Hoy es el día en el que celebramos la Nochebuena. Particularmente, no tenía pensado escribir nada sobre la Navidad, sus fiestas, sus grandes comidas, ni sobre nada de lo que la rodea. Yo trato de que esta época del año pase lo más rápido posible (ingenuamente creo que el segundero del reloj va a ir a más de 60 revoluciones por minuto porque yo lo pida con los ojos cerrados). Aunque trato de aparentar que para mí es una época del año más, que me importa un carajo, obviamente no lo hace, a nadie le pasa desapercibida la Navidad. Pese a que trates con todas tus fuerzas alejarte de ella, siempre estará presente en sus luces, en sus villancicos o en los anuncios de juguetes.
Pero ya dije que no quiero hablar de la Navidad. La frase que da título a esta entrada la utilizó mi amigo Gotardo J. González en estas palabras que dedicó a la “apertura” de este Bisturí Eléctrico. Realmente sí que se han repetido esos mismos pasajes en nuestras vidas en más de una ocasión. Pero más allá de eso, dándole vueltas a esas palabras desde que las escribió, me he dado cuenta de que los mismos pasajes se repiten en mi propia vida. Como si la vida fuera una sucesión cíclica de sucesos en los que nada más que cambian pequeños matices de una vez para otra. Sin embargo, esos matices pueden parecer más grandes de lo que son, confundirnos y hacernos pensar que no estamos ante una sucesión de los mismos hechos disfrazados.
En donde esos matices me confunden menos, dejando ver más claramente el hecho de la ciclicidad, es en las decepciones, que en mi vida son muchas -aunque no creo que más que en las del ciudadano medio. Probablemente porque en los aciertos, o precisando más, en los momentos en que aún no nos hemos decepcionado, la euforia no nos permite pensar en momentos anteriores, mientras que en los errores solemos recapacitar sobre lo que ha ocurrido de forma considerable.
Pero yo, como ya he dicho en otras ocasiones, soy un soñador. Y sueño con salir de este bucle infinito de decepciones en algún momento. Como quien sueña con ganar dinero suficiente como para cambiar de vida con la Lotería de Navidad. Y esto, nos devuelve a la Navidad. Que suele ser un ciclo de decepciones que nos toca vivir una vez al año. Y a su vez, todo lo que sucede una vez cada cierto tiempo, es por deficinición cíclico.














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