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Cuando la mujer de tu vida te dura dos semanas, todo ocurre de forma muy intensa, dado que todo lo que en “un amor de tu vida” corriente dura exactamente eso, toda la vida, aquí te encuentras experimentándolo en tan solo dos semanas. Ella apareció de repente, como una estrella fugaz lo hace en la más oscura noche sin luna. Y con la misma intensidad que tiene una estrella fugaz, iluminó todo en mi vida. Con el mismo brillo que desprende una estrella fugaz en pleno auge, un brillo que emitía su corazón y se dejaba ver a través de sus preciosos ojos claros. Pero el adjetivo fugaz no lo llevan las estrellas por casualidad. Y ella se desvaneció, dejando tan solo la estela de su recorrido grabada en mis ojos, porque ya ni el firmamento la conserva. Dejándola grabada en mi corazón.

Cuando la mujer de tu vida te dura dos semanas, las conversaciones eternas a altas horas de la madrugada son lo cotidiano, el levantarte temprano nada más que para poder verla es lo normal, el enviar y recibir mensajes de móvil a todas horas como un adolescente se hace habitual a la vez que adictivo, y el pensar en cambiar de lugar de residencia, irte lejos, escapar a una ciudad con puerto junto a ella y dejar ambos todo vuestro pasado atrás, no es para nada una idea descabellada. Hasta el punto en que dar de lado a todo el mundo porque lo que importa de verdad sois tú y esa mujer con alma de estrella, es tu gran ambición. Y planeas cómo hacerlo y logras dar con trescientas treinta y seis soluciones distintas, todas ellas absolutamente viables. Tantas como horas tienen dos semanas.

Cuando la mujer de tu vida es una estrella fugaz, cada palabra improvisada parece medida, parece sacada del mejor guión de una película de hollywood que puedas imaginar. Cada instante a su lado se recuerda como la imagen de un fotograma con una iluminación perfecta, con una realización exquisita. Ella es también una estrella, una estrella de hollywood. Y como si formaran parte de la banda sonora de esta gran película de amor, cada canción que escuchas te recuerda a ella, y a ella, cada canción que escucha le recuerda a ti. El problema viene cuando la película se acaba, cuando la estrella fugaz se apaga y te quedas ahí a solas con sus recuerdos, con su voz resonando a lo lejos en tus oídos, con las sábanas frías donde ella estuvo compartiendo noches contigo. Y cada vez que te tumbas en la cama no te puedes dormir, porque echas de menos el calor que producía su combustión incesante de estrella, pero sobre todo, porque la recuerdas en tu cama, hablándote de nada, haciéndote reir, o simplemente durmiendo. Eso por no mencionar las caricias y abrazos, de los que prefieres no acordarte para no desgarrar tu ya rasgado corazón.

Lo peor de todo es que como en las condenas, aún te queda por cumplir un día. Ese día que ni sabes cuando llegará, y que aunque no lo reconoces, deseas que llegue porque albergas la esperanza de que se vuelva a encender la estrella, pero en esta ocasión para quedarse iluminando tu particular cielo, como una ‘Estrella Gigante Luminosa’ que vuelva a alumbrar tu sonrisa.

3 Respuestas a “Cuando la mujer de tu vida dura dos semanas (y un día)”
  1. Sebas L. dice:

    Mientras vuelve la estrella o no, te conformarás con un “segundo plato”, tal y como hacemos todos en muchas facetas de nuestra vida (incluso la laboral).

  2. Makiavelo john dice:

    Sebas ¡Qué malas son las dependencias!

  3. Cameron dice:

    Y acarrear con la responsabilidad de ser el objeto de tal dependencia…

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