Coincidiendo con el cambio de cuatrimestre universitario, me descargué de internet unos cuantos libros que me hacen falta para afrontar las nuevas asignaturas. En total alrededor de unas 2.400 páginas que le habrían hecho suicidarse a mi impresora antes de ni tan siquiera pulsar el botón de imprimir, por lo que llevé todos los pdf en un pen-drive de mi compañera de piso (este dato ese importante a la postre) a una copistería que hay en el barrio, aunque en realidad está, si este término se puede usar para referirse a un barrio, en la periferia del barrio.
Yo tenía ya hecho un cálculo de sobre cuanto me podría salir la broma, en base a un coste de impresión de 3 céntimos por folio… pero la amable mujer que lleva la copistería me pilló en un momento en el que tenía prisa, de camino a entrenar, y me dijo 5 céntimos lo cual yo acepté porque 3 céntimos de euro son 5 pesetas… ¡maldita mente distraída!. En fin, luego me he enterado que en realidad para ser Madrid no es un precio tan caro. La mujer no me pidió nada a cambio, ninguna señal ni nada así, tan solo se quedó con el pen-drive (aunque en el momento no entendí por qué no podía copiarse los archivos a su disco duro sin más).
Ha tardado unos 3 días laborables en imprimirme todo. Ella me iba llamando al móvil desde que tenía un libro completo, yo iba a recogerlo, le decía que si le pagaba algo y ya ella me decía que no. Pero claro, la tentación vino cuando solo quedaba un libro por imprimir… ¿Y si no voy a buscarlo? Al fin y al cabo ella solo tiene de mi un número de teléfono y un pen-drive de 512 mb de mi compañera de piso… y yo estimaba que tendría que pagarle unos 120 euros, que para un estudiante como yo, son muchos euros. E imprimir el libro que me faltaba no me hubiera costado más de 15 euros en otro lado. Y a mi compañera de piso le hubiera comprado otro pen-drive de muchos más megas por unos pocos euros más…
Bien, no caí en la tentación del crimen perfecto (porque en realidad, era un crimen perfecto) y recogí el último libro, pagué mis deudas con un margen de error de solamente medio euro sobre mis cálculos y la señora me justificó sus tarifas comparándomelas con la de otras tiendas de fotocopias. Pero en realidad, yo ya había robado esos libros, estaba violando los derechos de autor al fotocopiarlos en vez de comprarlos. Y ella era cómplice. Entonces, puestos a delinquir, ¿por qué no rematé mi delito? ¿Qué es lo que nos impulsa a no robar? ¿Las leyes? ¿La conciencia? ¿O en este caso no fue más que el sentimiento de cercanía? ¿El sentimiento de barrio?
O tal vez sea la cuantía… si en las mismas circunstancias te dicen que puedes robar de un banco 2 millones de euros, probablemente los robarías. Sabiendo que vas a quedar totalmente impune. Aunque ahí también influye supongo el sentimiento de cercanía… tal vez al joyero que tienes debajo de casa, no se te ocurriría robarle 2 millones de euros.
¿Qué opináis? ¿Debí robar el dinero de las fotocopias? ¿Robaríais a un banco aprovechándoos de un error de seguridad? ¿Si el cajero de tu sucursal te da 600 euros en vez de los 60 que pediste se lo dirías a la oficina? Me parece, que debo apostar a que no… luego… todo trata sobre si las relaciones son personales o impersonales.














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