Ya no sé ni cuántas historias pendientes tenía. De vez en cuando me venían a incordiar para que les diera la atención merecida, pero nunca era el momento, porque no era capaz de hilar las palabras, de pintar las ideas.
Hoy vi un enlace en el blog de un amigo al blog de una desconocida… y uno de sus hilos empieza así:
Hay que escribir como si se arrojase al mar una botella con un manuscrito dentro
¿Qué escribiría yo en un manuscrito metido en una botella que arrojaría al mar? ¿Lo firmaría o sería anónimo?
Si fuera anónimo puede que me arriesgara a contar las verdades que mimo en mi alma y que guardo en un lugar fresco y seco, donde no llegan la melancolía, ni las lágrimas, ni tampoco la luz del sol, o el tacto de un amigo.
Si lo firmara, puede que mintiera, disfrazaría los sitios, los nombres, el tiempo, para poder enseñar esa verdad que tiene ganas de ponerse morena, de humedecerse de mar o de río, de lluvia, de saliva, de sudor.
Hay que escribir con la esperanza desgarrada de que alguien te alcance, te salve… Hay que escribir contando con que tus sueños se ahogarán en el océano. Hay que adjuntar un mapa al manuscrito, con símbolos, para que solo los inteligentes y valientes encuentren tu tesoro.
En todo caso, he decidido escribir, puede que mienta para esconder verdades o puede que las muestre aunque se lean increíbles. Ahora te toca a ti decidir si soy sincera o no. Después de todo, la vida se reduce siempre a un acto de fe…


















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