Antes de ayer un Consejo de Ministros convocado de forma extraordinaria, aprobaba la disolución de las cortes y la convocatoria de elecciones generales para el próximo día 9 de marzo. Hasta aquí el trámite burocrático que procede. A partir de ahora, estamos oficialmente en precampaña electoral.
Pero mucho antes de que esto haya ocurrido, la legislatura se acabó realmente: la última sesión ordinaria del Congreso se celebró en diciembre, convirtiéndose en una triste despedida para el Señor Marín. Y aún así, ante la proximidad de elecciones, hace meses que el Gobierno no ha tomado ninguna iniciativa que se pudiera calificar de sorprendente, pese a haberse dejado algunas interesantes propuestas de su programa electoral en el tintero; pese a no haber plantado cara a interesantes debates que se han saltado a primer plano de lo público en los últimos meses (una hipotética reforma de la Ley del Aborto, para que acabáramos con una a todas luces mejor ley de plazos, etc). Vamos, que en realidad, salvo por el reimpulso que la Ministra Chacón le ha dado a la Cartera de Vivienda, el PSOE bien podría haber hecho caso a las voces que le decían que era conveniente adelantar elecciones a septiembre.
Y es que cuando hay elecciones todo se pospone a cuando ellas llegan, confiando en que se va a ganar las elecciones obviamente, pero esperando ver con cuanto refuerzo moral se sale de dichas elecciones, esperando ver cuanto brazo saca tu electorado en ese pulso de votos. Da la casualidad de que yo tengo que tomar varias decisiones importantes en todos los planos de mi vida (laboral, académico e incluso sentimental) en marzo y asimismo, varios asuntos que no dependen de mí, pero yo sí de ellos, se esclarecerán en marzo. Soy un habitual seguidor de los temas políticos, es algo que desde pequeño siempre me ha atraído. Pero este año la campaña electoral, los mítines y los debates en televisión (que por primera vez desde hace doce años habrá en España… ¡Tres legislaturas!), los seguiré con especial interés, porque será también la antesala de la resolución de hacia dónde girará mi vida.














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