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El dolor físico dió pie a que fluyera el dolor. Pero el dolor no es una cosa que aparezca de un día para otro. El dolor, no te sorprende sin más a la vuelta de la esquina. El dolor, no se te aparece con la forma de una piedra en la que tropieces y te caigas y te rompas la cara y se te desgarre la piel, emanando un buen chorro de sangre, creando un denso charco en el pavimento. A diferencia del dolor físico que suele comenzar en la cúspide de su intensidad, el dolor va apareciendo de forma progresiva, tal que no te das cuenta, sin llamar demasiado la atención. Vas acumulándolo, poco a poco, en fracciones reducidas que probablemente se medirán en la subunidad de medida más pequeña en la que se mediría el dolor. Unos pocos nanopaindios al día.

El dolor físico dió pie a que brotara el dolor. Todo lo que había estado acumulado tanto tiempo, todas las cortinas de humo que hacían que pudiera sobrellevarlo (con esa capacidad que tiene la psique humana para omitir lo que no nos conviene que sea como realmente es) se desvanecieron. Se desvanecieron como el humo se desvanece. Mentiras, mentiras y más mentiras.

El dolor que causa la soledad. Más allá de la soledad, el darte cuenta de que siempre has estado sólo. Estar rodeado de tanta gente que decía ser tu familia, familia adoptiva, pero familia al fin y al cabo, y ver como llega el terrible momento de comprender lo inmenso de tu soledad. El dolor producido por la autodecepción… Todos aquellos errores que cometemos y que irrevocablemente hemos tenido que cometer. Probablemente sigo estando en mi error… En mis errores. Todos aquellos proyectos que te prometiste acabar y que nunca llegaste a empezar siquiera. “Sólo la ilusión trae desilusión.” Y yo soy un soñador. Y los soñadores, o bien cumplen sus grandes expectativas y son felices (reitero, soy un soñador, sigo aspirando a ello), o bien se llevan una buena colección de duros golpes, uno tras otro, como el mutilado que trata de levantarse sin muletas una y otra vez, convencido de que la siguiente vez se mantendrá en pie. El dolor de haber perdido a seres queridos en tu vida… El dolor de haber visto el dolor en tus seres queridos sufriendo por aquellos que ya no están. De hecho, el dolor diario que produce el saber que aún está latente y vivo ese dolor.

En toda esa espiral de dolor apareció el amor. El amor, sobre todo al principio, parece si bien no cicatrizar, sí aliviar las heridas. Puede ser la mejor unidad de paliativos para el dolor. Pero el amor es una emoción intensa y las emociones intensas desembocan de manera irremediable, con mayor o menor medida, antes o después, en un gran sentimiento de dolor.

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