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Archivo de la Categoría “Religión”


Hubo un tiempo en el que desaprendí a llorar. Fue después de la despedida más dolorosa, por el absurdo sin sentido en el que se vio envuelta. A una de mis hermanas le dio por desaprender a reír. A mí se me secaron las lágrimas y a ella las sonrisas. Nos vimos empapadas, desde lugares opuestos, de la misma melancolía y mirada de viejo desesperanzado. Ella que era la muñequita alegre se tornó silenciosa, yo que era la muñequita tenebrosa me volví aséptica.

Pero aprendimos a curarnos, primero de forma sutil, tímida y por último una noche de verano de 1997 ella rompió a reír y yo a llorar. De felicidad las dos, obvio, de tranquilidad y esperanza porque floreció un clavel en mis manos, metáfora para ella, realidad para mí. Descubrimos que las despedidas no existen, que solo hay que esperar el momento del reencuentro. Cuando entre las personas existe un amor profundo, admiración verdadera y empatía, ni si quiera la muerte es capaz de romper ese vínculo. Es una verdad que intuíamos, que nos habían contado, pero aquella noche la sentimos desde nuestra piel hasta las entrañas de nuestra alma.

Y de vez en cuando, las fronteras de la vida abren sus puertas y se pasean nuestros seres amados para echar un vistazo a la vida que quedaron en el mundo. Y nos besan y nos hablan, pero con besos sin tacto y con un lenguaje sin palabras, puro sentimiento, pura esencia… Llamadme platónica, pero existe una realidad sin forma, si sois capaces de aprehenderla seréis capaces de comunicaros con los muertos.

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Mi primer hogar fue aquel hostal que buscaste la noche que nos conocimos.

Nunca me he sentido tan a gusto, tan segura como en la hoguera que creamos con nuestros cuerpos, el templo donde hablaba con Dios en un idioma nuevo para mí y viejo para el mundo.

Puede que a eso se refieran cuando dicen que el amor es ciego, puede que el amor nos vuelva un poco quijotes a todos y confundamos posadas con castillos.

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SSS o Semana Santa Sevillana… Mi experiencia como novata extremeña.

Cinco cosas imprescindibles que llevar a la SSS y ser un buen proyecto de capillita:

1- Radio con cascos para escuchar los retrasos de las salidas de las cofradías, los atascos en determinadas calles, etc ¿Para qué? Pues para ganarle tiempo al tiempo y no tener que perder horas y horas de pie esperando y así ahorrarte el resto de las cosas imprescindibles…

2- Zapatos cómodos para patearte Sevilla de arriba a abajo… que ríete tú de que es planita y no hay cuestas, que después de doce horas andando por el empedreao del centro llega un punto en el que los tacones altos y finos es una tortura que ya hubiera querido la Santísima Inquisición.

3- Cartas (la baraja española, la francesa o los magics, aunque lo mismo era cuestión de sacarte unas perritas con las del tarot al pie de la catedral y robarle clientela a las regalaromero), la psp, dvd, cómics, novela de bolsillo, el risk, el trivial o cualquier otro entretenimiento portatil para hacer tiempo mientras pasan los miles de nazarenos ante cada paso y los miles de penitentes tras cada paso y sin los que no se puede dar paso al siguiente paso (y repito paso para hacerlo pesado y contagiar de tedio, como en el que te sumes con tanta espera).

4- Algo para beber, en botellitas pequeñas, que las grandes pesan y luego hay que sumar al dolor de pies y riñones el de hombro y cuello… y ya bastante penitencia se sufre de cintura para abajo. En la elección de la bebida que cada cual escoja lo que más le guste, que luego verá botellas de vodka por el suelo, fino, cerveza, tinto… yo recomiendo algo que sea poco diurético, que luego da grimilla y mareo pasar por ciertas calles secundarias y cercanas a la carrera oficial…

5- Buena compañía. Preferiblemente alguien de Historia del Arte que sepa explicarte la historia de cada hermandad, de cada obra de arte hecha escultura, de cada palio, de cada manto… pero si no se puede pues alguien con arte que te haga entretenida la espera y los viajes de un lado para otro y que tenga sentido del humor para aceptar las miserias que comulgan con lo sublime de la Semana Santa Sevillana.

Y todo para ver, para vivir al menos una vez en la vida una Semana Santa especial, la de Sevilla, la de los sevillanos… que son capaces de aguantar bulla por ver un paso que ven cada año… que son los que la hacen posible, creando bulla, calor, color, música… Que conocen detalles que transmiten como herencias mágicas y frágiles como pompas de jabón: aunque todo el mundo las conozca las convierten en únicas. Que son capaces de llorar ante una imagen o ante la lluvia y a la vez son incapaces de dejar de comer pipas mientras pasan ante ellos.

La Semana Santa de mi niñez se parecía a un funeral, la de Sevilla se parece a una boda: está llena de gritos de “guapa” a una mujer vestida de reina, de olor a incienso y azahar. Es la fusión entre lo árabe y lo cristiano mientras se adora la imagen de un judío que pasea sobre los hombros de hombres que en su día a día usan el nombre de Dios en vano y solo santifican estas fiestas.

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