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Ana Bolena

Nueve de la mañana, 19 de Mayo de 1536, una espada, traida de Calais para la ocasión al igual que el verdugo, corta el aire y Ana Bolena, segunda esposa de Enrique VIII, es decapitada, acusada de múltiples adulterios, extinguiéndose no sólo su vida sino la del hijo que llevaba en sus entrañas.

Hija de Thomas Bolena e Isabel Howard, Ana es la continuación de amantes de esta familia con el rey, tradición que comenzó la madre y luego con su hermana María. La familia Bolena progresaba cuando Ana, tras volver a Londres después de estar al servicio de Margarita de Austria, se convirtió en "esa grata doncella" que "había sido destinada por su majestad a otra importante persona" cuando Henry Percy pretendiera su mano.

A pesar de que tuvo que retirarse por recomendación de su padre, el cual, gracias a su hija recibe el título de Lord Rochford, un puesto en la Cámara de los Lores y es nombrado par del reino, al condado de Kent, el rey no olvida su gracia, su alegría y su belleza -quizá también sus sies dedos- ("todo mi corazón, mi alma y mi ser te pertenecen y te espero anhelante el día en que seáis mi cuerpo, lo que diariamente ruego a Dios me conceda"). Los intentos por cortejarla por parte de su primo y poeta Thomas Wyat caen en vacío ("Noli me tangere , for Caesar’s I am, And wild for to hold, though I seem tame."). Enrique le solicita un encuentro y éste se produce en el castillo de Kent, donde, según la leyenda, las piedras temblaron por la pasión. Catalina, primera esposa, hija de los Reyes Caóticos, soportaba lo mejor que podía los deslices de su marido.

Sin embargo, Ana Bolena no se conformaba con ser una amante más, una de tantas de las que Enrique VIII se encaprichaba para luego casarlas cuando estaba cansado de ellas; su fin era el matrimonio y el destino le brindó ser la madre de la futura reina Isabel I. Catalina no tenía, por su edad, posibilidades de tener más hijos, a lo que se unía que de los siete que tuvo, sólo sobrevivió María Tudor, la cual no aseguraba una sucesión pacífica y que sería declarada bastarda más adelante. Tras jugar el rey con reconciliaciones con su esposa, querida por el pueblo, al contrario que la arrogante Ana, con la cual se paseaba constantemente, el 14 de Julio de 1531 la abandonó.

Las apuestas fueron altas. Si había divorcio, Roma amenazó con la excomunión y si se casaba con Ana no reconocerían el trono de Inglaterra. Enrique, tras multar con cien mil libras al clero por hacer caso a la extranjera Roma, con prisa porque esperaba un hijo y quería que fuese de un matrimonio legítimo, fue casado por Cranmer el 25 de Enero de 1533 tras otrorgarle a Ana el título de Marquesa de Pembroke y darle así rango noble. El resultado religioso es conocido por todos. El 23 de Mayo, los jueces y obispos más importantes del reino, promulgaron nulo el matrimonio de Catalina y Enrique. El 1 de Junio, en la famosa abadía de Westminster, Ana Bolena fue coronada. El desafío fue completo cuando el Parlamento aprobó en 1534 el decreto mediante el cual tanto el rey como sus sucesores se convierten en jefes supremos de la Iglesia de Inglaterra (la no aceptación de esto suponía condena a muerte por alta traición). Roma reaccionó, tarde pero reaccionó. El 23 de Marzo declaró válido el matrimonio de Catalina y Enrique pero ya todos los resortes del poder estaban controlados por el rey. El catolicismo no peligraba en principio ya que Enrique VIII consideraba la doctrina luterana como herejía, no así su consejero Thomas Cromwell, que lo pagaría con la vida.

El nacimiento de la que sería Isabel de Inglaterra se produjo en Septiembre de 1533. Enrique quedó decepcionado ya que Ana tampoco le había dado su ansiado hijo varón. La relación entre ambos se enfriaba a pasos agigantados: Ana no era aceptada por el pueblo, que la llamaba "la ramera del rey", sobre todo por su arrogancia, el rey por su parte contrajo la prácticamente desconocida sífilis, lo que contribuyó a que su carácter se volviera más árido. La principal causa del fracaso de la relación tuvo nombre propio: Jane Seymor, la cual le daría más adelante el esperado hijo varón. El rey Enrique VIII la encontró en la Corte cuando ella tenía 25 años, sin embargo, el hecho de que Ana volviese a estar embarazada, aplazó el nuevo romance.

El resultado del embarazo de Ana fue un aborto, lo que supuso que el rey se distanciase aún más si cabe y considerase a su esposa como un problema, tanto interior por su escasa popularidad, como exterior ya que tanto ella como su camarilla perjudicaban el deseado acercamiento hacia Carlos V por su tenencia luterana, acercamiento posible tras la muerte de Catalina en Enero de 1536 y la suavización del enfrentamiento.

Ana Bolena llegaba a su final, Cromwell se encargaría de ello. Mark Smeaton era un músico que actuaba ante los monarcas con relativa asiduidad; en Mayo de 1536, fue acusado de ser el amante de la reina, lo cual tuvo que confesar tras ser torturado diciendo que había ocurrido en tres ocasiones (al ser un personaje humilde, la vergüenza era mayor). Las acusaciones de adulterio supusieron la muerte de Ana, de su primo Harry, de los caballeros William Weston y Richard Bereton , de su hermano lord Rochford Smeaton y del músico.

Según una carta enviada por Enrique VIII a sus embajadores de Roma y París, la pareja esperaba un hijo; Cromwell se encargó de convencer al rey de que ese vástago no era suyo y de que incluso tramaba su asesinato para casarse con uno de sus amantes y convertirse en regente, algo muy poco probable al igual que las veintidós acusaciones de adulterio. El hecho de que Ana estuviese embarazada debería, al menos, haber retrasado su ejecución, sin embargo había prisa y este hecho no hacía más que agravar el problema el cual requería una rápida solución para que no tuviera lugar el nacimiento.

Enrique VIII no sólo se casó con Jane Seymour ("Nacida para obedecer y servir") a los diez días sino que también se ocupó de que su matrimonio con Ana Bolena fuera declarado nulo; así, el 17 de Mayo, un tribunal cuyo presidente era Cranmer, declaró nulo el enlace tras entrevistarse con Ana en la Torre de Londres por razones que no conocemos y que por ser tan horrorosas no nos fueron presentadas. Una de las hipótesis más conocidas es la que se basa en la creencia de que Ana Bolena, segunda esposa de Enrique VIII, ejecutada injustamente, también era su hija.

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