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La hija del curandero, de Amy Tan

Amy Tan, Tan Enmei, es una prodigiosa productora de novelas vendibles y sin embargo interesantes. Mundialmente conocida por El club de la buena estrella, su primera novela (1989), best-seller que ha saltado a la gran pantalla, también ha escrito La esposa del dios del fuego (1991) y Los cien sentidos secretos (1995).
Sin embargo, la novela La hija del curandero, espectacularmente densa en cuanto a riqueza de motivos narrativos, ha pasado más o menos desapercibida por la crítica, sea esta positiva o negativa; probablemente eclipsada por el efectismo de la ambientación de El club de la buena estrella, presenta sin embargo de una manera muy verosímil una historia doble, bífida, que desplaza la línea temporal de los personajes principales alternativamente entre la primera mitad del siglo pasado y sus últimos años .comienzos del XXI-: la novela ha sido publicada en 2001, dato editorial, significativo sin embargo, porque La hija del curandero esconde, tras esa tercera persona de portada, verosimilitud y también verdad: el relato crea un microcosmos novelesco  invadido de Historia y de Biografismo:

El último día que mi madre pasó en la tierra
Descubrí su verdadero nombre y el de mi abuela.
Este libro está dedicado a ellas:
Li Bingzi
y
Gu Jingmei.

De este modo, la novela se estructura alrededor de dos voces narrativas; la primera es la figura materna, su palabra en primera persona, su estilo sutil y exaltado, su alma dolida y su memoria demasiado llena: “Estas son las cosas que sé son verdad: Me llamo LuLing Liu Young. Mis maridos fueron Pan Kai Ping y Edwin Young; ambos murieron y se llevaron consigo nuestros secretos. Mi hija es Ruth Luyi Young. Ella nació en un año del Dragón de Agua y yo, en un año del Dragón de Fuego. De manera que somos iguales pero por razones opuestas”; la segunda voz presenta la vida de la hija y su historia narrada en tercera persona: “Durante los últimos ocho años, cada 12 de agosto Ruth Young perdía la voz. Sucedió por primera vez cuando se mudó al piso de Art en San Francisco. Durante varios días Ruth sólo fue capaz de emitir silbidos, como u n hervidor de agua desatendido”. Dos voces que se alternan en contrapunto, diferentes, iguales, como predica el diario materno, en tensión entre dos lugares distantes, dos épocas distintas y dos generaciones equidistantes… Madre e hija tienden hacia un fin, de manera más o menos consciente: el desvelamiento de la verdad. Ya lo dijo Auden, en el siglo XIX, y no sería el primero: At last, the secret is out. Es más, el teórico literario Roland Barthes afirma que escribir novelas es una constante búsqueda de los orígenes.  La hija del curandero también pone en escena esa Odisea personal.

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