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Juan Ramón Jiménez

<p>Hay poetas que son pr&aacute;cticamente imposibles de explicar, hay poemas que son indescriptibles puesto que poseen un poder demasiado superior, uno semejante al del dios creador, con el que no s&oacute;lo se dan a luz versos o prosas por medio de palabras, sino que nos brindan un estremecimiento y una necesidad de buscar la inocencia necesaria para comprender, para anhelar la Belleza. </p>
<p>No puede ser sino en una torre de marfil donde tenga el germen el encanto supremo, el arte de pintar y recrear los m&aacute;s sublimes paisajes, los m&aacute;s preciosos versos, los sentimientos m&aacute;s profundos. </p>
<p>En un momento en el que la literatura hisp&aacute;nica rechaza lo antiguo optando por la forma ardua o por el Arte por el Arte, surge la figura inmensa de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, el poeta que transform&oacute; un burro en una especie de bellocino de oro, al que todos hemos amado, entrando en Moguer, viendo sus amaneceres, sus atardeceres, sus ni&ntilde;os, sus ancianas. </p>
<p>Su prosa exquisita, no empalagosa como la de Mir&oacute;, sino suave, corriendo por nuestra sangre y llegando a todo nuestro cuerpo y a&uacute;n m&aacute;s all&aacute;, han llenado demasiadas tarde como para olvidarnos de &eacute;l cuando se cumplen cincuenta a&ntilde;os de su Premio Nobel. Sus poemas y sus versos, que a veces son una misma cosa, nos han hecho viajar a trav&eacute;s de los sentimientos m&aacute;s profundos del alma y del mundo, porque s&oacute;lo &eacute;l nos puede presentar un escenario tan extremadamente bello, tan sumamente alejado de lo cotidiano, tan delicado que quiz&aacute; con un peque&ntilde;o pasar de hoja se puede romper en mil pedazos. </p>
<p>Juan Ram&oacute;n es la poes&iacute;a, junto con su eterna b&uacute;squeda que nos ha hecho casi imposible seguir sus pasos. Continuas correcciones nos llevan a buscar un poema que nunca ser&aacute; definitivo, que hoy en d&iacute;a sabemos que si pudiese cambiar&iacute;a de tonalidad, de b&uacute;squeda, de existencia. </p>
<p>Lleg&oacute; a Madrid en mil novecientos para luchar por el Modernismo; lo esperaban Dar&iacute;o y Villaespesa, y el joven lleg&oacute; y cumpli&oacute; sobradamente no s&oacute;lo con su primera misi&oacute;n, sino que nos regal&oacute; una evoluci&oacute;n que lo convierte en uno de los autores imprescindibles de la literatura. </p>
<p>Hay dos formas de que se haga esto, con o sin ustedes; si lo desean podemos disfrutar a Juan Ram&oacute;n en el foro, intentando comprender y asir lo que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de los humildes mortales, regode&aacute;ndonos en im&aacute;genes, pensamientos o lo que deseen; la otra es escribiendo yo sobre &eacute;l, dando mi punto de vista, mi versi&oacute;n particular de una visi&oacute;n del mundo que nunca sabr&eacute; ni podr&eacute; abarcar pero que, probablemente, quedar&aacute; muy resabiada. Ustedes deciden. </p>

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