Vivo en una gran ciudad. Es más, vivo en Madrid. Seguramente sea uno de los sitios de aquello que conocemos como occidente donde más agresivamente se conduzca. Hoy llovía y lo hacía a cántaros. (Siempre me he imaginado al usar esta expresión, no sé por qué, un grupo de lecheras vestidas como la de la famosa marca de leche condensada vertiendo litros y litros de leche procedente de sus cántaros desde grandes aviones … que sí, prometo que de esta semana no pasa lo de mi visita al psiquiatra, ¡lo prometo!) Cuando llueve el tráfico se complica muchísimo y los conductores se ponen muy nerviosos, lo cual les convierte en más voraces al volante, más agresivos.
Yo soy un peatón agresivo declarado. No me gusta tener que esperar delante de unas líneas pintadas de blanco a que un muñecajo de verde haciendo que camina me deje pasar. Si puedo ahorrarme andar veinte metros para llegar a un paso de cebra, me lo ahorraré. Pero no soy un suicida, aunque vaya siempre con mis auriculares deambulando de un lado a otro de la ciudad. Tengo una especie de protocolo del peatón agresivo, inventado por mí, que sigo muy cautelosamente. Miro varias veces a un lado y a otro antes de cruzar (y mientras cruzo) por sitios prohibidos, me fijo en el color del semáforo de los coches varias veces, me sé el turno de los semáforos de mi barrio y la correlación entre ellos al dedillo. Si alguien cruza mal por el sitio que yo quiero hacerlo, me pongo detrás de él, usándolo como una especie de escudo humano.
Nunca uso paraguas. Me gusta la sensación de la lluvia en mi cara, me gusta tener la música puesta en el ipod a todo trapo mientras cae una ráfaga de agua vertical sobre mi cabeza. Me da sensación de libertad y esa sensación me convierte en un peatón más agresivo aún, asumiendo incluso el riesgo de poder tener un resbalón en el cruce, lo cual me hace efectuar cada paso de una manera más intensa, exprimiendo gota a gota esa libertad.
Lo peor de todo es que sé que cuando sea un conductor (y si lo soy en esta ciudad lo seré de los más agresivos), odiaré con todas mis fuerzas a esos peatones locos y desearé que los atropellen. Es lo que tiene estar a un lado u otro del volante, es lo que tiene estar a un lado u otro de la barra de bar, es lo que tiene estar a un lado u otro del estrado, del altar o de la caña de pescar.














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