Archivo de Febrero 2008
Anoche escuché en Hora 25 de la Cadena Ser, una entrevista al Señor Durán i Lleida, Presidente de Unió Democràtica de Catalunya y candidato al Congreso de los Diputados de CiU. Daba por claro ganador para el próximo 9-M al PSOE, sin ocultarlo de ninguna forma, abiertamente. No sé si formará parte de la estrategia política de CiU para tratar de colarse en el Gobierno, no sé si es más un deseo que una convicción para que no gane el PP y su marcada posición anticatalanista de la última legislatura y evitar la legislatura horribilis que el catalanismo aventura si esto ocurriera. Durán decía que no pedirán como condición previa para pactar o formar gobierno con el PSOE (insisto, aparentemente, en CiU no contemplan otro escenario) pedir para ellos la presidencia de la Generalitat, que frente a tripartitos de dudosa capacidad de ejecución han perdido dos veces consecutivas y creen legítima para ellos. Aún así, hoy una encuesta publicada por telecinco otorga una posible mayoría absoluta al Partido Socialista, lo cual tendría que hacer olvidarse de sus aspiraciones a los partidos llave, con poca representación parlamentaria pero una importancia vital en el desarrollo de cualquier legislatura, en un sistema parlamentario como el nuestro.
Por otra parte, ayer, la Vicepresidenta de La Vega fue increpada por un grupo de estudiantes en la Universidad de Valencia al grito en valenciano de “Políticos fuera de la Universidad”. También es cierto que inmediatamente la reacción de otros cuantos estudiantes fue la de gritar el apellido de la Ministra en señal de apoyo. Pero si bien está bien que cualquier colectivo muestre sus discrepancias con nuestros políticos, los hechos que se están produciendo durante esta legislatura, que impiden que políticos, de todos los colores y signos, puedan expresarse en determinadas universidades, no es normalidad política. Hay que dejar hablar y luego protestar. No tenemos más que acordarnos de hechos recientes con cargos populares, con la candidata de UPyD Rosa Díez, o remontarnos más atrás para ver cómo políticos “jubilados” como Santiago Carrillo, han tenido que retirarse de comparecencias ya convocadas.
Por otro lado, hoy he votado por correo. Por motivos familiares estoy empadronado en Las Palmas, por lo que pertenezco a dicha circunscripción electoral. Es asombroso ver la cantidad de partidos minoritarísimos que hay en según qué provincias. Eso es lo bonito del voto por correo, que recibes en tu casa un muestrario de todas las listas de partidos en los que ni te fijarías en una cabina de un colegio electoral. Si os encontráis fuera de vuestro domicilio, o no podréis acudir a votar el próximo 9 de Marzo os aconsejo que lo hagáis por correo, que hasta mañana tenéis ocasión de solicitarlo (hasta el viernes en Andalucía por ser festivo mañana).
Si queréis más información, aquí tenéis un enlace a la explicación del procedimiento para ejercer el voto por correo desde el Ministerio del Interior. Es un poco pesado tener que ir dos veces a la oficina de correos, pero un voto cuenta. Todos los votos cuentan.
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Necesitaba un libro técnico muy concreto, de esos que no están en las estanterías de las grandes librerías. Y aparecí allí, en mitad de un castizo barrio de Madrid, con calles cuyos nombres te hacían sonreír. Con la pequeña iglesia enfrente de la tienda de ultramarinos que aún no había comprado ningún chino. Era una pequeña librería, pero ya sabía de antemano que tenían mi libro. La dependienta, amable, tardó bastante tiempo en buscármelo, porque además de ser un libro desconocido, apenas mide lo que un programa de semana santa y no llega a las cien páginas.
Mientras subía y bajaba con ayuda de una escalera por los estantes, me dio tiempo a observar minuciosamente el local. Vi la hoja de petición de firmas que tenían sobre el mostrador para salvar el Kiosco de la Mari, que el ayuntamiento había quitado semanas antes, sin previo aviso, del pequeño parque que observé antes de entrar, separando la iglesia de la tienda de ultramarinos. Vi entrar a una castiza señora madrileña acompañada de otra joven colombiana, mientras hablaban sobre cómo les iban a su respectivos nieto e hijo en el colegio (que está al lado de la iglesia). Esperaron pacientemente para hacer unas fotocopias mientras la dependienta revolvía literalmente media tienda para buscar mi manual técnico.
Vi entrar a… iba a poner cualquier eufemismo, pero llamemos las cosas por su nombre, a un borracho, pero borracho de los que duermen en parque y piden en la puerta de la iglesia, con una lata (reglamentaria) de Mahou de medio litro abierta. Al entrar las dos mujeres apretaron con fuerza sus bolsos. Y en el momento justo, en el que llevándose la mano al bolsillo, parecía que ese hombre eufemísticamente desaliñado, iba a pronunciar algo parecido a ‘la pasta o la vida’ mientras sacaba una navaja… Justo en ese momento, sacó unas monedas del bolsillo y dijo con voz temblorosa:
-Perdona, ¿tienes la Biblia?
-Sí.
-Es que quiero el Nuevo Testamento.
-Sólo tengo ediciones en las que vienen los dos.
-Ya, ya entiendo. ¿Y cuanto cuestan? (Mirando la mano en donde resonaba la calderilla)
-Pues ahora te digo, que estoy atendiendo a este chico.
El borracho esperó paciéntemente, tambaleándose, pero paciéntemente, tras las dos mujeres. Minutos más tarde salí de la librería, con mi pequeño libro. Él, supongo, saldría poco después con su adquisición más valiosa de la semana.
Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.
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Era demasiado pequeño como para haberlos tenido en consideración, como para haber comprendido el gran revuelo que generaron y la importancia que tenían. Y eso que con mis “escasos” seis años bastante avanzados en el camino hacia los siete, me gustaba decirle a mi padre, tumbado en la cama antes de acostarme, ‘vamos a hablar de política, porfa, un ratito más’, y en los autobuses de las excursiones del colegio me dedicaba a imitar al entonces Presidente del Gobierno mientras un compañero hacía lo propio con el candidato a la presidencia del Partido Popular.
Me refiero obviamente a los debates pre-electorales de 1993 entre González y Aznar.
Por eso, por el interés que despierta la vida política en mí unido a la ausencia de debates electorales en el resto de nuestra democracia, esperaba el debate de anoche con cierta ansia. Aunque sinceramente, he de decir que los primeros minutos de visionado me defraudaron bastante, no por el contenido, ni las formas, ni la mal anudada corbata de Zapatero (aunque quizá lo del nudo hacia la izquierda no fuera un error… ¡vete tú a saber los sesudos análisis que podrán sacar de eso!), ni todas esas cosas que hoy todos los periódicos y radios comentan. Me defraudó porque me di cuenta de que en realidad no estaba viendo más que un resumen de las sesiones parlamentarias de control al Gobierno, aunque paradójicamente (para lo que nos tiene acostumbrado la televisión rosa y amarilla de estos días), mucho más sobria que cualquier sesión parlamentaria, porque no veíamos tras los candidatos los gestos torcidos de los demás parlamentarios, las siestecitas de algunos Ministros, ni escuchábamos los voceríos gritos de los diputados exacerbando el discurso del líder de su partido, abucheando los del rival.
Pero ojo, no por ello digo que no sea importante realizar este tipo de debates, sino que debemos llevarlos, la Sociedad, en mayúsculas, a un plano de normalidad, de cotidianeidad (los candidatos demócratas a la presidencia de Estados Unidos llevan dieciséis cara a cara celebrados a día de hoy, tan solo en unas primarias). Igual que deberíamos llevar el ’saber estar’ en el Congreso, a los Señores Diputados… pero ese, es otro tema.
Sobre el debate en sí, no voy a opinar demasiado, porque seguramente a estas horas ya estaréis saturados de sesudos análisis de periodistas, políticos, analistas financieros y pescaderas de vuestra esquina. Sí diré que los tres últimos minutos de cierre esperaba que los candidatos lo usaran para algo más que para leer un discurso preparado, dando igual en qué dirección evolucionara el diálogo. Diré que al Señor Rajoy deberían enseñarle a leer sin que lo pareciera y sin que aburriera, por no mencionar esos cierres del ojo derecho que hacían parecer que le iba a dar un patatus en el sitio. Y que deberían escribirle mejores discursos que el de una especie de carta a los Reyes Magos sobre una niña (el hecho de que fuera niña era la única forma de meter con calzador un guiño a las mujeres en toda una noche en las que estuvieron ausentes de la dialéctica). Diré que Zapatero ha mostrado claramente ser mejor orador y eso que no lo era en sus inicios como candidato Socialista. Zapatero supo enseñar anoche bien todos los avances en materia social de la legislatura, aunque Mariano Rajoy hizo bien en rebatirle todo aquello referente a vivienda, porque aunque el problema venga de legislaturas anteriores, es cierto que la creación de un Ministerio de Vivienda generó muchas expectativas que no se han materializado más que en pequeñas políticas al final de legislatura y gracias a un cambio (buen cambio, creo yo) en la titular de su cartera por la flamante Ministra Chacón.
El lunes que viene tenemos ‘el partido de vuelta’, ‘el segundo round’ y también lo comentaré, así como todos estos días os hablaré sobre todo aquello que considere relevante de la campaña.
Buenas noches y buena suerte.
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Coincidiendo con el cambio de cuatrimestre universitario, me descargué de internet unos cuantos libros que me hacen falta para afrontar las nuevas asignaturas. En total alrededor de unas 2.400 páginas que le habrían hecho suicidarse a mi impresora antes de ni tan siquiera pulsar el botón de imprimir, por lo que llevé todos los pdf en un pen-drive de mi compañera de piso (este dato ese importante a la postre) a una copistería que hay en el barrio, aunque en realidad está, si este término se puede usar para referirse a un barrio, en la periferia del barrio.
Yo tenía ya hecho un cálculo de sobre cuanto me podría salir la broma, en base a un coste de impresión de 3 céntimos por folio… pero la amable mujer que lleva la copistería me pilló en un momento en el que tenía prisa, de camino a entrenar, y me dijo 5 céntimos lo cual yo acepté porque 3 céntimos de euro son 5 pesetas… ¡maldita mente distraída!. En fin, luego me he enterado que en realidad para ser Madrid no es un precio tan caro. La mujer no me pidió nada a cambio, ninguna señal ni nada así, tan solo se quedó con el pen-drive (aunque en el momento no entendí por qué no podía copiarse los archivos a su disco duro sin más).
Ha tardado unos 3 días laborables en imprimirme todo. Ella me iba llamando al móvil desde que tenía un libro completo, yo iba a recogerlo, le decía que si le pagaba algo y ya ella me decía que no. Pero claro, la tentación vino cuando solo quedaba un libro por imprimir… ¿Y si no voy a buscarlo? Al fin y al cabo ella solo tiene de mi un número de teléfono y un pen-drive de 512 mb de mi compañera de piso… y yo estimaba que tendría que pagarle unos 120 euros, que para un estudiante como yo, son muchos euros. E imprimir el libro que me faltaba no me hubiera costado más de 15 euros en otro lado. Y a mi compañera de piso le hubiera comprado otro pen-drive de muchos más megas por unos pocos euros más…
Bien, no caí en la tentación del crimen perfecto (porque en realidad, era un crimen perfecto) y recogí el último libro, pagué mis deudas con un margen de error de solamente medio euro sobre mis cálculos y la señora me justificó sus tarifas comparándomelas con la de otras tiendas de fotocopias. Pero en realidad, yo ya había robado esos libros, estaba violando los derechos de autor al fotocopiarlos en vez de comprarlos. Y ella era cómplice. Entonces, puestos a delinquir, ¿por qué no rematé mi delito? ¿Qué es lo que nos impulsa a no robar? ¿Las leyes? ¿La conciencia? ¿O en este caso no fue más que el sentimiento de cercanía? ¿El sentimiento de barrio?
O tal vez sea la cuantía… si en las mismas circunstancias te dicen que puedes robar de un banco 2 millones de euros, probablemente los robarías. Sabiendo que vas a quedar totalmente impune. Aunque ahí también influye supongo el sentimiento de cercanía… tal vez al joyero que tienes debajo de casa, no se te ocurriría robarle 2 millones de euros.
¿Qué opináis? ¿Debí robar el dinero de las fotocopias? ¿Robaríais a un banco aprovechándoos de un error de seguridad? ¿Si el cajero de tu sucursal te da 600 euros en vez de los 60 que pediste se lo dirías a la oficina? Me parece, que debo apostar a que no… luego… todo trata sobre si las relaciones son personales o impersonales.
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Ayer, durante una conversación de esas intrascendentes que se tienen por internet, pero que son capaces de ponerte una sonrisa en el rostro, iluminándolo más que el faro de xenón más potente del BMW más flamante, una muy buena amiga me envió este dibujo:

El qué describía el dibujo o la conversación que inspiró ese dibujo no importa, aunque para los más curiosos os diré que se supone que es un camión de fresones destrozado por nuestros amigos franceses (un saludo a mi amigo Luis, que sé que me suele leer y que está “sufriendo” de Orgasmus en tierras galas).
Ella suele hacerme bastantes dibujos cuando estamos con nuestras tonterías, con nuestras conversaciones vanales, que son las que importan realmente. Yo trato de devolvérselos, pero la verdad sea dicha, no nací para dibujar. Probablemente, tampoco para escribir. Pero lo que quiero decir es que me fascina cuando dibuja para mí, me fascina cómo con tan sólo un par de trazos, un par de golpes de ratón (o de bolígrafo si es que ese día tengo la suerte de tenerla cerca), es capaz de expresar mucho más de lo que dicen las palabras. Es capaz de expresar, seguramente sin ni tan siquiera ella darse cuenta, toda la ternura e ingenuidad que ella desprende a cada instante. Al fin y al cabo, las obras pictóricas son las causantes de la mayoría de los síndromes de Stendhal; al fin y al cabo, en Atapuerca lo que hay son dibujos y no largos y emotivos poemas cargados de rimas consonantes.
Ese dibujo del camión con su fruta, que desborda dinamismo mientras explota como un cohete de fuegos artificiales, me hizo recordar un episodio que me ocurrió en un restaurante de los que tienen doscientosmil galardones, probablemente alguna estrella michelín, en el que me encontraba yo tomando una caña y algunas tapas en la barra. En dicha barra había un papelote arrugado. Nadie le hacía caso, estaba ahí, al final del mostrador, tratando de pasar desapercibido entre las servilletas de papel.
Pero yo me fijé y el papel contenía un dibujo, realizado a base de garabatos, claramente realizado por un niño, aunque tal y como dibujo, como ya os digo, podría haber sido dibujado por otro patoso como yo. Pero no, en el dibujo había una casa que estaba pintada como característicamente la pintan los niños. Un Sol radiante, radiante tal y como lo dibujan los niños, con sus largos rayos concéntricos. Y delante, una familia, probablemente la del niño junto a unas palabras que no alcancé a poder leer. Además, estábamos en Navidad, lo que hacía que toda esa escena fuera mucho más tierna.
Pero toda esa dulzura, todo ese momento emotivo de película americana pastelosa, fue a dar al traste cuando el camarero, perfectamente uniformado y repeinado, al pasar su impoluta bayeta por el mármol de la barra, se topó con el dibujo. Lo cogió, lo extendió para verlo en toda su plenitud y justo, justo en el instante en que creía que su corazón estaría tierno como una patata asada y guardaría el folio en un cajón del restaurante con la esperanza de que su autor volviera a por él, justo cuando la lagrimilla estaba apunto de saltar, el camarero, que estaría harto de su jornada de quince horas de trabajo, lo despedazó, disfrutando de la separación de cada partícula del papel. Regocijándose en el ruido del papel, regocijándose en el dolor como quien por fin ha logrado su venganza.
Y es que tal vez no sea compatible vivir la realidad y seguir dibujando. Vivir la realidad y seguir soñando. Por eso yo, sin duda, aún sabiendo que no sé dibujar y probablemente tampoco soñar, sigo haciéndolo cada día, aspirando a que no hagan añicos mis dibujos, mis ilusiones.
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Simplemente quería pediros disculpas a los pocos, pero fieles lectores que tengo, por la dejadez de los últimos días… ha sido culpa del estrés provocado por el periodo de exámenes primero, y después por culpa del estrés provocado por el periodo tras acabarlos y lo que ello implica (que aparte de fiesta, supone el tener que prerarar el segundo cuatrimestre). Tras este paréntesis prometo volver a mi ritmo habitual de actualización (que no es otro, que ‘cuando me sale de…’)
Gracias.
P.D.: Para los malpensados… Cuando me sale de los dedos, que es con lo que escribo.
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