Vacaciones de verano
Escrito por: Sebas L. en Emociones, Explosions in the sky, Tensión sexualEmpezar a escribir estas líneas me evoca esta canción de Explosions in the Sky, Your Hand in Mine. Te recomiendo escucharla mientras que me lees, a ser posible con un volumen relativamente alto.
En realidad ni siquiera me recuerda a la canción, supongo que lo más que hacen determinados acordes es recordarme la nostalgia. Son sencillos acordes de añoranza. Casi todas las canciones de Explosions in the Sky me hacen recordar buenos momentos… lo malo de recordar buenos momentos con acordes de tristeza, es que la mezcla de felicidad con ansias de recuperar lo que tuviste entre tus manos, provoca una sensación de vértigo que puede superarte y convertirse, como la energía de la bomba atómica se convirtió en muerte, en una lágrima que se deje caer por tu rostro.
Pero hoy no estoy en ese punto, como dirían los anglosajones. Estamos cerca del final del verano. Siempre a mediados de agosto ya he tenido ganas de que se acabe el verano, aunque me lo esté pasando bien, debo de ser uno de esos animales que necesitan una pequeña dosis de rutina para poder sobrevivir. Este año no he tenido vacaciones como tal, me he quedado en Madrid, me he quedado trabajando. Pero gracias al milagro de la media jornada bien pagada y de la buena voluntad de tu jefe, bueno, de eso y de saber portarte bien con la compañía y con él, pero sobre todo con él cuando hace falta, nacieron 6 días de vacaciones entre amigos en Cádiz. Entre amigos no, entre mi familia de Madrid.
Era la primera vez que me iba de vacaciones así en plan verano+desparrame+playa+juerga+alcohol solo con amigos. Con los colegas, tronco. Me encanta imitar el acento madrileño cerrado, tiene una gracia especial, la gente de fuera no se lo suele coger, pero yo le tengo cariño a la gente de aquí, a la gente del barrio. Ya me estoy desviando del tema… En fin, un coche, tres amigos, rumbo al Sur. Rumbo al oeste de mi tierra. Allí nos esperaban más amigos, dos mellizas con las que compartir apartamento, la playa, el salero gaditano… Nos esperaba dormir la primera noche, mejor dicho, la primera mañana, en el coche de Diego con el aire acondicionado puesto, con el alcohol aún haciendo estragos en nuestros hígados y en nuestras cabezas. Javi confundió aquella churrería donde vimos el partido de baloncesto de España contra China, con una de La Herradura (Granada).
Estábamos desorientados, estábamos desatados. De hecho el GPS por arte de magia dejó de funcionar en Cádiz. Sinceramente, también podrían haberle seguido los relojes. Allí todo daba igual, sólo había una premisa: había que pasárselo bien. Y no hacía falta esforzarse demasiado para ello. La primera noche, la que aún no teníamos apartamento, estuvimos rodeados de abogados/as y fiscales/as del Estado. Algún Guardia Civil de Barbate se dejó ver incluso… de hecho no hacía más que abrazarse a nosotros mientras señalaba a su mujer y nos decía “¿no te parece acojonante la luna de Cádiz?”. -Pues sí, sí que me lo parece, pero usted va borracho, señor agente. -Lo sé, pero no te preocupes, si necesitas lo que sea en Barbate, pregunta por mí, pregunta por Jaime. Nunca me imaginé que acabaría en una discoteca de Cádiz bailando con las fuerzas de seguridad del Estado y con tanto alto funcionario. Con tanto alto funcionario y con una hermana de una de éstas a la que sin duda, si fuera un electrodoméstico, serviría para calentar la leche en un minuto dándole vueltas en su interior. Con Javi entrándole a saco a unas chicas de Loja a las que me atreví a decirles “pues desde luego que cojas no se os ve…”.
Al día siguiente llegaron las mellizas. Si las tuviera que calificar con una palabra sería liberales. 19 añitos, en topless todo el día. Hablando con total libertad de cualquier materia de sexo, pudiendo hacer bromas con ellas 24h del día. No, ya os digo que no nos aburrimos. Y Paco, que es del Puerto de Santa María, se nos apuntó a la fiesta, nos llevó todas las noches a hacer nuestra ruta del Tequila Sunrise. Descubrimos este cóctel a base de Tequila, zumo de naranja y granadina en un sitio que él llamaba el pantalán, aunque no se llamaba así, si que estaba encima del mar. Luego íbamos a otro garito en el que uno de los porteros se parecía a Wisley Snippes sin parar de sonreír, y así lo llamábamos “mira el joputa el Güisli, na más que se le ven los dientes al jodío”. De la mano de Paco, aparte de a nuestra bebida oficial, conocimos a todas las relaciones públicas de ese bar, donde colgaban las banderas de todos los países excepto la de Australia.
Bailé con las gemelas el baile de las tres vueltas, teoría de Diego y Paco que me funciona para liarme con guiris Australianas (de ahí mi preocupación porque no estuviera esta bandera en el local). Pues la teoría también habría funcionado con estas dos chicas, pero claro, uno ante todo es un gentleman y posó la mano sobre sus labios antes de besarlas. Dormí en la cama con una de las mellizas pensando que era Diego y otro día dormí con Diego pensando que eran las dos gemelas. Preparamos nuestra bebida oficial a base de tequila en una cala de Conil, mientras escribíamos “Property of Black Demons” en la espalda de las hermanas, cuando por el sol y por el alcohol, dormían impasibles.
Escuchamos canciones míticas en aquél Golf GTI. Míticas no por las canciones, míticas porque estaban impregnadas por las notas de la historia, por las notas de “recordaré este viaje, te recordaré a ti, os recordaré a vosotros, pero sobre todo, recordaré este instante”. Sonaba Estopa, sonaba Fuente de Energía, y aunque a ninguno de los que íbamos allí nos gustaba especialmente Estopa, la repetíamos una y otra vez porque sentíamos que hacía más larga la noche. En el coche de Paco sonaban canciones de DJ Shadow que ahora no puedo dejar de escuchar compulsivamente, porque no quiero irme de allí, no quiero dejar de sentir la arena, no quiero dejar de ver la sonrisa de las gemelas mientras Diego les pregunta si llevan depiladas sus partes íntimas o no. Este año no quiero volver a la rutina. Pero volví, volví en un sucio autobús de Secorbus, sentado al lado de una Gaditana muy guapa, un poco cateta, pero muy guapa, que iba a hacer un casting de Gran Hermano y su mayor preocupación era saber cómo llegar de Méndez Álvaro a su hotel. De hecho no es que fuera su mayor preocupación, era su único objetivo en la vida, no escuchaba nada de lo que le decía/decíamos el resto de la gente.
No quiero volver a Madrid, no debí haber dejado que me dieras esos dos besos, Nati, antes de subir al autobús. No debí dejar que me dieras ese abrazo, Estefi, antes de subir a un sucio Secorbus. No debí dejar que os despidiérais con coñas, que es como son nuestras despedidas, Diego y Javi. Quiero quedarme allí, con Estefi llamando a su novio “compañero”, con un tono que más que a novio, sonaba a “Camarada”. Quiero bañarme en el sol. Quiero bailar con la Guardia Civil. Qué coño, ¡quiero Tequila Sunrise!














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