De cómo la abuela viajó en taxi de Plasencia a Mérida para ver a Extremoduro. Capítulo 2
Escrito por: Mani Caldito en Música, Pecados, familia, neurosisSinfonía en 5 cantos. Canto II
¿Por dónde iba?
Eso, exacto, oí una voz… miré hacia abajo… y me encontré a un vecino de puntillas, junto a la rampa.
“Que si tienes llaves” me preguntó. “Sí, pero me parece que no me vale ninguna. Voy a probar desde fuera”. Coloqué de nuevo el coche en mi plaza, subí con el vecino a la puerta de la calle de la cochera. No iba nada: ni llaves, ni mando, ni patadas, ni amenazas, ni maldiciones susurradas… NADA.
Empezamos a hablar de todos los problemas que había dado a lo largo del curso la puerta. Decidimos subir a hablar con la presidenta de la comunidad pero nadie abría… mal momento para llamar de puerta en puerta, todo el mundo de vacaciones, parecía Belén cuando María iba arrastrando su embarazo. Cada vez estaba más desesperada, pero al menos no estaba sola. No obtuvimos respuesta de ninguna casa, así que optamos por esperar en el portal a ver si algún vecino llegaba. Cuando pasaron unos ochenta minutos y yo ya era consciente de que no iba a llegar a Mérida a la hora que había quedado llamé a Irene. Ahí parecía que aún podía ocurrir un milagro como el que sucedería una semana después, pero está claro que la suerte se sirve en tacitas y el destino había decidido escanciarme esa copa para otros menesteres. Estoy convencida de que se lo tomó a broma, incluso que era un excusa porque me había entretenido y no me daba tiempo a llegar.
Al rato mi compañero de espera, se fue al trabajo, no sin antes consolarme con su mal: “Mañana me voy a la playa que me están esperando los niños, espero poder irme”, sus palabras tomaron forma y reverberaron en alguna parte de mi sistema de alerta, pero sabiamente, mi cerebro las guardó y solo las volvió a sacar justo antes del milagro que os acabo de mencionar… síiii… que síiii… que ya os lo contaré… vamos por partes que si no no termino con esto nunca…
No creo que estuviera ni medio minuto allí sola… volví a la ruta de las puertas, a llamar cada vez con menos paciencia y más desconsuelo. Sin respuesta. Volví a la cochera. Empezaron las lágrimas a amontonarse en mis ojos impidiendo el flujo normal del aire. Me iba a dar un ataque de ansiedad. Tanto tiempo esperando el concierto, consolándome con el concierto, era solo un concierto sí, pero cuanto más difícil me parecía que pudiera sacar de allí el coche más ganas tenía de ir, como si me fuera la vida en ello, como si pudiera pasar algo que cambiara el resto de mis días. Subía y bajaba la rampa… Miraba el polito blanco… Pensaba en el accidente, en el Xsarita, en la rueda de la fortuna sin parar de moverse como un molinillo de aire en medio de la corriente, sentí vértigo. Y me consolé en mi hermana Pilar. Estuvimos hablando por el móvil, a mí se me salía el alma por la garganta. “Nena, llama a un cerrajero”. Algo tan simple…
Y la nena, subió a su casa, cogió las páginas blancas, volvió a bajar al refugio de la puerta, con más esperanza que fe, por si se enternecía con mi queja y se abría, al modo que acostumbraban las rocas del locus amoenus de las églogas de Garcilaso. Llamé al cerrajero y me estuvo calentando la oreja mientras me decía sin interés que tenía que esperarme a que llegara su jefe, después si el jefe no tenía nada pendiente iría a mi garaje, después haría un diagnóstico, más tarde un presupuesto, una vez que se lo aprobara la comunidad y dependiendo de la urgencia de la situación, se pondría a arreglarlo. “¿Cuánto tiempo crees que pude pasar hasta ese punto?” Se echó a reír y me dijo que no creía que ni para esa noche… Yo, en ese momento, con la dirección de su trabajo en una mano, no sabía si ir para allá y abofetearlo, si echarme a llorar o qué demonios hacer… “Vamos, que me puedo buscar la vida, que el coche se queda aquí, ¿no?” “Más o menos” y volvió a echarse a reír. Se me cayeron las defensas y la cordura a los pies y yo empecé a reírme también. Llamé a la estación de autobuses… llegaría sobre las 10 y media, demasiado tarde… a la estación de tren (hasta las 10 y media no salía… a las diez y media estaría el Robe cantando Decidí por lo menos). Empecé a tararear la canción “hoy lloré, se me habrá metido un poco de arena…” Volví a llamar a vuestra tía abuela.
- Estoy por cogerme un taxi… pero veremos a ver la broma por lo que me va a salir… Pero solo de pensar en quedarme esta noche aquí sabiendo que…
- Mani, tú quieres ir al concierto, ¿no? Pues ya está (no esperó ni a que asintiera) te coges el taxi y punto, lo que cueste costó, tienes el dinero y tienes las ganas.
Y me fui volando al maletero, cogí los bártulos, subí a saltos las escaleras, salí del portal y llamé al centro de taxis de Plasencia.
- ¿Oiga? Dos preguntas, mejor tres… La primera: ¿Me puede llevar hasta Mérida? ¿Sí? ¿De verdad? Esas dos últimas no cuentan como preguntas, ¿vale? ni esta… La segunda y la tercera: por cuánto me va a salir la broma y si admiten tarjetas de crédito…
Continuará :P


















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2 Septiembre 2008 a las 8:42 pm
ME ENCANTAS!!!!
consigues emocionar y engatusar a cualquiera!!!!
ERES LA MEJOR :)
TE AMO
2 Septiembre 2008 a las 8:45 pm
yo sí que te amo a ti, mi guardián, mi protectora. no sería quien soy sin todo el amor que me has dado. a ver cómo hago para devolvértelo todo, no hay días en el universo…
4 Septiembre 2008 a las 12:27 am
quizás fue el destino quien quiso para ti un momento de amargura para recompensarte posiblemente después, con la mayor de las dulzuras.
Son los avatares de esta vida, perra y angustiosa y a la vez tan reconfortante e irónica.
tan sólo hay que sobreponerse a ese momento ingrato y descubrir que tras la oscura y fria noche, vuelve un día cálido y luminoso.
un te de jazmín, un cd de jack johnson buscando ese sonido que necesitas, búscalo en la pista de better together y deja que se pierda la mirada buscando quizás una estrella que ilumine ese ensortijado cabello de ébano que hace que tu mirada destaque entre las demás.
4 Septiembre 2008 a las 3:45 pm
Mondador, estoy totalmente convencida de eso, de que el destino me ha compensado después por los pequeños tragos amargos, y lo ha hecho siempre, desde que recuerdo. De hecho, en el canto III o en el IV haré una alusión a esa bendición y ya tengo hasta la canción decidida :D
Me voy a poner ahora a redactarlo escuchando esa pedazo de canción de la que hablas, pero primero me voy a hacer un té de jazmín (made in Granada).
Gracias por los comentarios, guapo.