noche cuando me vaya, como un fugitivo, con un libro de Chesterton debajo del brazo y una maleta delatadora. Seremos pocos los que a esa hora paseemos entre por los andenes, iluminados por los fluerescentes de la sala de espera. Un leve cansancio madrugador, como venido de la cafeterÃa, nos hundirá las ojeras, e imaginaré que un piano suena desde un hilo musical imaginario.
Es la paz de los fugitivos idéntica a la de mi habitación.
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Actualización de media noche: Me ha gusutado In Nomine Dei, se nota que es de Saramago -esa excelente poetisa-.
Tags: Baker, Chesterton, Saramago

















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