“Dos leguas de Granada, entre Levante y Norte, falda de la pelada sierra que llaman Cuesta Blanca, en una hermosa llanura bañada de las aguas del dorado Dauro que cerca nace, tiene su asiento la villa de Guetor conomento de Santillana; abundante de todo lo necesario para su sustento, con buena cria de seda y extremada caza. Habitanla más de cien vecinos en una parroquia, diocesis de Granada. Su fundación de moros, de quien la ganaron los Católicos Reyes año de mil cuatrocientos y noventa; es de señorio que han gozado caballeros de la casa de Córdoba: su último poseedor don Iñigo Fernandez de Córdoba; hoy poseida de don Juan de Granada Venegas tercero Marqués de Campo Rey Conde de Miravalles, que pone en ella su gobernador, Alcaldes ordinarios y regidores añales y Alcalde de la Hermandad.”
Anales de Granada, Francisco Henríquez de Jorquera

Huétor Santillán se ha adaptado a su progresiva ´”pérdida” de importancia. Desde siempre gozó de una fama envidiable, hecho que no sólo muestran los nombres que nos da Henríquez de Jorquera sino también sus poseedores anteriores, entre los que podemos citar a la mismísima madre de Boabdil, la reina Fátima, para después estar al amparo de Hernando de Zafra, secretario de Isabel la Católica. En tiempos no excesivamente lejanos era casi una parada obligatoria en el camino hacia Guadix, cuando las las “carreteras secundarias” nos llevaban a todos los rincones del mundo; allí era un muy buen lugar para tal vez desayunar, comer, tomarse una simple cerveza o para hacer alguna compra. Posiblemente esa tradición comercial la conserve todavía porque es impresionante el número de comercios que allí podemos encontrar; una de las cosas que llamará la atención del visitante es que, si bien no es un pueblo grande, está completamente lleno de distintos negocios.
Hay un constante trasiego de gente, no numerosa pero sí un “chorreo” de personas que sale a hacer sus compras, tomarse un café o simplemente dar un paseo en busca de tranquilidad, porque si algo hay en Huétor Santillán es eso, tranquilidad. En cada rincón se respira una paz envidiable, incluso en los más transitados. Es como si existiera una burbuja que impidiese entrar cualquier desorden; es un pueblo que parece perfectamente engranado y que cada uno tiene su labor comunitaria. Si de Jayena dije que en una de las zonas había mucha suciedad, aquí me encontré a algunos de sus habitantes limpiando el trozo de calle que les “pertenece”.
Huétor Santillán es un pueblo fácil de recorrer; si llegamos por la Carretera de Murcia, a partir de la Plaza de la Fortaleza podremos ir llegando a cada rincón sin prácticamente riesgo de perdernos, o bien, desde la Plaza de la Constitución, donde se encuentra el Ayuntamiento y la Iglesia de la Encarnación, ir entrando en cualquiera de sus estrechas calles que nos conducirán de nuevo a dicha plaza.

Hoy, 20 de Enero, es un buen día para hacerle una visita pues celebra sus fiestas patronales, en honor a San Sebastían (y según rezaba una cartel con la participación de Fórmula IV).
Es un lugar perfecto para que se alojen los que quieran visitar incluso Granada. Su cercanía con la capital, unos doce kilómetros, le abre un amplio abanico al turista que puede gozar de la calidad monumentística de la capital junto con el placer del Parque Natural de la Sierra de Huétor.

Justo en la entrada nos encontramos con la Ermita de Nuestra Señora de los Dolores, del siglo XVI

y junto a la Plaza de la Constitución la Iglesia de la Encarnación, ambas del siglo XVI y que sufrieron daños importantes durante la sublevación de los moriscos ese mismo siglo lo que hizo necesario reconstruirlas.

La Iglesia de la Encarnación sufrió varios retoques, no sólo en el XVII sino también en el XVIII, cuando se reparó la armadura mudéjar.
Sin duda me ha sorprendido este lugar; no solo recomiendo su visita y un paseo por su entorno sino que, a todos aquellos que puedan y quieran, les sugiero que suban a sus fiestas hoy porque no tengo la más mínima duda de que disfrutarán. Pena que a mi no me saque nadie a pasear.