Era demasiado pequeño como para haberlos tenido en consideración, como para haber comprendido el gran revuelo que generaron y la importancia que tenían. Y eso que con mis “escasos” seis años bastante avanzados en el camino hacia los siete, me gustaba decirle a mi padre, tumbado en la cama antes de acostarme, ‘vamos a hablar de política, porfa, un ratito más’, y en los autobuses de las excursiones del colegio me dedicaba a imitar al entonces Presidente del Gobierno mientras un compañero hacía lo propio con el candidato a la presidencia del Partido Popular.
Me refiero obviamente a los debates pre-electorales de 1993 entre González y Aznar.
Por eso, por el interés que despierta la vida política en mí unido a la ausencia de debates electorales en el resto de nuestra democracia, esperaba el debate de anoche con cierta ansia. Aunque sinceramente, he de decir que los primeros minutos de visionado me defraudaron bastante, no por el contenido, ni las formas, ni la mal anudada corbata de Zapatero (aunque quizá lo del nudo hacia la izquierda no fuera un error… ¡vete tú a saber los sesudos análisis que podrán sacar de eso!), ni todas esas cosas que hoy todos los periódicos y radios comentan. Me defraudó porque me di cuenta de que en realidad no estaba viendo más que un resumen de las sesiones parlamentarias de control al Gobierno, aunque paradójicamente (para lo que nos tiene acostumbrado la televisión rosa y amarilla de estos días), mucho más sobria que cualquier sesión parlamentaria, porque no veíamos tras los candidatos los gestos torcidos de los demás parlamentarios, las siestecitas de algunos Ministros, ni escuchábamos los voceríos gritos de los diputados exacerbando el discurso del líder de su partido, abucheando los del rival.
Pero ojo, no por ello digo que no sea importante realizar este tipo de debates, sino que debemos llevarlos, la Sociedad, en mayúsculas, a un plano de normalidad, de cotidianeidad (los candidatos demócratas a la presidencia de Estados Unidos llevan dieciséis cara a cara celebrados a día de hoy, tan solo en unas primarias). Igual que deberíamos llevar el ’saber estar’ en el Congreso, a los Señores Diputados… pero ese, es otro tema.
Sobre el debate en sí, no voy a opinar demasiado, porque seguramente a estas horas ya estaréis saturados de sesudos análisis de periodistas, políticos, analistas financieros y pescaderas de vuestra esquina. Sí diré que los tres últimos minutos de cierre esperaba que los candidatos lo usaran para algo más que para leer un discurso preparado, dando igual en qué dirección evolucionara el diálogo. Diré que al Señor Rajoy deberían enseñarle a leer sin que lo pareciera y sin que aburriera, por no mencionar esos cierres del ojo derecho que hacían parecer que le iba a dar un patatus en el sitio. Y que deberían escribirle mejores discursos que el de una especie de carta a los Reyes Magos sobre una niña (el hecho de que fuera niña era la única forma de meter con calzador un guiño a las mujeres en toda una noche en las que estuvieron ausentes de la dialéctica). Diré que Zapatero ha mostrado claramente ser mejor orador y eso que no lo era en sus inicios como candidato Socialista. Zapatero supo enseñar anoche bien todos los avances en materia social de la legislatura, aunque Mariano Rajoy hizo bien en rebatirle todo aquello referente a vivienda, porque aunque el problema venga de legislaturas anteriores, es cierto que la creación de un Ministerio de Vivienda generó muchas expectativas que no se han materializado más que en pequeñas políticas al final de legislatura y gracias a un cambio (buen cambio, creo yo) en la titular de su cartera por la flamante Ministra Chacón.
El lunes que viene tenemos ‘el partido de vuelta’, ‘el segundo round’ y también lo comentaré, así como todos estos días os hablaré sobre todo aquello que considere relevante de la campaña.
Buenas noches y buena suerte.














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26 Febrero 2008 a las 12:24 pm
Sólo unos apuntes sobre el debate:
1. No es que el debate se basara en lo que ya se ha dicho en los últimos cuatro años, sino que había frases calcadas. Es más, Zapatero llegó a utilzar algunos argumentos que creo que pertenecen a Iñaki Gabilondo. Por eso propongo una mejora para la democracia: Que Gabilondo sea presidente, porque parece más inteligente, que Zapatero se dedique a la comedia, que parece buena gente y seguro que no le sale mal (se parece a R. Atkinson, lo coges, cuñao), y que Mr. Bean pase al telediario para sustituir a Gabilondo, seguro que las noticias serían más divertidas.
2. Rajoy tiene un físico incompatible con la televisión.
3. ¿Por qué no había un intérprete de esos que viven en un recuadro y hablan con lengua de signos? ¿No votan los sordos?.
26 Febrero 2008 a las 3:36 pm
Contestando solamente al punto 3: ¿No te parece suficiente que suframos los que sí oimos como para torturar a los sordos?