Aunque hoy sea jornada de reflexión, aunque el trágico atentado de ayer marque ahora la agenda política, sorprendiendo en una mañana de trabajo a un Ministerio del Interior que en su despacho decía “Lo sabía, sabía que estos canallas lo iban a intentar”, no quería dejar pasar el momento para escribir aquello sobre lo que quería hablaros ayer: todos aquellos poderes fácticos que han influido a lo largo de toda esta legislatura.
En especial, por haber sido actualidad esta semana, de dos en concreto: la Iglesia y la Asociación de Víctimas del Terrorismo. La Iglesia Católica siempre ha sido un poder fáctico, eso le viene desde su fundación. Pero en esta última legislatura ha sido especialmente crítica y desleal con el Gobierno que nos representa a todos, yendo más allá de lo que dictaban en los púlpitos; saliendo a la calle a convocar manifestaciones. Ahora, con la reelección hace unos días como presidente de la Conferencia Episcopal española del cardenal arzobispo Rouco Varela, la Iglesia española parece querer mantener su posición de extremismo conservador.
La AVT ha hecho lo mismo estos últimos cuatro años, con el señor Alcaraz a la cabeza, el cuál ha confirmado que en abril dejará de ser presidente de dicha asociación. Había veces que parecía que obedecía órdenes directas de los estretegas de Génova. Me corrijo… no lo parecía, estoy seguro de que esto era así. Según cuentan los entendidos, el cambio en la dirección de la asociación no va a llevarla a la moderación. Yo espero que sí. Entre otras cosas, porque es un sinsentido que quienes han sostenido durante cuatro años que el Presidente del Gobierno ha ‘traicionado a los españoles’ argumentándose con sandeces como que ‘ha vendido Navarra’, lo sigan haciendo cuando hoy va a tener que enterrar a un compañero de su partido, a un militante de base.
Ojalá la posición de unidad frente al terrorismo sea uno de los primeros asuntos en arreglarse al inicio de la próxima legislatura, gane quien gane mañana. Y sobre la Iglesia, sobre la AVT y cualquier otro similar, mi posición no es que se guarden su opinión. Lo que pido desde aquí, es que si van a politizar sus opiniones, lo hagan a las claras. No se puede tratar de representar a millones de seguidores religiosos o a algo tan delicado, con lo que tanto se sensibiliza nuestra sociedad como las víctimas terroristas, e identificarse automáticamente con una idea política. Que funden su propio partido político cada una de ellas, que concurran a las elecciones en las circunscripciones que estimen oportuno. O que se presenten como candidatos a Diputados por las listas del partido que crean conveniente. Pero que demuestren claramente que las víctimas no son propiedad del Partido Popular. Que demuestren que no todos los católicos son votantes de derecha. Que demuestren que son algo más que un arma electoralista.














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