Ayer como hoy; por ejemplo, Pakistan.
Un filósofo sostenía que la historia del hombre es circular, que los hechos se repiten constantemente. Un político, también filósofo, matizaba la idea. Afirmaba que la historia evoluciona como una hélice cilíndrica, de forma que los hechos se repiten, pero en un estadio superior (o inferior, cuando se involuciona). La cuestión es que los acontecimientos del pasado deberían ser considerados como un elemento de permanente reflexión. Es decir, que cuando leamos la historia, pensemos: esto sigue sucediendo, pero en otras circunstancias, en otro nivel, con otros hechos.
Una de las ventajas de la historia moderna es que ha desmitificado los motivos que explican los acontecimientos históricos. Ayer eran grandes ideales los que estaban en la raíz de las cosas. Hoy se ha superado esta visión aparentemente ingenua. Por ejemplo, la Inquisición ha pasado a ser, de un asunto religioso, es decir, ideológico, a otro social o político. Si nos ceñimos a España, siguiendo con el ejemplo, nuestra Inquisición tuvo dos vertientes distintas; mientras que las persecuciones contra los judíos tenían un carácter social (control económico), las persecuciones contra los moriscos tenían un carácter político (descontrol político de esa población).
Ayer se invadía Irak en nombre de la libertad, de los derechos humanos. Hoy se sabe que hay dos causas determinantes que no son ni tan ideológicas ni tan generosas: el petróleo y la amenaza de Sadam Hussein de realizar las transacciones económicas en euros, no en dólares, lo cual podría haber tenido repercusiones desastrosas para la economía norteamericana.
Todo esto viene a colación por un hecho que demuestra que todas las “indignaciones” de la comunidad política y periodística tienen mucho de teatral. En los últimos tiempos nos ha dado por rasgarnos las vestiduras por la limpieza electoral de determinados países. Sin embargo, ahí hay otro país y otro “gorila” del que poco se habla: Pakistan y Pervez Musharraf, evidencia de la desvergüenza que hay en los criterios de cómo enjuiciar las cosas. Se ha asesinado a la opositora al régimen, (ya se intentó en octubre) pero es casi seguro que nada trascendental pasará. Cuando los golpistas ahorcaron a su padre nada pasó. ¿Por qué? Simplemente porque la cuestión fundamental es que la relación colonial no cambie. No importa su nombre, mientras las materias primas sigan fluyendo sin cambios sustanciales.
Deberíamos leer el pasado con más frecuencia y con la vista puesta en el presente. Nos lo agradeceremos a nosotros mismos.
27 de December de 2007 - Publicado en Uncategorized | 1 Comentario »