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Renaud Capuçon: La música española y los compositores europeos

El cielo estrellado de una noche de verano cubría el Palacio de Carlos V, en el mágico complejo palatino de la Alhambra. En el marco del Festival Internacional de Música y Danza, la Orquesta Ciudad de Granada interpretaba varias piezas de compositores franceses, dominadas todas ellas por el influjo de lo español. La fascinación que la música española del siglo XIX y principios del XX causó en los compositores europeos, dio lugar a piezas de una sutileza melódica y un refinamiento fuera de lo común, composiciones de belleza estética clásica arropadas por el calor del sentir mediterráneo. Los motivos españoles aportan calidez y sensualidad a una música hasta entonces dominada por el influjo clásico centroeuropeo, como gruesas pinceladas impresionistas trazadas con indolencia sobre un lienzo clásico.

Jean Jacques Kantorow, francés y actual director artístico de la Orquesta Ciudad de Granada, declaró antes del concierto que en su opinión el programa de anoche era “casi perfecto”. Pues bien, si el programa en sí era ciertamente selecto, la interpretación de la OCG no fue para menos. La Orquesta estuvo sobresaliente a lo largo de la actuación, interpretando notablemente el estreno de “Otra Noche (Recordando a Manuel de Falla)”, del compositor Vincent Paulet (árdua tarea, dada la escasa afición del público a la música contemporánea), y alcanzando su punto álgido con la “Sinfonía en Do” de Bizet, autor de la conocida ópera “Carmen”.

Pero el protagonista de la noche fue el joven violinista francés Renaud Capuçon (Chambery, 1976) que, en una interpretación espectacular de “Caprice Andalou” del compositor Saint-Saëns, y de la "Symphonie espagnole" de Éduard Lalo, deslumbró, y casi eclipsó al resto de músicos de la orquesta. Renaud Capuçon desbordó maestría y destreza sobre el escenario del Carlos V, enarbolando el arco del violín cual tirador de esgrima, y logrando sin esfuerzo aparente un virtuosismo a la vez elegante y colorido. Cada caricia del arco sobre las cuerdas provocaba un cúmulo nuevo y diferenciado de sensaciones, explotando al máximo las posibilidades del instrumento. Capuçon supo meterse al público en el bolsillo, que agradeció el espectáculo con un aplauso cerrado y sincero. Granada se rindió a Capuçon, a su música y a su personalidad.

Fue anoche una de esas pocas veces en que, como espectador, salí con la satisfacción y la plena certeza de haber visto en vivo a uno de los músicos con más talento de la escena internacional del momento.

Granada, Julio de 2007

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