Una de aquellas razones que repentinamente y de forma aglutinada, como el agua que se va amontonando en una presa justo antes de desbordar, han aparecido en mi vida llevándome a la necesidad de escribir, ha sido el experimentar, de la forma más intensa que jamás había sentido hasta entonces, el dolor físico.
Insisto en lo de físico.
Lo que yo llamo dolor, a secas, lo que otros llamarían dolor emocional, para mí sin duda es mucho más fuerte que el dolor físico. Pero, por contra, el dolor (a secas), no es capaz de condicionar la aparición de un dolor físico. Si bien es verdad que se dan casos de síntomas psicosomáticos y que pueden llegar a ser muy graves, son muy infrecuentes en comparación con todas las reacciones que en la psique genera el dolor físico. Como mínimo, estar de mal humor.
En los últimos años he tenido ocasión de ver en bastante gente, gente querida por mi, ese dolor físico de una u otra forma. Y hace un mes, me tocó a mi… Y aún así probablemente ni sintiera una décima parte del dolor físico que sintió la gente de la que hablo. Un dolor que anulaba cualquier otro dolor. Un dolor que era inanulable por la frase que yo hasta entonces sólo había sabido comprender como una frase hecha… “calmante en vena“. Un dolor que tan sólo hacía que te viniera a la cabeza la palabra morfina. Un dolor con el que comprendí cuál era la sensación previa al desmayo (otra frase hecha… “desmayarse de dolor“).
Tan sólo pasé una noche ingresado en el hospital. Pero averigüé lo que significaba pasar una noche toledana… y no, no se veían ni catedrales ni barrios judíos. Significaba ir notando cómo, muy lentamente, como si se tratara de alguna clase de tortura de corte oriental, se te iba pasando la anestesia epidural. Notar cómo eras incapaz de mear, y no digo orinar, sino mear, con la vejiga llena. Y bajo la amenaza sutil, pero existente, aunque atenuada por la sonrisa de las enfermeras, de que la solución si no se arreglaba el problema pasaba por sondarte.
Notar pasar gota a gota el Nolotil por la vía que tenía cogida en la mano…
Ese dolor se prolongó algún tiempo. Pero sin duda, muy pronto, dió paso a la susceptibilidad, a la irritación, y al dolor. Al dolor emocional.














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8 Marzo 2008 a las 4:33 pm
wo el desmayo es un tema q me interesa burda pero me cuido mucho para q no me pase