Revisando viejos archivos por los recobecos de un disco duro que hace tiempo que no usaba, he encontrado el texto que copio, tal cual, a continuación:
ANDALUZA
Andaluza, el mar se revela en la claridad de tu mirada.
El mar de tu tierra que juega con tu pelo y el levante,
moviéndolo con su brisa, aparentemente descuidada.
Tu tierra… Ay mi tierra… Tu sonrisa…
Andaluza, con la misma fuerza que tu gentilicio,
te enseñas ante la capital, rotunda, categórica,
sólo mostrando, como los últimos rayos de un invernal solsticio,
las trazas de tu encubierta ingenuidad.
Andaluza, que el azahar se da la vuelta para envidiar tu aroma,
que tu voz es más pura, más dulce que la de la Blanca Paloma…
Revolviéndote como las alegres olas de tu costa, no dejaría de observarte.
Andaluza, sólo andaluza se tiene tanto “harte”.
Andaluza, ahora que no vivimos guerras y estamos en libertad,
me alzaría y la bandera blanca y verde empuñaría,
para con doble dosis de esperanza,
erigir tu sonrisa como patria.
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Sinceramente, no me parece un buen texto. Quizá fue un texto que pretendía ser más de lo que era. Lo escribí cuando tenía dieciocho años. Era algo que guardaba celosamente, tal vez se lo había enseñado a dos o tres personas anteriormente, buscando ese sentimiento de aprobación… por qué no, quizá buscando el saber si era adecuado enseñárselo a quién iba dirigido, a quién había sido mi fuente de inspiración.
Recuerdo que lo escribí en una época de exámenes, era un caluroso junio… no hacía más que pensar en ella. Me levanté sobresaltado, en mitad de la noche, con una necesidad imperiosa de escribir… En realidad no escribí el texto, se me apareció sin más… lo único que tuve que hacer fue darle forma. También recuerdo como estos “versos” se enclaustraron en mi mente, haciendo que no pudiera pensar nada más que en convertirlo en más “perfecto”. Creo que tan sólo llegué a cambiar un par de palabras.
Ahora lo puedo mostrar abiertamente, sin pudor, porque lo que decía en esas líneas, simplemente ya no está vigente. Los sentimientos que quería expresar ahí ya no son más que un triste recuerdo, cargado de dolor y rabia por no haber sabido ver las cosas a tiempo.
Pero en realidad todo el pudor lo daba el relacionar el texto con una cara, con un pelo, con un cuerpo de mujer. Porque al fin y al cabo, las emociones son siempre las mismas, aunque la bandera de quién puedas amar no sea la Blanca y Verde, y esa sonrisa no sea la que en un principio pensabas alzar como patria.