Archivo de la Categoría “España”
Hace unas noches escuché en Radio Nacional una pseudo-entrevista a César Antonio Molina. Y digo pseudo, porque llegó a parecer que el programa era propiedad del escritor, que era él quien manejaba el tempo radiofónico. Digo pseudo porque no era una entrevista ni al escritor, ni al Ministro de Cultura, sobre todo porque a esas horas intempestivas no se entrevista a un Ministro. Creo que ni tan siquiera era una entrevista a la persona… En un momento de lo que a partir de ahora llamaremos ‘El programa de César’ empezó a divagar sobre el sentido de la vida y mencionó una realidad que yo nunca me había planteado. ¿Qué ocurriría si supiéramos ya con certeza el sentido de la vida?
Nunca me han llamado la atención las corridas de toros, ni sé por qué se le llaman corridas cuando ni el diestro (que puede ser zurdo), ni la res, eyaculan. Pero yo que tengo algo del Sabina que desea vivir cien vidas en ‘La del Pirata cojo’, pese a que no creo que salga gratis soñar (los sueños duelen) y no tengo pata de palo, me tocó este fin de semana hacer de vigilante en una plaza de toros en un pueblo en fiestas de la España profunda. España profunda a 22 km de Madrid. Me tocó ver la “suelta de una vaquilla” y cómo un pueblo entero la maltrataba hasta su encierro, donde le esperaba la muerte. Mi inocente mirada de, no vamos a decir antitaurino, digamos neutro-taurino, pensaba que al encerrarse el astado, sería montado en un camión y llevada a otro pueblo. Ingenuo… Comprendí lo que significa la frase con el beneplácito de la Autoridad y con la misma presente: en chiqueros un Guardia Civil velaba por la correcta ejecución del animal por parte del pastor del “espectáculo”, con un arma que no alcancé a reconocer. Después, en esta fiesta de la sangre, el miembro de una peña del pueblo, procedía a descabellar con un oxidado cuchillo sin mucho atino, acrecentando la orgía del sufrimiento.
Y esa noche, en la que comprendí que los toros morían de una forma cruel y no como lo venden los seguidores de la tauromaquia, vigilé la plaza durante horas mientras que el astado que sería protagonista de la novillada del día siguiente, estaba encerrado en un pequeño cuarto de chiqueros. Ni siquiera mantuvimos contacto visual, pero fue una extraña relación la de ambos. En parte me producía miedo, en parte me preocupaba por él, que además era mi cometido: que nadie perturbara al novillo para así poder matarlo al día siguiente tranquilamente. Cualquier director de Hollywood habría sabido potenciar más nuestra curiosa relación humano-animal.
Las horas muertas en las que te pagan por no hacer nada permiten pensar en muchas cosas distintas. Y era inevitable, en algunos momentos de bajón pensaba en esa mujer con la que todo pudo haber sido y nada fue. Yo era el verdugo cómplice de ese novillo y estaba ahí pensando en mis banalidades. Vale que esas banalidades perturben mi vida y hagan pensar en si tomar éste o aquél derrotero biográfico. Pero ese animal iba a morir y a mí no me importaba. A nadie le importaba. ¿El celador del corredor de la muerte pensará en la panadera que le gusta la noche antes de una ejecución? No tratéis de responder, la respuesta es que sí. La vida de ese pobre animal no tiene ningún valor, pero es que la de las 45 víctimas mortales en accidentes de tráfico del pasado puente tampoco, no la tiene la del próximo ejecutado en Estados Unidos ni la del próximo niño que muera de hambre en África. Nuestra vida solo tiene sentido para aquellos a los que les importamos, la mayoría de las veces ni tan siquiera la tiene para nosotros mismos. Para el resto del mundo, no somos más que una cifra.
¿Qué ocurriría si supiéramos ya con certeza el sentido de la vida? La existencia del hombre se ha fundamentado siempre en encontrar ese más allá, esa razón de ser. Probablemente esa eterna búsqueda es lo único que nos separa de los animales, porque esa vaca me miraba mientras agonizaba como si quisiera que le explicara aquello de lo que no comprendía nada.
Si encontráramos el sentido de la vida, probablemente la vida simplemente careciera de sentido. Por lo pronto, tratad de importarle al mayor número de personas, que sea la menor cantidad posible aquellos que al morir os recuerden con una simple cifra. O tratad de importarle solo a un pequeño grupo de personas, pero que seáis tan importantes para ellos que no os olviden jamás. Eso os hará ser queridos y recordados por más gente. Los que no creemos en el más allá sabemos que el alma reside en la memoria.
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Con el 95% de los votos escrutados y con una participación similar a la de hace cuatro años España se ha declarado bipolar en el tema político. Los grandes perdedores de esta noche no han sido los populares. Al parecer los dos partidos van a acabar con un incremento igual en el número de Diputados respecto a las elecciones de 2004, lo cual no es una victoria tan grande para el PSOE (aunque se queda solamente a siete escaños de la mayoría absoluta), ni una derrota tan grande para el PP (pese a perder dos comicios nacionales seguidos).
El gran perdedor a todas luces de esta noche ha sido IU, que ha perdido dos escaños quedándose en tres. Ha perdido dieciocho representantes parlamentarios en poco más de doce años, desde la era de Julio Anguita. Llamazares ha anunciado que no volverá a presentarse como Coordinador General de la coalición de izquierdas, no sin antes criticar duramente la ley electoral, que permite que partidos como CiU con la mitad de votos, obtengan más del triple de diputados que ellos. Lo de esta noche ha sido histórico. IU se queda sin poder formar grupo parlamentario. ERC ha perdido cinco escaños, quedándose también en tres y aquí la única lectura posible es la de la nefasta política que han seguido los republicanos en esta pasada legislatura. Coalición Canaria se queda con dos escaños y también se quedará sin grupo parlamentario, por culpa de su división interna y probablemente de su política de pactos con el PP. Rosa Díez con UPyD ha conseguido un escaño (el suyo), pero los expertos aseguran que de haber acudido en otros comicios habrían logrado alguno más.
El gran ganador de esta noche bajo mi punto de vista es CiU con Durán i Lleida. Ante la dura bipolarización (tsunami bipolar que decía el cadavérico Llamazares) han logrado mantener el mismo número de parlamentarios que en las últimas generales. Y a esto hay que añadir que si bien Zapatero decidió gobernar sin apoyos durante la legislatura que en diciembre nos abandonó, la dura política de Mariano Rajoy, va a obligar al PSOE a alcanzar un pacto de gobierno sólido. Y la distribución del arco parlamentario parece dilucidar como única vía el Gobierno junto a CiU, probablemente otorgándole a Durán i Lleida una cartera ministerial. Aún así, Convergencia está muy dolida por no haberles permitido gobernar en Cataluña tras las últimas autonómicas y preferir repetir el tripartito. El precio que los socialistas tendrán que pagar por su deslealtad es alto y si no se cumplen las exigencias de CiU, éstos no dudarán en rechazarles como compañeros de camino.
Sobre el Partido Popular, el hecho de que haya tardado más de dos horas en comparecer Mariano Rajoy en el balcón de Génova me hizo pensar que iba a presentar su dimisión. A la postre, ni siquiera ha mencionado explícitamente la victoria de los socialistas o su propia derrota. En un discurso vacío, populista, en el que su compunginda mujer le ha acompañado, ha permitido que su público gritara cosas como “Zapatero dimisión”, algo un tanto estúpido tomando en cuenta que el candidato socialista ni tan siquiera ha sido investido Presidente aún. Lamentables los actos que han protagonizado (algunos) simpatizantes populares, increpando y amenazando de muerte a algunos periodistas de medios no afines al partido de derecha.
Espero que la ausencia de discurso de los populares no nos lleve a una continuación de la legislatura anterior, no nos lleve a una negación de la derrota como hemos visto desde el 14-M de 2004 hasta el 9-M del año en curso. Pienso que la derecha española, que está representada por un único partido, necesita una renovación inminente y a día de hoy no nos han mostrado visos de que se produzca ni tan siquiera a medio plazo.
Por lo demás, en Andalucía el PSOE refuerza su posición renovando su mayoría absoluta. El efecto Arenas no ha sido suficiente.
Buenas noches y buena suerte. La necesitaremos.
Zapatero Presidente.
P.D.: Al parecer IU pierde otro diputado, quedándose en dos. Lamentable. Sin comentarios.
ACTUALIZACIÓN: En el senado, porque sí, aunque a veces se nos olvide, nuestro sistema parlamentario es bicameral, con cerca del 90% de escrutinio realizado, el PP perdería dos senadores para situarse en la redonda cifra de 100 y el PSOE ganaría ocho representantes en la cámara alta, quedándose en 89. Los partidos nacionalistas y minoritarios también notan el varapalo en esta cámara.
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Era demasiado pequeño como para haberlos tenido en consideración, como para haber comprendido el gran revuelo que generaron y la importancia que tenían. Y eso que con mis “escasos” seis años bastante avanzados en el camino hacia los siete, me gustaba decirle a mi padre, tumbado en la cama antes de acostarme, ‘vamos a hablar de política, porfa, un ratito más’, y en los autobuses de las excursiones del colegio me dedicaba a imitar al entonces Presidente del Gobierno mientras un compañero hacía lo propio con el candidato a la presidencia del Partido Popular.
Me refiero obviamente a los debates pre-electorales de 1993 entre González y Aznar.
Por eso, por el interés que despierta la vida política en mí unido a la ausencia de debates electorales en el resto de nuestra democracia, esperaba el debate de anoche con cierta ansia. Aunque sinceramente, he de decir que los primeros minutos de visionado me defraudaron bastante, no por el contenido, ni las formas, ni la mal anudada corbata de Zapatero (aunque quizá lo del nudo hacia la izquierda no fuera un error… ¡vete tú a saber los sesudos análisis que podrán sacar de eso!), ni todas esas cosas que hoy todos los periódicos y radios comentan. Me defraudó porque me di cuenta de que en realidad no estaba viendo más que un resumen de las sesiones parlamentarias de control al Gobierno, aunque paradójicamente (para lo que nos tiene acostumbrado la televisión rosa y amarilla de estos días), mucho más sobria que cualquier sesión parlamentaria, porque no veíamos tras los candidatos los gestos torcidos de los demás parlamentarios, las siestecitas de algunos Ministros, ni escuchábamos los voceríos gritos de los diputados exacerbando el discurso del líder de su partido, abucheando los del rival.
Pero ojo, no por ello digo que no sea importante realizar este tipo de debates, sino que debemos llevarlos, la Sociedad, en mayúsculas, a un plano de normalidad, de cotidianeidad (los candidatos demócratas a la presidencia de Estados Unidos llevan dieciséis cara a cara celebrados a día de hoy, tan solo en unas primarias). Igual que deberíamos llevar el ’saber estar’ en el Congreso, a los Señores Diputados… pero ese, es otro tema.
Sobre el debate en sí, no voy a opinar demasiado, porque seguramente a estas horas ya estaréis saturados de sesudos análisis de periodistas, políticos, analistas financieros y pescaderas de vuestra esquina. Sí diré que los tres últimos minutos de cierre esperaba que los candidatos lo usaran para algo más que para leer un discurso preparado, dando igual en qué dirección evolucionara el diálogo. Diré que al Señor Rajoy deberían enseñarle a leer sin que lo pareciera y sin que aburriera, por no mencionar esos cierres del ojo derecho que hacían parecer que le iba a dar un patatus en el sitio. Y que deberían escribirle mejores discursos que el de una especie de carta a los Reyes Magos sobre una niña (el hecho de que fuera niña era la única forma de meter con calzador un guiño a las mujeres en toda una noche en las que estuvieron ausentes de la dialéctica). Diré que Zapatero ha mostrado claramente ser mejor orador y eso que no lo era en sus inicios como candidato Socialista. Zapatero supo enseñar anoche bien todos los avances en materia social de la legislatura, aunque Mariano Rajoy hizo bien en rebatirle todo aquello referente a vivienda, porque aunque el problema venga de legislaturas anteriores, es cierto que la creación de un Ministerio de Vivienda generó muchas expectativas que no se han materializado más que en pequeñas políticas al final de legislatura y gracias a un cambio (buen cambio, creo yo) en la titular de su cartera por la flamante Ministra Chacón.
El lunes que viene tenemos ‘el partido de vuelta’, ‘el segundo round’ y también lo comentaré, así como todos estos días os hablaré sobre todo aquello que considere relevante de la campaña.
Buenas noches y buena suerte.
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Desde hace unos meses podemos ver como todas las campañas institucionales de los ministerios acaban con un rotundo a la par que patrio “Gobierno de España”. Porque sí, en este país ‘afederal’ nuestro, los ministerios, aunque también a veces nos olvidemos y creamos una especie de organismo independiente, son parte del Gobierno. Del Gobierno de España. Añadiendo esas dos palabras, pero sobre todo la que comienza en mayúsculas, sin hacer mucho ruido, sin grandes presentaciones, tan sólo incluyéndolo en todas las campañas institucionales que de igual forma se habrían realizado, el Gobierno sienta hábilmente las bases para recuperar la identificación del pueblo con las instituciones, con España.
El Rey aludía a la unidad de España en su discurso de Nochebuena. Pues esta campaña gubernamental sea posiblemente, sin darnos cuenta, uno de los grandes pasos hacia esa unidad, hacia esa cohesión pseudo-federal. Porque hace que los españoles de izquierdas recuperen su identificación con el Estado. Y no digo con la bandera, porque bajo el término ‘izquierdas’ se engloban muchos republicanos cuya bandera no es la roja y amarilla (que no gualda), sino la tricolor. Y es que por desgracia en este país nuestro, durante la dura dictadura las instituciones se apoderaron de la bandera roja y gualda (que no amarilla) y la derecha ha aprovechado para continuar con su acaparamiento. Especialmente en esta última legislatura donde han olvidado el hacer oposición para nada más que hacer ruido. El acabar las manifestaciones contra el Gobierno (de España) frente a la grandiosa bandera de 294 metros cuadrados que se encuentra en la Plaza de Colón en Madrid, o incluso, pese a incumplir un propio decreto firmado por el propio ex-presidente Aznar, haciendo sonar el himno nacional, son claras muestras de dichas ganas de apoderarse de los símbolos de la Nación, mientras que paradójicamente se está haciendo manifestación contra el símbolo más grande del propio Estado: el Gobierno que emana del poder del pueblo, del sufragio universal.
No creo que debamos llegar a los extremos de Estados Unidos, ni tan siquiera a los de Francia, aunque deberíamos adoptar algo de ese chovinismo. Alrededor de la mitad de la población es de izquierdas, lo cual desprendo de esta entrada del blog de Pepe Blanco, en la que se asegura que los españoles nos encontramos de media en el centro de la política, por lo que, quitando a los que se encuentren en el centro puro, la mitad deberíamos estar a la derecha y la otra mitad a la izquierda. Y no es sano que la mitad de un país (dejando al margen nacionalismos regionalistas) no se sienta identificado con el mismo.
Gane quien gane las próximas elecciones, debería seguir con este tipo de campañas institucionales y por qué no, también debería esforzarse por lograr eso de lo que tantas veces se ha quejado Manuel Marín porque no le han dejado llevarlo a buen puerto: reformar el reglamento del Congreso y limpiar su imagen institucional, haciendo que allí donde están los leones, sea un sitio del que los españoles podamos sentirnos orgullosos. Porque señores, alguien de izquierdas también puede sentirse emocionado al observar un trozo de tela de 294 metros cuadrados pintado con sus colores.
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En el tradicional discurso de Navidad de Su Majestad el Rey, Juan Carlos I hizo referencia a los treinta años que cumplirá la actual Constitución española el próximo año, que dentro de poco estrenaremos. Con ello evocaba toda la época de la transición política española y de rebote, nos hacía recordar lo importante que fue su figura en dicho período. Tal vez sabiéndose no tan indispensable a día de hoy (aparte de para tener como chascarrillo recurrente un aclamado ¿Por qué no te callas?), aludió a nuestras jóvenes memorias de demócratas para justificar su puesto de trabajo (y el de la familia, que son muchas bocas a las que dar de comer, oiga). Y ojo, antes de que la gente juzgue equivocadamente, yo soy un acérrimo Juancarlista.
Las transiciones no son fáciles de afrontar. En ningún ámbito de la vida. Especialmente porque no sé por qué extraña razón el ser humano no está acostumbrado al cambio. Eso lo saben bien todos aquellos que hayan leído el Best-Seller del psicólogo Spencer Johnson, “¿Quién se ha llevado mi queso?”. Es cierto, tal y como se explica en este libro ‘para ejecutivos’, que es necesario afrontar los cambios con la mayor rapidez posible, especialmente en el mundo de los negocios, donde quien gana o logra mayores éxitos es aquél capacitado para reaccionar ante el cambio velozmente. Pero también es verdad que algunos cambios requieren de mayor tiempo que otros. Hay quien afirma que la transición española duró hasta que el Partido Popular ganó sus primeras elecciones. Incluso hay teóricos que apuntan a que realmente nuestra transición no acabó hasta que J.L. Rodríguez Zapatero ganó las elecciones de 2004, justificándolo conque fue la primera vez que un partido que había perdido el poder en nuestra flamante democracia, lo recuperaba.
Y dicha transición política no podría haberse realizado más rápido. Habría salido mal sin lugar a dudas. Las transiciones, los cambios, necesitan de su propio tempo. Lo difícil está en saber administrarlo, porque el ser humano, cuando ya se ha dado cuenta de que el cambio va a suceder, es especialmente impaciente, queriendo las cosas aquí y ahora. Las transiciones, los cambios, son en realidad una sucesión de pequeños cambios, los cuales sí que hay que afrontar de manera inmediata, pero con miras al ‘gran cambio’ a medio o largo plazo. Es más, no es tanto el afrontarlos con rapidez como el ser conscientes rápidamente de que dicho cambio existe. Cosas como cambiar tu actitud hacia tus seres queridos (incluso cambiar tus sentimientos), darte cuenta de lo profunda que puede ser la soledad, buscar escalar puestos en el mundo laboral con grandes miras, afrontar el egoísmo que invade al mundo desde el punto de vista de un soñador, dejar un amor por otro más complicado, son retos que deben ser enfrentados con calma y sin tener en cuenta las presiones externas.
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