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Juan Bustos Rodríguez

Tal vez este sea uno de los artículos más complicados de escribir para mí porque en él se une lo profesional con lo personal; la objetividad normalmente se ve empañada por un fino cristal, por un imperceptible velo que nos manipula la realidad sin que apenas seamos conscientes. En este caso además se produce de forma consciente. Toda vida, toda persona tiene su parte buena y su parte no tan buena; al escribir una biografía, al hablar sobre cualquiera, siempre he defendido que se cuenten los dos lados, que se trate una existencia al completo, con sus errores y con sus virtudes porque eso es lo que forma a un hombre. El obviar diferentes aspectos es como observar nuestras huellas en la arena después de que el mar borre parte de ellas: lo que queda no somos nosotros sino sólo una parte, un pequeño rastro de lo que fuimos, una figura sin su sombra.

El nacimiento del día 25 de Enero del 2005 nos sorprendió a muchos con la noticia de la muerte de Juan Bustos; es cierto que su estado de salud era delicado, que su corazón podía fallar en cualquier momento desde hacía ya mucho, pero siempre había salido airoso. Siempre había sabido que podía tener un susto, mientras se tomaba una copa de buen vino repetía con cada Ducados que le ofrecía y el fumaba con deleite: "No debería, pero bueno, por uno tampoco va a pasar nada". Su larga trayectoria periodística se vio medianamente compensada con dos premios de los que siempre se sintió especialmente orgulloso, el Ondas en compensación por su trabajo en Radio Granada, Cadena Ser, y uno que obtuvo de la Diputación de Granada, el José María Bugella, por sus crónicas de las fiestas de aquí.

Además de ser Jefe del Gabinete de Prensa del Gobierno Civil, su labor siempre ha ido unida bien al diario Patria bien a Ideal, periódico en el que trabajó hasta sus últimos días. Casi todos los rincones de la ciudad de Granada han quedado recogidos en su amplia obra, desde aquella "Granada en pasos perdidos" que le valdría para ser nombrado Cronista Oficial; sin embargo su trabajo no se ciñó sólo a eso sino también a los personajes que recorrieron sus calles, unos conocidos, otros pertenecientes a esa "intrahistoria" unamuniana. Su prosa siempre fue ágil y fresca, sin ese regusto empalagoso y cultureta tan usual en los últimos tiempos; escribía como hablaba, siempre de manera amable, buscando cierta complicidad y una comunicación lo más perfecta posible. Disfrutaba contando todo lo que sabía, recordando pequeñas historias, atendiendo amablemente a cualquiera que en un bar o en la calle lo abordase para simplemente comentarle que leía su sección de "Puerta Real" los lunes en Ideal. Lo que peor llevaba era ver como poco a poco la mediocridad se iba instalando en esta sociedad, cómo avanzaba a pasos agigantados la incultural, la mala educación, los elitismos vulgares.

A pesar de que él mismo comentaba que estaba ya viejo, que estaba cansado y que cada vez le costaba más trabajar, siempre estaba dispuesto a echar un cable, a acudir a una entrevista a su Cadena Ser, a preparar un nuevo artículo para su periódico Ideal.

Sevillano de nacimiento y granadino de adopción, la labor realizada por don Juan Bustos Rodríguez rememorando una Granada de la que cada vez queda menos, viajando a por personajes cuyas palabras se perdieron, buceando por la sociedad del anonimato, no debería olvidarse nunca en esta ciudad.

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