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Polvo eres y en polvo te convertirás

Así se anuncia, el Miércoles de Ceniza, la Cuaresma, esos cuarenta días de penitencia en homenaje a los que Jesús pasó en ayuno: Comienzan los días de abstinencia, todos los Viernes, y de ayuno y abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

Para los cristianos este es un pequeño sacrificio para purgar su mal, una muestra de arrepentimiento y de acción de gracias por el sacrificio que se realizó por nuestra salvación. El estándar consiste en no abusar de las comidas, en no embotarse y, si se quiere uno esforzar, prescindir de los aperitivos. Por supuesto, ciertos sectores de la población, como los niños, quedan religiosamente exentos.

El Miércoles de Ceniza, y el Viernes Santo son días en los que se añade el ayuno a la abstinencia solicitada del resto de los Viernes de la Cuaresma. La idea inicial era prescindir de la carne por ser un alimento muy costoso, un lujo para la población. Con el paso del tiempo ha perdido cierto sentido ya que el pescado es casi prohibitivo para el bolsillo de la mayoría de los mortales. Se trataba de que el dinero que no se gastaba en ese manjar se diese a los pobres, algo creo poco practicado.

La tradición se ha ido desvirtuando, primero haciendo el tremendo esfuerzo de, en lugar de una chuleta de cerdo, comernos cuatro quilos de langostinos, que no es carne, con lo cual cumplimos, hasta simplemente no observarla ya que, a la falta de práctica religiosa se une que es considerado un poco absurdo.

La comida más conocida de esta época es el potaje cuaresmal, cocido de garbanzos con bacalao y espinacas entre otros ingredientes que varían según la región. También son típicos los roscos, el arroz con leche y las torrijas.

Virgen del Rosario. Foto de Patricia Pérez Domínguez

Éste es un periodo de preparación para vivir la Semana Santa, la cual comienza el Domingo de Ramos, día en que Jesús entra en Jerusalén a lomos de una borriquilla vitoreado por el pueblo que agitaba ramas de olivo y palmas (este día fue conocido también como Domingo de Lázaro) y que se rememora de esta forma al menos desde el siglo V: tenía lugar en Jerusalén una procesión que partía desde el Huerto de los Olivos hasta la Iglesia de la Resurrección -Anástasis-. Esto lo sabemos por El Itinerario de Egeria, viajera hispana que vivió durante ese siglo V y que dice haber participado en ella. Las palmas y ramos comenzaron a bendecirse en el siglo VIII los cuales, ya benditos, se colocaban en las casas para así protegerse de epidemias y desinfortunios, algo que se sigue haciendo.

El primer documento que habla de tal procesión en España es el de Don Sancho, hermano de Alfonso X El Sabio, que data del año 1279 y trata no sólo de ésta sino de la celebración de la Semana Santa completa en Zamora.

El Lunes, Martes y Miércoles Santo se centran en la predicación de Jesús además de prepararnos para la celebración del Triduo Pascual (Jueves, Viernes y Sábado Santo) y  del Domingo de Resurrección.

Cristo de las Tres Caídas Foto de Patricia Pérez Domínguez

El Jueves Santo es la entrada a los pesos pesados de esta semana. Este día se recuerda sobre todo la Última Cena, lavatorio de pies incluido, junto con la consagración de los santos óleos. Las ceremonias en un principio se iban sucediendo a lo largo del día. La vespertina conmemoraba la Última Cena, al final de la cual, desde el siglo XI, se reservaba el pan sobrante en el monumentum, sagrario apartado del habitual, para que los feligreses pudieran comulgar el Viernes Santo ya que es el único día del año litúrgico en el que no se consagra ya que Jesús está muerto.

Había una segunda misa dedicada a los penitentes que, aunque data del siglo I, obtuvo gran importancia en la Edad Media. Estos excomulgados el Miércoles de Ceniza declaraban sus pecados ante el obispo, el cual les imponía la ceniza y una penitencia pública junto con la obligación de ir ataviados con un traje llamado Cilicium y de sentarse en los últimos bancos de la Iglesia. El Jueves Santo eran llevados al centro del templo donde se postraban completamente; un diácono iba relatando en qué había consistido la penitencia y, junto al pueblo, pedía su absolución. El obispo, tras orar, los reintegraba al seno de la Iglesia.

La tercera era la llamada Misa Crismal en la cual el obispo junto con sus sacerdotes celebraba una Eucaristía durante la que consagraba los óleos que se administran en los Sacramentos del Bautismo, la Orden Sacerdotal y la Unción de Enfermos.

Al anochecer se encuentra el origen de la oración nocturna, una vigilia en la que se rememora la oración de Jesús en Getsemaní, su prendimiento y el posterior interrogatorio que duraba toda la noche (también se conoce como Hora Santa). Llegaba el momento de la reflexión, del recogimiento, de imbuirse en la experiencia llegando incluso a guardar silencio absoluto durante el Triduo (los días quietos anglosajones).

Este Jueves Santo es cuando se considera no sólo que se instituye la Eucaristía sino además el sacerdocio; también es el día del amor fraterno, el día de amar “como yo os he amado”.

Última Cena. Foto de Patricia Pérez Domínguez

El Viernes Santo es el día más dramático, es en el que se celebra la Pasión y Muerte de Jesús para la expiación de nuestros pecados y que se rememora hoy en día por medio del Via Crucis, que consiste en catorce estaciones, el Juicio, la Pasión y la Crucifixión. El primer Via Crucis de Occidente se produjo en 1420 pero la tradición de rezar las estaciones comenzó en el siglo IV en Jerusalén. Esta Vía Dolorosa llegó a ser acompañada por el Arrastre de la Cruz en la que, incluso reyes, cogían una como lo había hecho Jesús.

El Viernes Santo el sagrario permanece abierto y vacío como muestra de la muerte de Jesús; es un día solemne en el que los altares permanecen desnudos, llegándose incluso a cubrir los ornamentos del templo y los retablos con lienzos. Las velas están apagadas y las campanas no resuenan. La lectura que se realiza es la de la Pasión según San Juan y se comulga con las formas sobrantes del día anterior. éste es el día de ayuno y silencio más riguroso. A última hora se realiza, por lo menos desde el siglo V, la Adoración de la Cruz , acto que tomó fuerza a partir del siglo VII con Heraclio. Los cristianos de los tres primeros siglos consideraban infame representar a Jesús crucificado pero poco a poco fue aumentando esta adoración por la reliquia ya que se consideraba que fue una muestra de triunfo. El cenit de este culto llegaría en el siglo IX con Alcuino de Cork y su Oficio de la fiesta de la Invención de la Cruz. Hay que tener en cuenta que la cruz era la máxima pena que imponía el Imperio, una pena tan denigrante que los ciudadanos romanos no podían sufrirla y que suponía el rechazo social hacia los allegados al crucificado ya que solo sufrían este castigo los enemigos del Imperio, los presos políticos y los rebeldes capturados en guerra.

En el Sábado Santo o Sábado de Gloria tiene lugar el acto central de la Semana Santa y, por tanto, del año litúrgico: la Vigilia Pascual. Se celebra, llegada la noche, la Resurrección de Cristo y, con ella, su triunfo sobre el pecado y la muerte. Se realizan unos ritos muy cargados de simbolismo entre los que destacan la Bendición del Fuego Nuevo y la proclamación de la Resurrección por medio del canto del Pregón Pascual (Exultet). La Bendición del Fuego Nuevo tiene probablemente origen celta y fue incorporado por la Iglesia gálica en el siglo VIII. Consiste en proporcionar la llama para el encendido del Cirio Pascual que representa al Cristo resucitado. El templo, a oscuras en el inicio, se va iluminando con su paso mientras los presentes van encendiendo de él sus velas. Permanece todo el año en el templo como símbolo memorial de la Celebración Pascual.

El Domingo de Resurrección se celebra lo que anticipa tal Vigilia Pascual, el regreso de Jesús, su triunfo sobre la Muerte y sobre el Pecado. Este es un día de extrema alegría, un día que da sentido a toda la religión cristiana. La Pascua , que dura cincuenta días, se inaugura mientras se vuelve a la vida normal, dejando atrás las austeridades, los silencios, los ayunos.
Este día constituía también el anticipo de la primavera, de la estación más cercana al amor, de los múltiples casamientos que tenían lugar el Domingo de Cuasimodo.

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