Dios
Los no creyentes dicen: no creo en Dios. Quizás es una afirmación demasiado genérica que mueve a confusión. A ella se agarran los creyentes. Ayer escuchaba a un religioso que nos explicaba el milagro del huevo convertido en pollito. Y con una gran euforia y rotundidad coronaba su disertación con esta afirmación: “para no creer no puede haber otra causa que la de la idiotez”, tan definitivas eran las pruebas que él aportaba (sí, sus intervenciones están siempre adornadazas de un fuerte personalismo, por decirlo de una forma suave). Así de claro lo veía él. Pero, hay que aceptarlo, parte de culpa en esta confusión la tienen los no creyentes. Mejor sería afirmar: no creo en un Dios moral. Porque, además, esa es la raíz del asunto. Nadie discute lo que no puede remediar. Discute lo que tiene efectos directos en nuestras sociedades, en nuestras vidas. Que haya un video en el foro ldf en el cual se despelleja vivo a un pobre animal, pongo por ejemplo, invita a no creer en nada, y menos en seres morales, cualesquiera que sea su índole, entidad, jerarquía o razones. ¿De qué sirve que todos se proclamen creyentes si luego se ponen esas pieles manchadas de horror? No hablemos de las cosas que les ocurren a los niños. Y ante tanta impotencia, quienes no hemos recibido esa razón sin razones que es la fe, no podemos reaccionar de otra forma que con la negación y la desesperación. Que haya en el espacio un ente, una fórmula matemática, un misterio, o como se lo quiera definir, para muchos de nosotros no es motivo de interés, ya que no se puede indagar. Nos preocupa, eso sí, el asunto de la causa y su efecto. Sí alguien me asegurara, pongo por caso, que el mundo lo ha hecho un demonio, pues, ciertamente, no discutiría con él. La verdad es que en ese caso, entre la causa y el efecto sí habría coherencia. Al video (los hechos) me remito. Más sentido tiene la doctrina de los mazdeistas, en las que los dioses del bien y del mal combaten constantemente. Pero qué difícil se hace asumir un ser todopoderoso, bondadosísimo, que no fulmina a los del vídeo. Se dirá: ese es el misterio. Claro, así yo también resuelvo cualquier problema. Pero tal argumentación para quien no ha sido iluminado por esa fe, sería lo mismo que pretender que alguien creyera que Dios es la esquina de la puerta porque “yo lo afirmo”. La carga de la prueba estaría en quien planteara tan increíble proposición. Puesta la duda en la causa primera, ¿cómo aceptar las derivadas? ¿Quién puede creer que un Dios bondadosísimo fulminó a los niños de Sodoma y Gomorra por lo que sus mayores hacían? Que, además, como siempre, el castigo viene por asuntos sexuales (depravación, brrrrrrr). No conozco ninguna destrucción bíblica o no bíblica por causa de la esclavitud, de la explotación, de las guerras. La oración de los muertos en la religión egipcia es curiosa. Quien va a entregar su alma al más allá, hace examen de conciencia, y entre otras cosas, como mérito, dice. “jamás maltraté a mis esclavos”. Que bien. Esta es la cuestión: qué tipo de moralidad inducen las religiones y sus dioses.
13 de December de 2007 - Publicado en Uncategorized | Sin comentarios »