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En el tradicional discurso de Navidad de Su Majestad el Rey, Juan Carlos I hizo referencia a los treinta años que cumplirá la actual Constitución española el próximo año, que dentro de poco estrenaremos. Con ello evocaba toda la época de la transición política española y de rebote, nos hacía recordar lo importante que fue su figura en dicho período. Tal vez sabiéndose no tan indispensable a día de hoy (aparte de para tener como chascarrillo recurrente un aclamado ¿Por qué no te callas?), aludió a nuestras jóvenes memorias de demócratas para justificar su puesto de trabajo (y el de la familia, que son muchas bocas a las que dar de comer, oiga). Y ojo, antes de que la gente juzgue equivocadamente, yo soy un acérrimo Juancarlista.

Las transiciones no son fáciles de afrontar. En ningún ámbito de la vida. Especialmente porque no sé por qué extraña razón el ser humano no está acostumbrado al cambio. Eso lo saben bien todos aquellos que hayan leído el Best-Seller del psicólogo Spencer Johnson, “¿Quién se ha llevado mi queso?”. Es cierto, tal y como se explica en este libro ‘para ejecutivos’, que es necesario afrontar los cambios con la mayor rapidez posible, especialmente en el mundo de los negocios, donde quien gana o logra mayores éxitos es aquél capacitado para reaccionar ante el cambio velozmente. Pero también es verdad que algunos cambios requieren de mayor tiempo que otros. Hay quien afirma que la transición española duró hasta que el Partido Popular ganó sus primeras elecciones. Incluso hay teóricos que apuntan a que realmente nuestra transición no acabó hasta que J.L. Rodríguez Zapatero ganó las elecciones de 2004, justificándolo conque fue la primera vez que un partido que había perdido el poder en nuestra flamante democracia, lo recuperaba.

Y dicha transición política no podría haberse realizado más rápido. Habría salido mal sin lugar a dudas. Las transiciones, los cambios, necesitan de su propio tempo. Lo difícil está en saber administrarlo, porque el ser humano, cuando ya se ha dado cuenta de que el cambio va a suceder, es especialmente impaciente, queriendo las cosas aquí y ahora. Las transiciones, los cambios, son en realidad una sucesión de pequeños cambios, los cuales sí que hay que afrontar de manera inmediata, pero con miras al ‘gran cambio’ a medio o largo plazo. Es más, no es tanto el afrontarlos con rapidez como el ser conscientes rápidamente de que dicho cambio existe. Cosas como cambiar tu actitud hacia tus seres queridos (incluso cambiar tus sentimientos), darte cuenta de lo profunda que puede ser la soledad, buscar escalar puestos en el mundo laboral con grandes miras, afrontar el egoísmo que invade al mundo desde el punto de vista de un soñador, dejar un amor por otro más complicado, son retos que deben ser enfrentados con calma y sin tener en cuenta las presiones externas.

3 Respuestas a “Transición”
  1. El máster dice:

    Yo te voy a decir una cosa sobre los cambios: si todo el mundo tuviera el amable y pequeño gesto de dejar de usar cierto navegador imbécil para usar otros navegadores más cercanos a los estándares, otro gallo nos cantaría a los diseñadores…

  2. Luis dice:

    Creo que la transición no fue un movimiento espontaneo. Había que controlar el cambio, y se controló. Si alguien quiere sorprenderse que lea el discurso del secretario general de la UCD en su último congreso. Es sorprende la intente cantidad de medidas y leyes reformistas que se aprobaron. Pero ¿debería llevar a un “véis, véis”? Tal reacción sería ingenua.
    Más bien lleva a pensar:
    1) ¿Todas estas medidas de protección social se pueden realizar ahora y no antes? ¿Tan radicalmente ha cambiado nuestra economía?
    2) No cabe duda que esto legitima a los nuevos partidos conversos. Adolfo Suarez era Sº General del Movimiento Nacional. Es decir, la transición la controlaron ellos. ¿Cuáles es la deriva en el rumbo de la democracia?
    3) Lo fundamental no cambio. La constitución consagra la economía de mercado, y los acuerdos desventajosos con los EEUU prosiguieron mejorados. Luego se dio un doble salto: ingresar en la OTAN y hacer lo que nadie había hecho, legitimarla en las urnas.
    5) En estas situaciones, y en todas las demás, es cuando más importa no olvidar la clásica diferentación entre detentar el poder (principalmente económico + el judicial + el militar + las universidades + ciertas embajadas excesivamente intervencionistas… y el gobierno. Tener el gobierno y no tener el poder es llorar. Tener el poder y no tener el gobierno es tener el sistema general que perdura, es decir, que sigues mandando…

  3. Sebas L. dice:

    Sin duda alguna, el lugar al que menos ha llegado la democracia es al ámbito judicial, donde dejando aparte el juego de este final de año de las recusaciones, parece demencial que se encuentre bloqueado uno de los tribunales de justicia más importantes del Estado por el empecinamiento de los conservadores por mantener su poder a capa y espada.

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