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Primera sorpresa: hay un hombre que ameniza los ires y venires de los granadinos por la Gran Vía -al menos allí lo he visto yo-. Luce una espesa barba blanca, del mismo color de la bata que viste, que tiene escrita en la espalda palabras que no alcanzo a leer, porque el buen hombre viaja en bicicleta, recorriendo el centro de la ciudad en dirección hacia la plaza de Isabel la Católica. El buen hombre, que podría ser Papá Noel, pero no lo es -porque ahora se llama Santa Claus-, lleva un megáfono en la bicicleta y reparte por la ciudad las notas en midi de un famoso villancico. Si creen que se trata de una alegoría están equivocados.

Ése es el panorama que me he encontrado las dos últimas mañana que he subido paseando a la Facultad de Filosofía y Letras. Digo que ése es el panorama porque eso es lo que hay, nada más, al menos nada más que no sea lo mismo de siempre. El tópico de la ciudadanía que camina ajena a lo que sucede a su alrededor se cumple con rigor matemático -al fin y al cabo yo también cruzo las calles con esa enajenación-.  Pero la calle a veces depara sorpresas, sólo a veces.

Ya en la Facultad me encuentro con una vieja conocida, apenas cruzo unas palabras con ella, mi reloj lleva una cantidad inderminada de horas de retraso y puede que sea demasiado tarde; además, a esa hora del día ha empezado a martillearme un dolor de cabeza gripal, esa especie de astenia otoñal; ni siquiera he tenido tiempo de alegrarme de verla, no me apetece hablar con nadie. Segunda sorpresa: salgo del que creo que es el edificio principal -aún no lo tengo muy claro- para entrar a otro edificio; en la puerta me cruzo con una chica a la que no he visto nunca y me sonríe; no recuerdo la última vez que vi una sonrisa gratuíta, debería haberle dado las gracias.

Tercera sorpresa:  entro al cuarto de baño y escucho que dentro de uno de esos cuartuchos infernales alguien entona un canto que se me antoja gregoriano. Si esa persona no se hubiera creído sola seguramente no habría cantado. Me he acordado de algo se cuenta en Rayuela, en Martín Hache y en boca de una amiga mía: parece ser que en Argentina la gente silba por la calle, aquí no. Lo que seguramente nadie hace en ningún lugar del mundo es cantar, canturrear a lo sumo. He recordado que quien canta su mal espanta, así que por la tarde he vuelto a casa cantando por el camino: la donna è mobile qual piuma al vento y lo que sigue. La gente de la Gran Vía repartía sus miradas entre mi voz de tenor borracho y amariconado y las tetas de una pipiola con vocación de prostituta; éramos un espectáculo.

Cuarta sorpresa (o susto): Aún en la facultad me he cruzado con otra persona que se ha sorprendido al verme: pero qué haces aquí, Goti -hay quien no me habla de usted-, apareces como un fantasma. Eso me ha hecho pensar y me he desvanecido en los pasillos.

6 Respuestas a “Tears stream down your face”
  1. Florie dice:

    la vida da sorpresas, fantasma luminoso ;)

  2. Angel dice:

    Cual si de Alvaro de Batzan se tratara recorro con mi pensamiento el puente verde , el Paseo de la bomba, la Biblioteca, los almacenes Alvarez ( que estaban al final, la carrera de la Virgen, Puerta Real donde pasaba mi infacia de recuerdos ” granainos” tomando un helado en el decimononico establecimiento del Suizo.
    Nunca olvide los numeros de los buses, el 9 y el 27, aunque este ultimo te dejaba algo mas lejos.
    Pero si con algo se queda perdida mi memoria es con mis juegos y carreras juveniles por una plaza con puestos de flores, y de nombre arabe.

    Cerca de alli , en la Alcaiceria, una filatelia en ruinas me trae recuerdos de monedas y sellos

    Nada es casual, la sorpresa no existe y si rebusco entre las esquinas, aun escucho reverberados- como en ecos- mis risas infantiles

  3. Luna dice:

    Hola!!!
    Vaya día que has echado….
    Ah!El otro día me crucé con un hombre que iba silbando; seguramente fuera argentino:)
    Coméntaselo a tu amiga:P

  4. Antonio dice:

    ¡Joder cómo está el patio! Chaval, de ésta no te salvas… ¿Unos cubalibres este finde?

  5. Gotardo dice:

    Amén, maestro.
    A veces un patio andaluz es como una noche toledana, vamos, una tortura china; en consecuencia brindaremos por Cuba Libre, por España y por el vino.
    Para que veas que eso de la aldea global no es una tontería.

  6. dabolina dice:

    Wey yo también he visto al Santa Claus/Papá Noel/El rey Melchor jejeje.
    Es curioso cómo en un día ajetreado de burrocracia consigue arrancarte una sonrisa.
    ¡Besos!

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