por Luis M.

Los Cien mil hijos en Madrid.

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Primera parte:

 

1)      Oído esta mañana en la barra de un bar: “A mi eso de la libertad no me preocupa, mientras tenga mi cervezón, gane mi equipo y pueda ir a la feria, al Rocío y a las procesiones de Semana Santa. Eso no lo quitarán nunca…”.

 

2)      Leído en la prensa que últimamente se rasga las vestiduras: “Dos grandes triunfadores: El cardenal Rouco y el Camino Neocatecumenal… Y la presencia y la bendición de un Papa virtual… Arremetieron contra la legalización del matrimonio de personas del mismo sexo, contra la ley que agiliza los divorcios y contra la norma que, a través de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, quiere arrebatar a los padres su derecho a educar a los hijos según sus propias convicciones”

 

3)      Fraga: el franquismo “sentó las bases de una España con más orden”, profetizando que la figura de Franco experimentará una rehabilitación histórica similar a la que se produjo con Napoleón.

 

Segunda parte:

 

1) Efectívamente, el alcohol nunca lo quitarán , sobre todo si ex presidentes de gobierno como Aznar relacionan la libertad con libertad de beber y conducir a la vez.

 

2) Leyendo ese periódico he recordado a varios autores de tiempos pasados y anticuados, ahora que todo es modernidad:

 

Dice a Jesús el Gran inquisidor (Dostoieski, “El gran inquisidor”, de “Los hermanos Karamazov”): “¿Para qué has venido a estorbarnos? Todo fue transmitido por Ti al Papa, de manera que ahora está ya todo entre las manos de éste. No nos estorbes. Hemos corregido tu obra y la hemos asentado sobre el Milagro, el Misterio y la Autoridad… ¿por qué has venido a estorbarnos? Lograremos al fin convencerlos de que no serán realmente libres hasta que renuncien a su libertad a favor nuestro… les demostraremos que la felicidad de los ingenuos es la más dulce… les obligaremos a trabajar… nos harán entrega… de sus conciencias… la humanidad… será feliz… seguiremos seduciéndoles con la promesa de una recompensa eterna y celestial… aunque si hubiera otro mundo, no sería, sin duda, para gentes como ellos…”

 

Voltaire en “Ensayo sobre la intolerancia” recomendaba a los ciudadanos “la religión que los une y no la que los divide, la que no es de ningún partido, que forma ciudadanos virtuosos y no imbéciles escolásticos, la que tolera, no la que persigue, la que dice que todo hoy consiste en amar a Dios y al prójimo, no la que hace de Dios un tirano y del prójimo un montón de víctimas…” (y añadía)  “Que dogma no ha hecho derramar sangre. La rabia del prejuicio que nos lleva a hacer culpables a todos los que no son de nuestra opinión”…

 

4)      ¿Cómo se puede mencionar ante miles de personas la Declaración de Derechos Humanos (cuando se ha sido cómplice de una dictadura que los pisoteaba constantemente) y pretender imponer, a la vez, a la totalidad de los ciudadanos de un Estado aconfesional las doctrina de una de las partes. La Iglesia tiene derecho a imponer en su propio ámbito las leyes que desee, pero no puede inmiscuirse en la vida de los ciudadanos que no pertenecen a ese ámbito o no quiere acogerse a sus normas. El católico que no quiera divorciarse, que no lo haga. Y que se digan las cosas como son: el tan cacareado divorcio expres es, sobre todo, un divorcio más barato. Por cierto, hay muchos abogados católicos que aplican la objeción de conciencia (en este caso para una norma eclesial) y tramitan divorcios. Eso sí, preferían el de antes, bastante más caro.

 

“Los padres tienen el derecho y la obligación fundamental de educar a sus hijos” ¿Y quién se lo niega? ¿Cómo se puede retorcer de esa forma la realidad? No hay niño en España que no pueda estudiar la religión católica. Lo que no podrá estudiar, por ejemplo, es el darwinismo, o el positivismo. Cuando no había esa libertad era cuando ellos dominaban en las esferas del poder; cuando obligaban a los niños a estudiar la religión católica, a aprender de memoria el catecismo. Y eso no ha sido durante cuarenta años, sino durante muchos siglos.

 

5)      Fraga: “El franquismo sentó las bases de una España con más orden”: ¿Se habían puesto de acuerdo, previamente, Fraga y la Iglesia? ¿Se pretende, mintiendo así, que vuelva el franquismo? ¿De qué orden habla? ¿El del Tribunal de Orden Público (TOP).? ¿El de la ley de vagos y maleantes?

 

Por otra parte, Napoleón mató a mucha gente, reintrodujo la esclavitud en las colonias y guillotinó a la revolución de 1789. No obstante, publicó un código civil con normas que todavía no son no son pacíficas, para un sector de la población, aquí. ¿En qué ha quedado el saber enciclopédico de Fraga, comparando las tallas de ambos personajes? ¿Se limitó a memorizar?

 

Hace un tiempo, el Financial Times, periódico económico de derechas (no hay peligro de revolucionarismo) se llevaba las manos a la cabeza por la política de sus “hermanos españoles” (PP).

 

Ciertamente ¿qué derecha se pretende en España?

 

Curiosamente, en esa gran concentración no se hablo del salario mínimo interprofesional, que sobre ese asunto también hay conflicto. A sectores próximos a los de la manifestación el actual les parece suficiente. Claro, son cosas materiales sin importancia.  

 

Con esto, punto final. Y feliz 2008, si lo permiten.

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31 de December de 2007 - Publicado en Uncategorized | 2 Comentarios »

 

Mileuristas, avances feministas, estadísticas, empresarios, derechos humanos…

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1) Hace 4 ó 5 años (¿o más?) se acuñó el término “mileurista”. En aquel tiempo era una referencia peyorativa. ¿Continúa siéndolo hoy? En la actualidad conozco muchas personas que realizan trabajos muy duros por 800 euros al mes, incorporadas en ellos las pagas extraordinarias, lo cual terminará por diluirlas en la nada, es decir, desaparecerán. En definitiva, que los sueldos bajan y los precios suben (eso sí, estos últimos sólo en milésimas, por supuesto). 

2) Son numerosas las referencias propagandísticas sobre la incorporación de la mujer al trabajo. Pero ¿merecía la pena así? Dicha incorporación se ha realizado rebajando los sueldos, lo que en definitiva lleva a que, en el caso de una pareja, uno de los cónyuges trabaje casi por nada. No digamos el que vive sólo. Algo así como el chiste que he contado mil veces no sé dónde (cuando se sabe poco, uno se repite):–Pitraqueños, ¿qué quirís?–¡Dos cosechas al año!–Las tendréis, sólo que el año tendrá 24 meses…–¡¡¡Bien!!!Hace ya tiempo que fuentes bancarias europeas anticiparon que en aquellos hogares de la CEE (se llamaba así) en los que no ingresaran dos sueldos, se rozarían límites de pobreza.La anticipación ¿era adivinación o proyecto?Alguien dirá: pero ¿y el sagrado derecho al trabajo, el sacrosanto derecho a participar en la producción nacional? Vale, pero paguen lo que corresponde. Nadie dijo que tenía que ser un martirologio. 

3) Por otra parte, los estadísticos siguen eufóricos (¿cuánto cobrarán?). Según ellos, el IPC sube centésimas y la media salarial de España es de más de mil quinientos euros. Hace muy poco la euforia se desataba porque habíamos superado a Italia en el PIB por persona. No es creíble que en Italia se cobre y produzca menos. Esta desconfianza viene de una crítica sobre las estadísticas:“Si uno come un pollo y otro ninguno, las estadísticas establecerán que ambos comen medio pollo”… ¿Qué harán en Italia con los pollos? 

4) Curiosamente hay chistes sobre todo: funcionarios, militares, curas, homosexuales, tartamudos, cojos, abogados, políticos, etc. Sin embargo, poquísimos sobre los empresarios. ¿Será que la eventualidad laboral impide contarlos en el trabajo y se han extinguido por desuso? La libertad tiene muchas facetas.  

5) Derechos humanos: tienen dos vertientes, una política y otra social. Sin embargo, de esta apenas se habla. Que en muchos trabajos se trabaje exhaustivamente por un sueldo miserable entra en la órbita de los derechos humanos. No basta votar, o trabajar de cualquier forma. Los derechos humanos incluyen que, por ejemplo, no te puedan desahuciar por el impago de una letra del televisor, cosa que ha ocurrido. ¿Cuándo la política dejará de ser una opereta y se hablará de la realidad real? 

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29 de December de 2007 - Publicado en Uncategorized | 3 Comentarios »

 

Ayer como hoy; por ejemplo, Pakistan.

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Un filósofo sostenía que la historia del hombre es circular, que los hechos se repiten constantemente. Un político, también filósofo, matizaba la idea. Afirmaba que la historia evoluciona como una hélice cilíndrica, de forma que los hechos se repiten, pero en un estadio superior (o inferior, cuando se involuciona). La cuestión es que los acontecimientos del pasado deberían ser considerados como un elemento de permanente reflexión. Es decir, que cuando leamos la historia, pensemos: esto sigue sucediendo, pero en otras circunstancias, en otro nivel, con otros hechos.

 

Una de las ventajas de la historia moderna es que ha desmitificado los motivos que explican los acontecimientos históricos. Ayer eran grandes ideales los que estaban en la raíz de las cosas. Hoy se ha superado esta visión aparentemente ingenua. Por ejemplo, la Inquisición ha pasado a ser, de un asunto religioso, es decir, ideológico, a otro social o político. Si nos ceñimos a España, siguiendo con el ejemplo, nuestra Inquisición tuvo dos vertientes distintas; mientras que las persecuciones contra los judíos tenían un carácter social (control económico), las persecuciones contra los moriscos tenían un carácter político (descontrol político de esa población).

 

Ayer se invadía Irak en nombre de la libertad, de los derechos humanos. Hoy se sabe que hay dos causas determinantes que no son ni tan ideológicas ni tan generosas: el petróleo y la amenaza de Sadam Hussein de realizar las transacciones económicas en euros, no en dólares, lo cual podría haber tenido repercusiones desastrosas para la economía norteamericana.

 

Todo esto viene a colación por un hecho que demuestra que todas las “indignaciones” de la comunidad política y periodística tienen mucho de teatral. En los últimos tiempos nos ha dado por rasgarnos las vestiduras por la limpieza electoral de determinados países. Sin embargo, ahí hay otro país y otro “gorila” del que poco se habla: Pakistan y Pervez Musharraf, evidencia de la desvergüenza que hay en los criterios de cómo enjuiciar las cosas. Se ha asesinado a la opositora al régimen, (ya se intentó en octubre) pero es casi seguro que nada trascendental pasará. Cuando los golpistas ahorcaron a su padre nada pasó. ¿Por qué? Simplemente porque la cuestión fundamental es que la relación colonial no cambie. No importa su nombre, mientras las materias primas sigan fluyendo sin cambios sustanciales.

 

Deberíamos leer el pasado con más frecuencia y con la vista puesta en el presente. Nos lo agradeceremos a nosotros mismos.

 

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27 de December de 2007 - Publicado en Uncategorized | 1 Comentario »

 

¿Existe la prensa independiente?

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¿Existe la prensa independiente? No es una pregunta cualquiera. De la respuesta dependen muchas cosas. La noticia es uno de los pilares principales de nuestras actuales sociedades “democráticas”. Por ejemplo, mirando retrospectivamente, gracias a la prensa franquista, la República fue más o menos el infierno, los rojos tenían rabo y cuernos y el régimen de Franco era un paraíso donde no había atraso, miseria ni  tiranía. Recordemos que era un reino (sin rey) y una democracia, eso sí, “orgánica”. Tal era el poder de aquella propaganda, que muchos hijos de republicanos, a pesar de las explicaciones de sus padres, veían en ella (en la República) un régimen siniestro (y no por lo de sinistra, izquierda). No debería extrañar que muchos de esos mismos hijos terminaran por creer también que sus padres habían sido unos rebeldes y unos sediciosos contra el orden establecido. Hoy ocurre igual con la apreciación de otros regímenes. La prensa establece la verdad y la mentira y cualquier debate o discusión está sujeta a la prueba de lo que afirme la prensa. Ella misma ha acuñado una expresión para definir su propia actitud: “La milla periodística”. El término nos viene a decir que la objetividad de una noticia es directamente proporcional a su distancia. La frase es brillante por dos causas. Muestra una apariencia de autocrítica completamente falsa y nos induce a creer que las noticias menos “domésticas” son las más verídicas. Se dirá: pero las noticias domésticas son las más importantes. No. Baste decir que son eso, domésticas. ¿Qué importa qué pasa en el dormitorio de la cocinera si el despacho del señor en la fábrica está en orden?  Y en esto de las distancias, de lo doméstico, de las estancias, de los lugares, entra el elemento que se quiere tratar.¿Es independiente la prensa? Puede serlo. Depende de qué se considera independiente. ¿Es independiente de los partidos? Puede que sí. Incluso puede que dirija algunos de ellos. ¿Es independiente del Estado? Depende de la clase de Estado que sea. Puede que sí; puede incluso que sostenga alguno de ellos y que quien no sea tan independiente sea el Estado.Esa tan cacareada independencia no tiene mayor trascendencia, al menos en el sentido que se le da. La cuestión es la de ¿es independiente del sistema económico al que representa y sirve, siendo a su vez servida por él? Porque esa es la cuestión. Nuestras democracias han creado un sistema donde se les dan bofetadas a los gobiernos, nunca al sistema económico en los que se incardinan.Si hacemos la pregunta de forma más ceñida, puede que si obtengamos alguna conclusión: Hagámonos la siguiente pregunta: ¿es independiente la prensa, “empresa privada”, del sistema de “economía de mercado” en el que se inserta? Y la respuesta debe ser negativa: ¿cómo va a ser independiente de un sistema que le ofrece sus dos razones de ser: Uno: lucrarse. Dos: defenderlo ideológicamente para seguir lucrándose.

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24 de December de 2007 - Publicado en Uncategorized | 1 Comentario »

 

Con toda modestia y respeto.

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Historia de los heterodoxos españoles (Marcelino Menéndez y Pelayo). (Fragmento intercalado por observaciones (en azul), bajo la idea de que para unos autores, con causa o sin ella, el tiempo es una absoluta guillotina crítica, y que sin embargo, para otros, sus palabras serán siempre paradigmáticas por la fuerza de la voluntad de quererlo así, aunque los hechos sean testarudos).Dios nos conservó la victoria (¿Nos la conservó?¿Es que nos repudió después por alguna causa que no se dio al principio?) y premió el esfuerzo perseverante dándonos el destino más alto entre todos los destinos de la historia humana: (Esa es una afirmación repetida por todos los imperios; pueblos que se creen únicos y que quieren hacer creer que sus acciones sólo fueron benéficas. ¿Cómo un hombre con una cultura tan portentosa no tenía una visión más general, más distante, más equilibrada, en definitiva, más justa, sobre lo que es la historia tan parecida de las distintas historias?) el de completar el planeta, el de borrar los antiguos linderos del mundo. Un ramal de nuestra raza forzó el cabo de las Tormentas, interrumpiendo el sueño secular de Adamastor, y reveló los misterios del sagrado Ganges, trayendo por despojos los aromas de Ceilán  y las perlas que adornaban la cuna del sol y el tálamo de la aurora. Y el otro ramal fue a prender  en tierra intacta aún de caricias humanas (¿Acaso no eran humanos los pobladores originarios de aquellas tierras? ¿O tan bárbaros eran que, incapaces de acariciar, ni esa condición? ¿Quién eran entonces aquellos llamados por error indios, poco después esclavizados y convertidos en mano de obra gratuíta para extraer ingentes cantidades de plata y otro? ¿Es que la emoción de la patria ha de justificar cualquier abuso?) donde los ríos eran como mares,  los montes, veneros de plata (eso sí; y veneros de ambición, de crueldad, de latrocinio, de insensibilidad), y en cuyo hemisferio brillaban estrellas nunca imaginadas por Tolomeo ni por Hiparco. Dichosa edad aquélla (¿Podía serlo una época de esclavitud, de inquisiciones, de guerras religiosas y de conquista, de miseria? Ah, que ese no es el asunto. ¿Puede la supuesta grandeza histórica, esa en la que se solapan el abuso y la rapiña, la razón de la fuerza y la fuerza de la discriminación, plasmada en clases privilegiadas y clases que carentes de todo derecho, justificar cualquier acción? )de prestigios y maravillas,  edad de juventud y de robusta vida. España era o se creía el pueblo de Dios (demasiada crueldad para poder ser pueblo elegido por un Dios proclamado misericordioso), y cada español, cual otro Josué, sentía en sí fe y aliento bastante para derrocar los muros al son de las trompetas o para atajar al sol en su carrera.  Nada parecía ni resultaba imposible; la fe de aquellos hombres (¿Hubo realmente fe o realmente hubo ambición? La historia de los grandes capitanes de aquella conquista parece tener otros motivos menos elevados y nobles), que parecían guarnecidos de triple lámina de bronce, era la fe, que mueve de su lugar las montañas. Por eso en los arcanos de Dios les estaba guardado el hacer sonar la palabra de Cristo (¿La palabra de Cristo? ¿La de los diez mandamientos y las bienaventuranzas? ¿La del evangelio? ¿La de amarás a tu prójimo sobre todas las cosas?) en las más bárbaras gentilidades (¿Sólo tribus eran aquellas culturas descubiertas y no más sangrientas que la nuestra? Los historiadores romanos describían como los “bárbaros” de Hispania, aún clavados en la cruz, no dejaban de jurar y blasfemar contra Roma. Sus juramentos e imprecaciones eran prueba de su barbarie. Clavarlos en cruces no. Así son las cosas, y no cambian en ninguna época ); el hundir en el golfo de Corinto las soberbias naves del tirano de Grecia (¿No eran tiránicas ni absolutas las monarquías nuestras de la época?), y salvar, por ministerio del joven de Austria,

la Europa occidental del segundo y postrer amago del islamismo; el romper las huestes luteranas en las marismas bátavas con la espada en la boca y el agua a la cintura y el entregar a

la Iglesia romana cien pueblos por cada uno que le arrebataba la herejía
(He aquí una buena conclusión: todos equivocados, islámicos, luteranos, tiranos griegos… Por el contrario, el catolicismo de la época, un espejo de virtudes…).
España, evangelizadora de la mitad del orbe; España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio…; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra (Si, martillo de la ciencia, de la Ilustración, de la tolerancia, de cierta pluralidad… De Galileo, Descartes, Newton, Hobbes, Leibnitz, Bodino, Maquiavelo, Dante, Luis Vives, Tomás Moro, Rousseau, Voltaire, Diderot… todos en el índice de lo que podría no haber sido (y por poco Teresa de Jesús, Juan de

la Cruz, fray Luis de León…) y que incluso habiendo sido, fue insuficiente)
. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vectones o de los reyes de taifas (Difícil disyuntiva) (No encuentro el azul).
 

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19 de December de 2007 - Publicado en Uncategorized | Sin comentarios »

 

Manifiesto animal

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Posiblemente el título induzca a error, a pensar en el manifiesto de un ser humano defendiendo su derecho a la bestialidad, su derecho a expresar y asumir la realidad, su derecho, en definitiva, a la sinceridad. Mucho menos nos referimos al animal ese de Aristóteles, al animal político, o al político animal, que ahora parece hay confusión. Pero no, el hombre lo es todo, menos sincero. Inventó la palabra para ocultar su pensamiento. Nunca reconocerá sus aberraciones. Este es un manifiesto a favor de los animales “no racionales”, según concluyente y excluyente clasificación de los otros animales, los supuestamente “racionales”. Una prueba de que lo dicho tiene sentido es que toda persona que desee defender a los animales debe justificarse previamente. En este espejismo de humanismo (la palabra no es integradora, sino excluyente, ojo), si defiendes a las otras especies obtienes una mirada entre indulgente y extrañada. “Pero ¿qué dice este, de qué habla?” Es una situación muy incómoda porque tu discurso tiene que bordear innumerables inconvenientes; lo primero que has de demostrar es que no estas enajenado; lo segundo, que no eres un sensiblero; lo tercero que no eres “mariquita” (sí, así dicho y con perdón); lo cuarto que eres consecuente hasta el límite (“¿y esos zapatos de cuero que llevas?” “Pero, tú comes carne” (afirmativamente…). Una demostración de la veracidad de estas afirmaciones se demuestra con un par de párrafos de humanos insignes:Romain Rolland dice “Si alguien plantea esta cuestión, es tratado como ridículo. Y ese es el crimen imperdonable. Que sólo es válida la justificación de que la gente puede sufrir. Esto clama venganza contra la raza humana”.
A su vez, Emile Zola afirma:La suerte que corren los animales tiene mayor importancia para mí que el miedo a parecer ridículo.
Los hombres que así hablan son excepción. Desgraciadamente no podemos tomarlos como muestra. Triunfaron y fueron casi respetados. Se les asumió, pero no todas sus ideas, sobre todo las más razonables. Así son las cosas. Baste pensar que la necesidad de demostrar lo evidente es prueba de que la pomposa autocalificación de racional es excesiva. Sin embargo, hacer un manifiesto a favor de los animales es una de las mejores formas de meditar sobre nuestra irracionalidad y sobre muchas cosas más. Porque nosotros, los animales racionales, parecemos totalmente incapacitados para hacer de forma imparcial una valoración moral de nuestras acciones. No hay evidencia razonable que no rechacemos, si esta afecta a la comodidad de nuestros intereses,. Además, la soberbia nos puede. Nos basta con considerarnos maravillosos. No necesitamos que nuestros actos sean consecuentes con nuestras palabras, ni de que nuestras palabras lo sean con nuestros pensamientos. Otro hombre bastante imparcial, Freud, cuya profesión de psiquiatra le obligaba a reflexionar sobre la condición humana, afirmó que la cultura era aquello que ayudaba a erradicar la violencia. Sí. Es lamentable que no se medite suficientemente sobre el endémico mal de la violencia. Debemos estar muy locos para que no nos asuste desenvolvernos en un medio tan peligroso e inmisericorde. es posible que haya más inconsciencia que valor. Los grandes generales que ha habido (grandes guerreros, grandes valerosos por oficio) siempre han recomendado la paz. Sabían de qué horror hablaban. Pobres tontos los soldados que entusiasmados van cantando al frente. Y pobres tontos los que no saben en qué puede derivar una sociedad con brotes de violencia. Larra, en uno de sus artículos, describe el asunto con gran acierto: La jovencita que se ha pasado la tarde jaleando en los toros, sin embargo, ya en casa, se desmaya porque bordando se ha pinchado un dedito y ha salido una minúscula gota de sangre. Todas estas disquisiciones previas no son gratuitas. Uno de los problemas relacionado con el sufrimiento de los animales es el de su banalización. Animal igual a problema secundario y acotado estrictamente a él mismo, sin más conexiones morales, éticas, sentimentales, psicológicas, sociológicas, culturales, religiosas, etc. Sin embargo, la cuestión de su sufrimiento es de suma importancia no ya sólo para el animal, sino para el hombre mismo, tanto que debería ser un ejercicio intelectual obligado; porque ¿cómo filosofar decentemente sin entrar en el asunto del dolor, del sufrimiento? En él confluye toda una serie de elementos que nos sitúa frente a un inmenso espejo ético. Reflexionar sobre los animales es hacerlo sobre los hombres y la sociedad, sobre el hombre y la “civilización”, sobre el hombre y la vergüenza (o desvergüenza, si se prefiere) sobre el hombre y la insensibilidad, sobre el hombre y el ansia de poder, sobre el hombre y su condición interesada, sobre el hombre y la crueldad, sobre el hombre y su inconsciencia, sobre el hombre y su falta de conciencia, sobre el hombre y los más débiles, sobre la igualdad, sobre la empatía, sobre el humanismo, sobre el pasado, sobre el futuro, sobre las leyes y sus principios…. “Dios hizo al hombre para que reinara sobre los animales” afirma

la Biblia. Pero, ¿es eso reinar? Por lo visto, sí ¿acaso los reyes no cortaban a sus vasallos orejas, narices, manos, cabezas, genitales? ¿Acaso eso tiene demasiada importancia para designar el estado del reino? Vistas las cosas así, ¿por qué va a ser más indulgente con las demás especies que con la suya propia, Sin embargo, deberíamos darnos cuenta de que en este tipo de reflexiones se ofrece incluso el beneficio de la matización (tan acostumbrados que estamos a las generalizaciones simplistas) que nos ayudará a comparar situaciones e iluminarlas. Por ejemplo ¿son iguales el indio americano que antes de cazar a un animal le pide perdón que el transportista de animales que introduce elementos de sufrimiento innecesarios en su transporte? ¿Sería igual quien consumiera carne después de haber dado una vida de bienestar a ese animal y lo hubiera sacrificado sin dolor, a ese otro que va a un espectáculo donde se tortura gratuitamente? Sin embargo, hay hombres preclaros, al menos aparentemente, que disfrutan con tales tipos de tortura. ¿Están sus inteligencias condicionadas por impulsos sádicos? No, no puede haber inteligencia así, porque si la hubiera, reconocerían su sadismo (aunque añadieran su imposibilidad de controlarlo) y la merma que ha de sufrir forzosamente su crédito racional, su prestigio “humano”, su coherencia argumental con la premisa básica de que es un ser superior ¿Ese afán de superioridad no debería moverle a demostrarlo con evidencias de grandeza, de magnanimidad, de com-pasión?Pero, sin más rodeos pasamos al asunto, que no se va a plantear partiendo de ¿por qué es una aberración lo que hacemos con los animales? ya que es limitativa y eidente. Quizás sea mejor analizar algunos de los argumentos que usualmente se utilizan para justificar el drama o el genocidio animal. Argumentos que, curiosamente, muchas veces nos dejan sin palabras y que habría que sistematizar. Empecemos: 

Los seres humanos pueden hacer lo que hacen porque son superiores a los animales. Pero, la superioridad ¿en qué se manifiesta, en simples actos de voluntad, de prepotencia, de arrogancia, de supremacía injustificada, o por el contrario es un conjunto de cualidades reales y ponderables? Sí los seres humanos son superiores ¿por qué se muestran como seres bestiales, sin criterios morales y éticos de ningún tipo; sin sensibilidad hacia lo que es el “sufrimiento”, así en abstracto expresado. ¿Cómo un ser superior puede carecer de empatía, de inteligencia emocional? ¿No es un rasgo de superioridad moral “no querer para los demás lo que no queremos para nosotros mismos?  

Se argumentará que la máxima invoca a “los demás”, y dando un torcido paso más, añadirán que los demás son “los humanos”, los de la propia especie. Aquí hay una doble contradicción. ¿Cómo se puede mencionar lo humano y deshumanizarlo a la vez, arrancándo al concepto sus cualidades más representativas, como son la piedad, el estremecimiento por el horror, el análisis de que el mal lo es para cualquiera que sea la condición de la víctima y ejercitarlo es provocar su contagio?  

Si continuamos por esa vía estamos introduciendo un mecanismo de actuación muy peligroso. Si la inferioridad de la víctima justifica y permite la crueldad contra ella ¿se puede torturar en las cárceles donde hay delincuentes prácticamente ahumanos moralmente? Si ser superior otorga derechos excepcionales ¿cómo se traduce en el sistema de organización de nuestra propia sociedad? ¿A dónde nos lleva esa regla? Si podemos hacer gradaciones jerárquicas, ajenas a lo que más importa, es decir, a la capacidad de sufrimiento ¿puede el doctor torturar al licenciado, y este al diplomado, y este al bachiller, y este al analfabeto? ¿Puede hacerlo el de un coeficiente intelectual de 150 sobre uno de 140, y así sucesivamente, quedando en la base más horrible del sufrimiento el subnormal? Aceptado esto, ¿con qué derecho criticamos la crueldad de los nazis?  

Es que se hace un círculo legal, se alegará, que incluye y excluye a voluntad especies determinadas según necesidades humanas (efectivamente, las especies protegidas tienen más derechos que un toro de lidia, por ejemplo). Esa es la realidad, pero no justifica nada y evidencia un rasgo más del asunto: su arbitrariedad. El círculo se puede estrechar y agrandar a capricho, sin una matemática de la razón. Puede incluir a los simios y excluir a los camellos. Habrá especies protegidas y animales destinados al sacrificio más inmisericorde. ¿Cuáles son los criterios? ¿Quién los establece? ¿Con qué límites? ¿Con qué argumentos? ¿Con qué razones? ¿Con qué jerarquía? ¿Esta mezcla de arbitrariedad-necesidad no podría llevar a justificar experimentos humanos donde se enfrenten el valor de la vida de un anciano con la de un niño, la de un enfermo con la de un sano? Redundando en la idea se dirá que el mundo es así; es decir, el asunto dará un giro de 180º y pasaremos de dioses a pobres víctimas de lo inevitable. Pero, ¿no quedamos en que somos la especie superior, incluso sobre la naturaleza? ¿No es acaso nuestra misión domeñar ese salvajismo? ¿Y con salvajismo vamos a dulcificar la naturaleza? 

No obstante, hemos avanzado un ínfimo paso. Podemos discernir entre la crueldad supuestamente necesaria y la innecesaria. ¿Necesitamos realmente asistir a una corrida de toros, a la caza del zorro, a la pelea de perros y gallos, cubrirnos con pieles de visón, irnos de pesca y caza por ocio, sin que nuestra dignidad se degrade?  

Entonces se intentará acoquinarnos con un aluvión festivo-folclórico-cultural; nos hablarán de las tradiciones, de las esencias, de la historia, del acervo cultural, de lo que siempre fue y será, de nuestros ancestros, de la patria, del terruño, e incluso, se terminara con un concluyente Dios lo quiere así…. Es decir, que la corrida de toros, por ejemplo, es producto de un decreto divino. Y es que últimamente el asunto se está “intelectualizando”. Y sus embajadores, en muchas ocasiones de la mano de periodistas venales, son los toreros, los acertadamente denominados “matadores” (más de 3.000 toros ha matado uno de ellos en esta temporada). La última sandez justificante lanzada es la de que la corrida de toros proviene de los romanos. ¿Y qué? Los romanos, pese a su grandeza histórica, eran muy crueles y entre el cristianismo primitivo y aquella Roma no había conciliación. Otra cosa es lo que pasó después. ¿Cómo ser cristianos e invocar las raíces de Roma? Si el respeto a la tradición es una obligación social ¿hemos de mantener también la compraventa de personas; podemos crucificarlas, embreadas y con la lengua cortada para que sus gritos no molesten? Otro torero, de Murcia, nos dice que en la corrida de toros está la esencia de España. Que pena de España que tiene tan pobre acervo histórico. (Recordemos a los castrati, a los cuales, en supuesto beneficio de la música y a mayor gloria de Dios, se les arruinaba la vida). ¿Qué diría Antonio Machado, que más misericorde con nuestras cultura, nos advertía que los pueblos que con sangre se divierten heridos están de muerte. 

No entraremos en la afirmación de que los animales no sufren; baste enunciar semejante tontería como prueba de cinismo. ¿Acaso no tienen sistema nervioso? No sólo sufren física, sino también moral y psicológicamente. ¿Es que nunca han visto el miedo en sus ojos? Probablemente no. Un egoísmo tosco y grosero puede embotar las capacidades de observación, análisis, enjuiciamiento y sobre todo de ecuanimidad. 

Pero, aún podemos ir más allá. ¿Es que todos esos institutos, cátedras, fundaciones, entidades públicas y privadas no son capaces de preguntarse sobre el alcance de actuaciones tan degradantes? ¿Es que no les preocupa que muchos de nuestros congéneres sean así? ¿Cómo pueden instituciones educativas incluir en sus programas espectáculos donde se maltrata y da muerte a un animal para solaz de los asistentes a un simposio científico? ¿Tan difícil es incluir tales actividades dentro del sadismo? Nos quejamos de la violencia en el mundo, pero luego desplegamos banderas que son una verdadera invitación a la sangre, al desgarro de la carne, al pavor, a la masacre, a la demostración de que no hay espíritu que valga, dentro de una gran indiferencia hacia los bienes de la tierra. En esos casos se destruye para gozar, no hay otra definición. ¿Cómo se va a criticar a los más jóvenes si no se les ofrece actuaciones ejemplares. ¿Cómo prohibirles que maltraten si la sociedad en la que habitan maltrata? 

Hemos dicho conscientemente bienes de la tierra. Sí. ¿Cómo un creyente verdadero puede aceptar que la obra de Dios (no lo es del hombre) pueda ser destruida así? No permitiremos que una obra de arte se destruya, pero si una vida. Un hombre puede recrear una cosa, pero no un ser vivo. Podemos hacer un rascacielos, pero no una mariposa.  

Los hay también que son muy demócratas y legalistas. Te dicen: tu derecho es no asistir y el mío sí asistir. He ahí una impecable fórmula jurídica. Dos derechos en perfecto equilibrio. ¿Cómo se ha conseguido? Simplemente cosificando al verdadero titular del derecho. El animal ha pasado de sujeto a objeto del mismo. Mi derecho es cerrar ojos, oídos y boca. Pero ¿eso atenúa en algo el sufrimiento del animal? Quien nos hace tal proposición ¿habla de buena fe o nos está tomando el pelo? Que, por cierto, que quebradero de cabeza para los juristas. ¿Cómo hacer una norma abstracta de aplicación general que luego tenga sujetos tan diferenciados y tan desigualmente tratados? Si no se puede maltratar a los animales, si hay una causa jurídica que justifique la prohibición ¿cómo excluir tantas otras por la vía de la excepción? Y una vez desarrollada una normativa con supuestos tan contradictorios ¿por qué no utilizarla en otros casos? Hasta no hace tanto el adulterio era un delito sólo imputable a la mujer.

 

¿Y las repercusiones de todo