Archivo de la Categoría “pasión”
Con los primos se juega: a las cartas, a los legos, a los playmobil, al amor…
Se unen la necesidad de aprender y la curiosidad con la confianza: plena confianza porque el pecado es el mismo y el secreto está asegurado, y como dijo el Hijo del Hombre, “quien esté libre… que tire la primera piedra”. Es obligado el disimulo, el volver a empezar al salir del cuarto a oscuras donde los de fuera pensaban que se dormía una siesta. Primos cuando hay público, experimentadores de sentidos y sensaciones en privado.
Diferente es cometer el delito con otros años, porque ya está todo aprendido, no hay excusa, solo vicio. Diferente es jugar al amor con un amigo, aunque la piel tiemble igual de fisgona al traspasar lo que antes fueron caricias inocentes a un tacto cargado de intención. El problema deja de ser el ser descubiertos y pasa a ser la certidumbre de la posibilidad. Nada impide otros encuentros. Nada impide retomar los muerdos en el rincón donde fueron dados. Nada. Solo el miedo. Miedo a perder las miradas puras, asépticas, llenas de un querer recíproco e inmortal. Miedo a que se confundan los gestos, a que los ojos vean otras intenciones, a que las palabras y las sonrisas escondan un nuevo sentimiento, miedo a que surja una nueva necesidad de sentirlo al lado, miedo a que uno de los dos no sienta el cambio, miedo a que los dos quieran lo mismo y que con el tiempo los problemas se conviertan en problemas de pareja, porque ya no tienes al oído confidente de tu amigo para que te consuele y aconseje. Miedo a perder con la relación una amistad vieja e insustitutible.
Cuanto mayor nos hacemos más nos domina el miedo, puede que sea porque ya conocemos las pérdidas y los adioses, porque ya somos conscientes de lo que nos estamos jugando.
Aquí cada uno reacciona según su concepto de la muerte: puedo asomarme al abismo y lanzarme, saltar aun sabiendo que el suelo es el único que me abrazará al llegar… y cuando no lo tengo claro, pero el cuerpo responde, me sigo dejando llevar, aunque no me atreva a dar el primer beso, lo recibo. Puede que sea porque con el tiempo todos follamos sin escrúpulos cuando dejamos algún sueño a la deriva, puede que sea porque sobreviví a varios suicidios cuando era niña.
Y después de acercarnos, después de alejarnos, siempre queda la duda de si fue la decisión correcta el mantener las distancias de la proximidad. Y como no viniendo a cuento, como si la penitencia impuesta fuera realmente con otra falta, uno de los dos arranca a decir “nunca sabrá que sacrifiqué uno de los pocos sueños que me quedaban vivos, para redimirnos”.
2 Comentarios »
Me ha tocado esperar tanto tiempo, que en vez de volverme paciente me he vuelto una paranoica del paso del tiempo.
Tengo que esperar a junio del 2010 para volver a pasar por cuarta vez por lo mismo… y me aterra que cuando llegue ese momento mi vida siga igual que ahora, que siga inmersa en este estado de espera que arrastro desde hace una docena de años.
Me muerdo las ganas de incumplir mis propias reglas y recurrir a las palabras de los sabios del pasado, al oráculo de los arcanos negros. Me digo que ya es hora de hacer los cambios que me dicte el corazón incluso en el terreno donde el rey es la mente. Romper con mis reglas, dejar de pensar y empezar a vivir, aprender de los errores y de los aciertos. Aprender de las ganas que se acumulan en la piel, en los labios, en las entrañas.
Me hubiera gustado hoy hablar de amor, de pasiones inconclusas, incompletas por culpa de incordios con patas… Pero un miedo respetuoso me impide enfrentarme a esos ojos que yo deseaba que me vieran desnuda, a esa boca sonriente que yo necesitaba que le hablara despacio a mi cuerpo, recorriéndolo, a esas preciosas manos que quería que se multiplicaran en mi piel hasta hacerme sentir pequeña, frágil.
Necesito el infinito del océano o del horizonte eterno para no ahogarme en tantos sueños que no llegan a hacerse realidad.
No Hay Comentarios »
A finales de julio caminar por la calle a las dos de la tarde aunque corra la brisa transforma, y a veces, trastorna.
A mí se me barniza la piel de sudor, se me carda el pelo y termino recogiéndolo en una maraña de rizos con más pinta de nido que de moño. El calor no me obliga a disminuir la velocidad de mi trote así que acabo con la boca entreabierta como un gorrioncito suplicando aire.
Los norteños fruncen el ceño, rojos como sandías, y nos miran desconfiados a los morenos que somos capaces de desfilar bajo el sol inmisericorde. Resuenan lentamente en el asfalto abrasador los versos de Manuel Machado que recitan mis pisadas: “Yo, soy como las gentes que a mi tierra vinieron / -soy de la raza mora, vieja amiga del Sol-” y levanto la cabeza con orgullo de que galope en mis venas una sangre superior, fruto de años, de siglos de mestizaje.
No Hay Comentarios »
Mi primer hogar fue aquel hostal que buscaste la noche que nos conocimos.
Nunca me he sentido tan a gusto, tan segura como en la hoguera que creamos con nuestros cuerpos, el templo donde hablaba con Dios en un idioma nuevo para mí y viejo para el mundo.
Puede que a eso se refieran cuando dicen que el amor es ciego, puede que el amor nos vuelva un poco quijotes a todos y confundamos posadas con castillos.
No Hay Comentarios »
Escribir era para mí una terapia. Siempre me curó de lo que me atormentaba, obsesionaba o apasionaba. En cuanto les daba el sol a mis palabras me libraba de la carga: si no las hacía públicas se me iban pudriendo con la esperanza, la ilusión, la alegría…
Solo sé escribir de dos formas: disfrazando la realidad con cuentos o desahogándome con lírica. Pero esta vez, escribir me ha herido; por primera vez, me he sentido vulnerable. Ahora intento que explicar este miedo me alivie el dolor que provocó la situación, la decisión, la redacción del Silencio…
Silencio.
Ausencia de tus palabras.
Vergüenza.
Te culpo.
Lo pasas mal, eso está claro. Pero no sé por qué, por quién.
Necesitas aclararte, tomar una decisión. Pero no diriges a mí tus ojos, ni tu voz ¿Piensas en mí? ¿Lo haces con una sonrisa o con el ceño fruncido? Cada vez que te vas me visto de frío y me voy desnudando delante de los ojos que me quieran dar calor. Pero prefiero tus manos en mi cintura, tus dientes en mi cuello. Y me vas destrozando el alma, la fe y el amor. Otras veces me curaste con tus besos, con tu voz ronca de deseo, susurrándome que me piensas, que quieres traspasarme más allá de mi cuerpo, de mi espíritu… que quieres marcarme con un sello que yo me lleve a los confines del tiempo. Y te cargo, guardo cada una de tus palabras, de tus miradas, de tus caricias, con cada fotograma de tu piel, de tu olor, de tu sabor; me da miedo sacarlas de mi alma, verlas al Sol, me da miedo que se me deshagan entre las manos, que se difuminen flotando en el aire, que desaparezcas para siempre con ellas.
No Hay Comentarios »
Sufro un tipo moderno de síndrome de Cronos: canibalismo, antropofagia de los hijos que aún no he tenido. Me alimento de los hermanos de quien algún día se alimentará de mí.
Lo pienso mientras te devoro, mientras me agarro a ti sedienta. Mientras haces vibrar mis entrañas con tus dedos, haciendo resonar mi alma por todo tu cuerpo.
Mis labios se sonrojan acarminados: hechos canción y palpitando sangre. Aumenta el ritmo de nuestros latidos, sé que te rendirás pronto y me enternezco para recibirte, para nutrirme de ti.
Morimos y la vida nos invita a renacer, tiritamos de calor, estrenamos la piel y solo me apetece quedarme dormida abrazándote con mi boca, o con mis brazos…
6 Comentarios »
|