Desde hace unos meses podemos ver como todas las campañas institucionales de los ministerios acaban con un rotundo a la par que patrio “Gobierno de España”. Porque sí, en este país ‘afederal’ nuestro, los ministerios, aunque también a veces nos olvidemos y creamos una especie de organismo independiente, son parte del Gobierno. Del Gobierno de España. Añadiendo esas dos palabras, pero sobre todo la que comienza en mayúsculas, sin hacer mucho ruido, sin grandes presentaciones, tan sólo incluyéndolo en todas las campañas institucionales que de igual forma se habrían realizado, el Gobierno sienta hábilmente las bases para recuperar la identificación del pueblo con las instituciones, con España.
El Rey aludía a la unidad de España en su discurso de Nochebuena. Pues esta campaña gubernamental sea posiblemente, sin darnos cuenta, uno de los grandes pasos hacia esa unidad, hacia esa cohesión pseudo-federal. Porque hace que los españoles de izquierdas recuperen su identificación con el Estado. Y no digo con la bandera, porque bajo el término ‘izquierdas’ se engloban muchos republicanos cuya bandera no es la roja y amarilla (que no gualda), sino la tricolor. Y es que por desgracia en este país nuestro, durante la dura dictadura las instituciones se apoderaron de la bandera roja y gualda (que no amarilla) y la derecha ha aprovechado para continuar con su acaparamiento. Especialmente en esta última legislatura donde han olvidado el hacer oposición para nada más que hacer ruido. El acabar las manifestaciones contra el Gobierno (de España) frente a la grandiosa bandera de 294 metros cuadrados que se encuentra en la Plaza de Colón en Madrid, o incluso, pese a incumplir un propio decreto firmado por el propio ex-presidente Aznar, haciendo sonar el himno nacional, son claras muestras de dichas ganas de apoderarse de los símbolos de la Nación, mientras que paradójicamente se está haciendo manifestación contra el símbolo más grande del propio Estado: el Gobierno que emana del poder del pueblo, del sufragio universal.
No creo que debamos llegar a los extremos de Estados Unidos, ni tan siquiera a los de Francia, aunque deberíamos adoptar algo de ese chovinismo. Alrededor de la mitad de la población es de izquierdas, lo cual desprendo de esta entrada del blog de Pepe Blanco, en la que se asegura que los españoles nos encontramos de media en el centro de la política, por lo que, quitando a los que se encuentren en el centro puro, la mitad deberíamos estar a la derecha y la otra mitad a la izquierda. Y no es sano que la mitad de un país (dejando al margen nacionalismos regionalistas) no se sienta identificado con el mismo.
Gane quien gane las próximas elecciones, debería seguir con este tipo de campañas institucionales y por qué no, también debería esforzarse por lograr eso de lo que tantas veces se ha quejado Manuel Marín porque no le han dejado llevarlo a buen puerto: reformar el reglamento del Congreso y limpiar su imagen institucional, haciendo que allí donde están los leones, sea un sitio del que los españoles podamos sentirnos orgullosos. Porque señores, alguien de izquierdas también puede sentirse emocionado al observar un trozo de tela de 294 metros cuadrados pintado con sus colores.














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2 Enero 2008 a las 7:53 pm
Decía un pensador que uno de los grandes fracasos de las fuerzas progresistas era que el inlujo de la Ilustración decaía. Creo que es cierto. Su hijo más aventajado, la razón (más que la libertad, igualdad, freternnidad)pasa por momentos difíciles. Basta ccon mirar los libros en las estanterías de los comercios. Autores de derechas entreteniéndonos con asuntos exotéricos. Ahora todos estamos muy preocupados por los templarios y el santo grial. Estoy seguro de que si lo encuentran los precios bajarán y a su vez subirán los salarios. Pero, volviendo al problema separatista, me asombra que sea un asunto que nunca se racionaliza. Se juega las reglas y vocabularios incomprensibles, y la más sincera de las razones que he leído ha sido la siguiente (no recuerdo quién lo dijo, pero era un político de primera linea del PNV): para vivir mejor”. Explicación asombrosa para quien se autdemomica demócrata y cristiano. Si escuchas a las izquierdas tampoco oyes un mensaje solidario, fraternal, que se pregunte por qué no pueden convivir trabajaderos de distintas geografías, cuando sus problemas son idénticos (y lo que es peor, se baten en retirada como clase) y cuando tiene una doctrina que hasta hace poco proclamaba su fe internacionalista. De lo que sí me he percatado es de que los nacionalizamos se agudizan cuando hay gobiernos de izquierdas, o de seudoizquierda. Y ello me lleva a recordar con tristeza como la carta del nacionalismo se está moviendo con toda perfidia en todas las partes del mundo (divide y vencerás, dice el poderoso). Las derechas de Bolivia y Venezuela han encontrado una forma del deblitar al gobierno central: En Venezuela ya tiene una estrella en la zona de Maracaibo que reclama la secesión (y el petroleo, por supuesto), y en Bolivia, las cuatro regiones más ricas y que reunen el 40% del petroleo ys están pidiendo la separación. Creo que en España la izquierda debería iniciar un proceso de formación mediante el cual se demuestre qie el nacionalismo es un egoísmo colectivo. Y por supuesto, esas absurdidades de estudiar la Historia de España a cachos, no puede ayudar en nada a que los alumnos tomen conciencia clara de nuestros problemas sociales, y terminen con una adscripción más folclórica que cultural.
2 Enero 2008 a las 7:58 pm
Perdón por la redacción, pero no veo bien el texto. Desaparecía en los bordes. Al final, por ejemplo, debe decir: y no terminen con una adscripción más floclórica que cultural.
2 Enero 2008 a las 8:16 pm
Quizás haría falta aclarar conceptos y, sobre todo, que la gente tomara una idea clara de lo que es la política (la Política con mayúsculas, que decía Marín).
Hay un problema gravísimo en los despachos: allí la política se convierte en un circo, estoy seguro de que muchos de ustedes se descojonan cada vez que escuchan hablar a Acebes o a Pepe Blanco, grandes figuras de la política circense, de la sátira de los ideales, se hable de una mamonez cualquiera o de un atentado en el que murieron casi 200 personas.
Este problema quizás venga condicionado por el problema que hay en la calle: somos imbéciles. Opinamos sobre cualquier cosa, pertenecemos a partidos políticos como quien se asocia a un club de fútbol (y el fútbol en España, “un país en el que todo el mundo es seleccionador menos el seleccionador”, no se da del todo bien).
Parece que en ocasiones que el militante pepero (por ejemplo) no sólo debe apoyar a su partido, con más razón en malas épocas (cual afición sevillista, cuando tocaba bajar a segunda), sino que además debe acosar y derribar al contrario, sea cual sea la argumentación (y se nos olvida una cosa: somos imbéciles).
En la izquierda pasa algo parecido. Somos imbéciles. Si vemos a un pepeísta meneando la bandera española parece que debemos no sólo perder la identificación, sino odiar el trapo como si fuera parafernalia fascista.
Son cosas de la política en minúsculas, la política de los imbéciles, ya sea de despacho o de calle, que es la política que divide a los hombres que se peen, pasan hambre y frío de otros hombres que también se peen, pasan hambre y frío, como si fueramos distintos.
2 Enero 2008 a las 10:27 pm
Amén, hermano.
4 Enero 2008 a las 8:44 pm
He querido dejar al margen a propósito el tema de los nacionalismos, porque ahí si que hay muchos temas que tratar desde muchísimos puntos de vista. Pero, resumiendo… en mi cabeza no se entiende que aquellos separatistas de España, ansíen sin embargo seguir involucrados en el proyecto europeo.
Aún así, Luis, no creo que al menos en el caso español los independentismos se agudicen con gobiernos de centro-izquierda. Quizá no hayamos tenido tiempo de comprobarlo.
E internacionalmente… ahora tenemos la declaración de independencia unilateral de Kosovo…