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Por allá por el año 2006, me parece una eternidad, hice un blog para el grupito de la facultad, cada uno friki a su manera… no me acordaba de él…
El otro dÃa hice un comentario en un blog que tenÃa una entrada sobre el apellido de mi abuela materna… y extrañamente estaba registrada… Hoy al mirar mi correo veo que alguien ha agregado un comentario a ese blog… Lo he estado mirando y hay cosas que me traen muy buenos recuerdos… Algunas las publiqué yo, otras mi amiga RocÃo. Me da pena que se pierdan, porque pienso eliminar el blog, asà que con el permiso del señor Goti, las voy a ir poniendo aquà :)
RocÃo RodrÃguez Aparicio
Ese color sonrojado que tenemos en los mofletes cuando éramos niños; ese color que nos sale algunos dÃas después de ducharnos en la cara, nos miramos al espejo y por dentro pensamos:ojalá estuviera asà de guapa siempre;ese color asfixiante de la borrachera que nos encanta cuando nos vemos de reojo en los espejos de los servicios, si tenemos la suerte de mear en ellos;ese color rojo y dorado que se nos queda en la cara después de haber pasado un largo dÃa de piscina; ése es el color que quiero que tengas cada vez que me mires.
¿qué voy a hacer yo cuando ya nadie sueñe conmigo?,cuando nadie me diga el color de mi pelo,de mis ojos, de mi piel, el sabor de mis dedos,cuando nadie me huela en silencio,¿que haré yo cuando nadie grite mi nombre?, cuando nadie me susurre, que haré cuando no quieran besarme,cuando nadie tenga mi sabor, ¿qué voy a hacer yo?¿qué haré en el olvido?,¿estarás?,cada noche será un gran trago largo de vino de sangre,sin sudor, sin lamentos, sin mÃ, sin salivas, sin nada.¿qué haré yo cuando no escuche ninguna canción? mis venas se quedarán paradas y el corazón seco, mis ojos se apagarán y guardarán todas las lágrimas.¿qué voy a hacer yo cuando ya nadie sueñe conmigo?..tendré que buscarte en mis sueños.
¿qué es para mà el verano?
Levantarme sin tener que ponerme ropa, ducharme sin pasar frÃo y apretando el grifo azul, andar descalza por cualquier parte, usar abanicos con fuerza, fregar platos sin mojarte las mangas y andar por charcos sin calarte los pantalones, reÃrte matando mosquitos a la orilla del césped, sudar más haciendo el amor, cantar con más ganas y más fuerte, saltar en conciertos irrepetibles, dorar mi piel hasta septiembre,,aprovechar la siesta hasta la cena, sentir el aire acondicionado de los bancos, de los coches, de los bares..,volver a ver a viejos amigos, usar chanclas de colores, andar despeinada, leer los libros que me propuse en invierno, desayunar con hambre y beber con sed, olvidarme de la alergia, escribir en cualquier parte, echar de menos el fútbol, hacer canciones nuevas, vivir libre sin ropa, sin sujetadores, viajar un poco más, usar el móvil 25 horas, sentir que el dÃa es la madrugada, emocionarme porque abren terrazas, recordar el tacto y el aroma de la arena,…volverte a ver, sentirte, bañarme en ti desesperada, saboreando tu sal como si fuera la primera vez, sin miedo a morirme de sed.
Boca abajo con los dientes rotos,
sin sonrisa, sin moverme,
como una presa asustadizada
sabiendo que va a morir.
Ya no lloro, lo asumÃ.
Serenamente espero el disparo
que mate de una vez por todas
el movimiento de mis labios:
como un guerrero que se rinde en la batalla.
Cada vez que lloro es porque me gustarÃa que estuviera alguien a mi lado para que me abrazara, y me besara, y me dijera lo mucho que me ama, que darÃa todo por mà y que se muere por la cara que pongo al llorar. No suelo llorar por cosas tristes, sino por cosas imposibles. Por ejemplo, algo imposible es dejar de pensar en ti cada dÃa. Algo imposible es encontrarte. Por eso lloro y lloro. Me veo atrapada, y tú, sin saberlo, buscándome también. Dos locos buscándose que jamás se mirarán. Estás ahÃ, te siento, pero nunca lograremos sentir nuestros pulsos, jamás rozará tu mano mi piel aunque mi piel sienta tu mano, jamás dejaré de llorar por ti, porque no existes, porque eres imposible.
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Hubo un tiempo en el que desaprendà a llorar. Fue después de la despedida más dolorosa, por el absurdo sin sentido en el que se vio envuelta. A una de mis hermanas le dio por desaprender a reÃr. A mà se me secaron las lágrimas y a ella las sonrisas. Nos vimos empapadas, desde lugares opuestos, de la misma melancolÃa y mirada de viejo desesperanzado. Ella que era la muñequita alegre se tornó silenciosa, yo que era la muñequita tenebrosa me volvà aséptica.
Pero aprendimos a curarnos, primero de forma sutil, tÃmida y por último una noche de verano de 1997 ella rompió a reÃr y yo a llorar. De felicidad las dos, obvio, de tranquilidad y esperanza porque floreció un clavel en mis manos, metáfora para ella, realidad para mÃ. Descubrimos que las despedidas no existen, que solo hay que esperar el momento del reencuentro. Cuando entre las personas existe un amor profundo, admiración verdadera y empatÃa, ni si quiera la muerte es capaz de romper ese vÃnculo. Es una verdad que intuÃamos, que nos habÃan contado, pero aquella noche la sentimos desde nuestra piel hasta las entrañas de nuestra alma.
Y de vez en cuando, las fronteras de la vida abren sus puertas y se pasean nuestros seres amados para echar un vistazo a la vida que quedaron en el mundo. Y nos besan y nos hablan, pero con besos sin tacto y con un lenguaje sin palabras, puro sentimiento, pura esencia… Llamadme platónica, pero existe una realidad sin forma, si sois capaces de aprehenderla seréis capaces de comunicaros con los muertos.
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Mi primer hogar fue aquel hostal que buscaste la noche que nos conocimos.
Nunca me he sentido tan a gusto, tan segura como en la hoguera que creamos con nuestros cuerpos, el templo donde hablaba con Dios en un idioma nuevo para mà y viejo para el mundo.
Puede que a eso se refieran cuando dicen que el amor es ciego, puede que el amor nos vuelva un poco quijotes a todos y confundamos posadas con castillos.
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…el momento de luchar, de hacer los sueños realidad.
Estoy fuera, volando. Ya estoy volando. Solo tengo que aprovechar el viento bajo mis alas para que me lleven donde quiero. Pensé que estaba en alguna mazmorra porque no veÃa sobre mi cabeza el cielo, pero lo tengo a mis pies, sosteniéndome.
Niña mÃa, mi niña. Llegó el momento de recoger todo lo que aprendimos y ponerlo en práctica, llegó el momento de disfrutar del camino: nuestra meta es caminar, caminar sobre las nubes.
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Tengo al amor a kilómetros de distancia de mi lado. Parece como si alguien tuviera celos. Celos de mi locura, de mi capacidad de entregarme sin medida, sin guardar las distancias, sin cubrirme las espaldas. Como si teniendo cerca al amor pudiera provocar un cataclismo, una implosión o una explosión, una africada…
El fin del mundo está cerca cuando se ama, las ciudades son pocas cuando te llevan a tu norte, al norte que has estado toda la vida buscando.
A veces me canso, a veces me rindo, pero siempre termino resucitando de mis cenizas, de la desesperación, siempre termino volviendo a escuchar a mi corazón, que está majara, que es un niño; siempre me pueden las ganas de volver a volar y lucho, a pesar del ruido de las carreteras, del tráfico, lucho… lucho por acortar los espacios, los océanos de tierra… y escalo los montes, las mesetas hasta que vuelvo a entregarme una vez más en los brazos del amor, con la misma intensidad, la misma esperanza, la misma fuerza… todo por volver a ver los ojos que hace infinitud de años encontré en mis sueños, por volver a besar el primer beso que se grabó en mi alma.
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Soy de esa clase de personas que no duerme siesta. Por mucho cansancio que lleve acumulado solo las duermo sin querer.
Hoy ha sido un dÃa de esos… Con semanas de insomnio a mis espaldas… TendrÃa que haberme ido a solucionar problemitas con las tasas de las puñeteras oposiciones y me he quedado frita en el sofá. Horas de siesta. Me he despertado desorientada y de mala leche. Con mal cuerpo, mal sabor de boca, el estómago revuelto, dolor de cabeza, fotofobia y mi carácter ciclótico elevado a la enésima potencia. Todo me molesta, estoy irascible hasta con mis propios pensamientos.
No estoy para nadie.
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SSS o Semana Santa Sevillana… Mi experiencia como novata extremeña.
Cinco cosas imprescindibles que llevar a la SSS y ser un buen proyecto de capillita:
1- Radio con cascos para escuchar los retrasos de las salidas de las cofradÃas, los atascos en determinadas calles, etc ¿Para qué? Pues para ganarle tiempo al tiempo y no tener que perder horas y horas de pie esperando y asà ahorrarte el resto de las cosas imprescindibles…
2- Zapatos cómodos para patearte Sevilla de arriba a abajo… que rÃete tú de que es planita y no hay cuestas, que después de doce horas andando por el empedreao del centro llega un punto en el que los tacones altos y finos es una tortura que ya hubiera querido la SantÃsima Inquisición.
3- Cartas (la baraja española, la francesa o los magics, aunque lo mismo era cuestión de sacarte unas perritas con las del tarot al pie de la catedral y robarle clientela a las regalaromero), la psp, dvd, cómics, novela de bolsillo, el risk, el trivial o cualquier otro entretenimiento portatil para hacer tiempo mientras pasan los miles de nazarenos ante cada paso y los miles de penitentes tras cada paso y sin los que no se puede dar paso al siguiente paso (y repito paso para hacerlo pesado y contagiar de tedio, como en el que te sumes con tanta espera).
4- Algo para beber, en botellitas pequeñas, que las grandes pesan y luego hay que sumar al dolor de pies y riñones el de hombro y cuello… y ya bastante penitencia se sufre de cintura para abajo. En la elección de la bebida que cada cual escoja lo que más le guste, que luego verá botellas de vodka por el suelo, fino, cerveza, tinto… yo recomiendo algo que sea poco diurético, que luego da grimilla y mareo pasar por ciertas calles secundarias y cercanas a la carrera oficial…
5- Buena compañÃa. Preferiblemente alguien de Historia del Arte que sepa explicarte la historia de cada hermandad, de cada obra de arte hecha escultura, de cada palio, de cada manto… pero si no se puede pues alguien con arte que te haga entretenida la espera y los viajes de un lado para otro y que tenga sentido del humor para aceptar las miserias que comulgan con lo sublime de la Semana Santa Sevillana.
Y todo para ver, para vivir al menos una vez en la vida una Semana Santa especial, la de Sevilla, la de los sevillanos… que son capaces de aguantar bulla por ver un paso que ven cada año… que son los que la hacen posible, creando bulla, calor, color, música… Que conocen detalles que transmiten como herencias mágicas y frágiles como pompas de jabón: aunque todo el mundo las conozca las convierten en únicas. Que son capaces de llorar ante una imagen o ante la lluvia y a la vez son incapaces de dejar de comer pipas mientras pasan ante ellos.
La Semana Santa de mi niñez se parecÃa a un funeral, la de Sevilla se parece a una boda: está llena de gritos de “guapa” a una mujer vestida de reina, de olor a incienso y azahar. Es la fusión entre lo árabe y lo cristiano mientras se adora la imagen de un judÃo que pasea sobre los hombros de hombres que en su dÃa a dÃa usan el nombre de Dios en vano y solo santifican estas fiestas.
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Si escarbo en los recuerdos puedo llegar a uno en el que aún no me dabas miedo. Eras el hombre que vivÃa en casa, aquél que pasaba poco tiempo con nosotras y que habÃa que intentar no disgustar. Tengo una imagen, que he guardado mucho, que no he querido manosear ni gastar.
Una imagen: los dos solos en el portal de casa, bajando a la calle. Tú estabas contento, no sé adónde Ãbamos. QuerÃas jugar conmigo y echaste a correr. Al principio, mientras te seguÃa te admiré tanto… corrÃas tan rápido… nunca podrÃa alcanzarte… y de repente, esa certeza me hizo daño: jamás estarÃas a mi lado, junto a mÃ, por mucho que corriera nunca estarÃa a tu altura. Puede que fuera un presagio, una paramnesia inversa. Una parte de mà supo desde entonces que tú y yo jamás podrÃamos compartir vuelo, sueños, vida.
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Escribir era para mà una terapia. Siempre me curó de lo que me atormentaba, obsesionaba o apasionaba. En cuanto les daba el sol a mis palabras me libraba de la carga: si no las hacÃa públicas se me iban pudriendo con la esperanza, la ilusión, la alegrÃa…
Solo sé escribir de dos formas: disfrazando la realidad con cuentos o desahogándome con lÃrica. Pero esta vez, escribir me ha herido; por primera vez, me he sentido vulnerable. Ahora intento que explicar este miedo me alivie el dolor que provocó la situación, la decisión, la redacción del Silencio…
Silencio.
Ausencia de tus palabras.
Vergüenza.
Te culpo.
Lo pasas mal, eso está claro. Pero no sé por qué, por quién.
Necesitas aclararte, tomar una decisión. Pero no diriges a mà tus ojos, ni tu voz ¿Piensas en mÃ? ¿Lo haces con una sonrisa o con el ceño fruncido? Cada vez que te vas me visto de frÃo y me voy desnudando delante de los ojos que me quieran dar calor. Pero prefiero tus manos en mi cintura, tus dientes en mi cuello. Y me vas destrozando el alma, la fe y el amor. Otras veces me curaste con tus besos, con tu voz ronca de deseo, susurrándome que me piensas, que quieres traspasarme más allá de mi cuerpo, de mi espÃritu… que quieres marcarme con un sello que yo me lleve a los confines del tiempo. Y te cargo, guardo cada una de tus palabras, de tus miradas, de tus caricias, con cada fotograma de tu piel, de tu olor, de tu sabor; me da miedo sacarlas de mi alma, verlas al Sol, me da miedo que se me deshagan entre las manos, que se difuminen flotando en el aire, que desaparezcas para siempre con ellas.
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Yo no hablo sola: converso con la persona que mejor conozco. La más recurrente de nuestras discusiones es aquella en la que insistimos en la conveniencia de dejar de hablarnos. Después de mucho argumentar en uno y otro sentido, terminamos haciéndonos el vacÃo y leemos para no tener que escucharnos más.
Padezco numerosas neurosis que yo insisto en considerar particularidades. Una de ellas es el ansia por la limpieza que me entra una vez al mes, solo una vez al mes… el resto de los dÃas puedo convivir con el desorden más extremo y no tocar el cepillo por mucho que formen urbanizaciones las pelusas de mi casa. Coincide con los dÃas previos a la menstruación: otras se ponen de mala leche, a mà me entran ganas de hacerlo en cualquier parte y lo dejo todo impecable por si un dÃa termino en el suelo…
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