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(Viene de “Una noche sin dormir II”

Si amanece, nos vamos

Con la excitación que produce saberse conocedor del engaño, con la excitación que también invadía a Julio, proseguí mi andadura por la novela. Mi andadura por la madrugada. Mi andadura por mi vida. “A los hombres les gustan las melenas. Bueno, a los hombres les gusta cualquier cosa, pero la mujer que llevan dentro de la cabeza tiene melena.” Esa frase aparentemente vacua, dicha por uno de los personajes secundarios de la novela, me la devolvió de golpe a mi cabeza. A Ella. En realidad a todas ellas, que son la misma ‘Ella’ al fin y al cabo. Es cierto, la mujer que llevo dentro de la cabeza tiene melena. Y Ella, acaba de desprenderse hace unos días de parte de su pelo. Por otro lado, tengo una amiga que se altera bastante cuando escucha a algún grupo de hombres hablar sobre su prototipo físico de mujer. Sostiene con un fuerte aire feminista, invadida de una cólera desproporcionada, que a los hombres nos gustan aquellas mujeres con las que creemos que tenemos posibilidades, que nos gusta cualquier cosa.

El caso es que estaba de nuevo en mi cabeza, en esta ocasión sin melena, pero con sus ojos manifestando su clara y transparente mirada, con su voz tierna y dulce a la par que tranquilzadora y el halo de inocencia que me apresa cada vez que la miro. El halo de inocencia que desprende cada vez que pienso en ella. “Sólo aprecian lo que tienen cuando lo miran” escribe en un email el antagonista acercándonos al final del libro, justo antes de relatar una explícita fantasía sexual, que me hizo evocar todos los momentos de tensión sexual con Ella. Ahora Ella ‘pertenece’ a otro (no creo que las personas nos pertenezcamos unas a otras, pero es la frase hecha más apropiada). Otro que seguramente ha aprendido a apreciar más lo que tiene desde que yo lo miré. Es curiosa la forma con la que, sin darme cuenta, he creado a mi personaje en la novela paralela de mi vida uniendo a la vez los rasgos del protagonista y del antagonista de la novela de Millás. En realidad, en la novela también son el mismo personaje.

La misma mujer que en la novela habla sobre su melena, tiene una hija. Ellas son su única familia y la madre rechaza que cualquier hombre se acerque a ejercer el papel de macho sobreprotector. También defendiendo sus palabras con un duro discurso feminista. Pero en realidad sí que necesitan a alguien más, en realidad no paran de buscarlo. Yo en esta ocasión me acuerdo de Ella porque su familia también es sólo su madre. Y no necesitan a nadie y además, ni aún queriéndolo, yo nunca seré un macho sobreprotector. Su madre ha sacado su reducida familia hacia delante muy bien ella sola y ha convertido a su pequeña hija en una joven mujer admirable. En cierto modo yo ya me siento una parte de su familia, seguramente porque sí que necesitaba a alguien como yo, pero sobre todo, porque yo necesitaba desesperadamente a alguien como ella en una etapa de mi vida en la que toda mi familia (no-sanguínea como diría ella) se desmoronó.

Finalizando el libro, haciendo referencia a las relaciones de pareja, el protagonista reflexiona “Siempre hay alguien que sabe más que el otro”. Ella posiblemente sepa más que yo. De hecho, sabe más que ‘el otro’ con el que está. Tal vez ella y yo seamos tan parecidos, tan soulmates, que simplemente ninguno de los dos sepa nada.

Acabé la novela y me quedé un buen rato con ella en las manos, mirando al vacío, reflexionando y terminando de ‘escribir’ la novela que había estado creando en paralelo durante toda la noche. Encendí la radio, comenzaba la segunda hora de Si amanece, nos vamos en la Cadena SER, por lo que eran ya las cinco de la mañana. Volví a la radio, volví a la realidad, volví a la rutina.

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