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Li He, poemas inéditos

(publicado en marzo de 2008)

LI HE (791-817)

Nació en Luoyang, de nombre de cortesía Changji (Larga fortuna). Este poeta precoz emparentado con la familia imperial de la dinastía más literaria de China, la Tang (618-907), no fue tan afortunado como su nombre de cortesía auguraba. Huérfano siendo un adolescente, sus intentos de acceder a la carrera mandarinal se vieron obstaculizados por la coincidencia del nombre de su padre con un carácter prohibido. Tras asumir un par de cargos oscuros, regresaría a su tierra para morir, a los 27 años, de tuberculosis.

Su dominio de la técnica poética contrasta con lo heterodoxo de sus esquemas rítmicos, de sus cambios de tono abruptos y, sobre todo, de sus imágenes, sorprendentes y dramáticas, con las que manifiesta los tiempos de crisis en los que vivió. Considerado un poeta maldito y castigado con el olvido por ello, es, sin embargo, uno de los autores fundamentales de la dinastía Tang por el contraste con la poesía más dulcificada de muchos de sus coetáneos

 

 

Sobre la poesía de Li He (Du Mu)

 

Las nubes y la bruma mezclándose dulcemente no pueden describir sus formas; las aguas serpenteantes no pueden describir sus sentimientos; el verdor de la primavera no puede describir su calidez; la claridad del otoño no puede describir su estilo; un mástil en el viento, caballos en el frente de batalla no pueden describir su vigor; féretros de tierra y trípodes con sellos no pueden describir su antigüedad; los brotes frescos de las estaciones y las dulces muchachas no pueden describir sus encantos; los reinos devastados y los palacios saqueados, los matorrales espinosos y los túmulos funerarios no pueden describir su resentimiento y dolor, ballenas resoplando, tortugas impulsivas, los fantasmas de cabeza de buey, espíritus de cuerpo de serpiente, no pueden describir su amor por la extravagancia y lo irreal.

 

El rey de Qin bebe vino1

El rey de Qin cabalga sobre un tigre, recorre los ocho confines
El brillo de su espada ilumina el verde azul del cielo.
Xihe2, fustiga al sol con un tintineo de cristal.
Las cenizas del mundo desaparecen, pasado y presente se apaciguan.

Cabezas de dragones escancian vino invitando a la Estrella del Licor
Mandolinas talladas en oro resuenan en la noche;
los pies de la lluvia en el lago Dongting entonan sus flautas
y ebrio de vino, hago retroceder a la luna.

Las nubes plateadas, peinadas, acunan el brillo de la estancia,
el guardia de la puerta de palacio informa de la hora prima.
Fénix de jade de la torre florida, de voz suave e intensa
Adornos encarnados, sedas de mar, con  aromas claros, limpios
Cisnes amarillos tropiezan al bailar. ¡Brindemos por mil años!

La cera ligera humea resbalando por el árbol de las velas de los inmortales,
las lágrimas inundan los ojos ebrios de “La Cítara Azul”.

 

Sátira contra el sentimiento

¿Por qué, en el monte Sur, esta melancolía?
Fantasmas lloran sobre la hierba vacía
En la Larga paz es otoño a medianoche
¿Ante el viento quién no se reclina?

Se pierde el camino al anochecer
Cadenas azules, el sendero se parte
Luna alta, árboles sin sombra
El monte entero es alba blanca

Hombres nuevos con antorchas en sus puños3
Luciérnagas brillantes jugando entre las oscuras tumbas.

 

En Changgu, para mi criado Pa

Ecos de insectos adelgazan la luz de la vela
Noche fría, espesa de humores medicinales
Compadeces al caminante de  alas quebradas
Y aún en la amargura sigues a mi lado

 

Respuesta de Pa

Nariz gigantesca, acorde con bastas vestiduras
Frondosas cejas penetrando su amargo suspirar
Si mi señor no cantara sus baladas
¿quién sabría lo profundo de la melancolía otoñal?

 

El patio sur (nº 6)

Busco en los textos, ensarto frases, viejo tallador de orugas
Con la luna del alba, arco de jade, tras los visillos
No veo los cambios, año tras año, del mar
Ni sé dónde la literatura llora el viento de otoño

 

La tumba de Su Xiaoxiao

Rocío sobre orquídeas solitarias
Asemejan unos ojos en llanto
Nada en el mundo ata el corazón
Ni corta las flores de las nubes
La hierba es una alfombra
Los pinos, un refugio
El viento como falda
El agua, adornos de jade
Su carro engalanado
la espera en la noche.
Frío verde de una vela
Fatigada de alumbrar.

Bajo la tumba del oeste
El viento sopla la lluvia.

 

La copa de vino

Una hermosa doncella con una jarra de vino;
El rostro de otoño llenando diez mil li;
un caballo de piedra tumbado en la bruma temprana;
¿A qué se asemeja la tristeza?
El sonido del canto se apaga
Se levanta el viento de los árboles
La larga falda oprime el suelo
Sus ojos de lágrimas fijos en las flores del altar.

 

Soñando con el cielo

La vieja liebre, el gélido sapo lloran el rostro del cielo
Pabellones de nubes entreabiertos blanquean al sesgo los muros
Ruedas de jade chirrían sobre el rocío, humedecen el círculo de la luz
Pendientes de fénix se encuentran en los peldaños fragantes de casia
Polvo amarillo, agua clara a los pies de las montañas sagradas.
El cambio de mil años se parece al galopar del corcel
Observo desde lejos el reino del centro, nueve motas de polvo
El agua del océano apenas grieta en una copa

 

Canto al cielo

El río del cielo gira en la noche, las estrellas vuelan en redondo
Orillas de plata, fluyen las nubes imitando el sonido del agua
Las flores de casia no han caído en el palacio de jade
Las inmortales recogen perfumes en su bolso del cinto
La princesa de Qin enrolla la cortina, amanece en la ventana del norte
Ante su ventana un fénix verde, pequeño
El príncipe toca la flauta de largas cañas de ánade
Invocando a dragones a roturar la bruma y plantar hierba de jade
Bruma rosa, cintas rojas, loto de falda de seda
Islotes esmeraldas caminan recogiendo primavera de brotes de orquídeas
Al este señala a Xihe galopando en su caballo
Mar y polvo renacen a los pies de la montaña de piedra.

 

¡No salgas!

El cielo está turbio, la tierra sombría
Serpientes de nueve cabezas se alimentan de almas de los hombres,
la nieve  y la escarcha quiebran los huesos de los hombres.
Los perros salvajes ladran sueltos husmeando sus presas,
Y relamen sus garras al sabor del invitado vestido de orquídeas.
El emperador envía un carro para acabar con los males,
Las estrellas del cielo adornan su espada, el yugo es de oro.
Espoleo a mi caballo mas no hay camino de regreso,
Las olas del lago Liyang se levantan cual montañas.
Dragones venenosos fijan sus ojos en mi sacudiendo anillos dorados,
Leones y quimeras exhalan su pútrido aliento.
Bao Jiao durmió siempre bajo la hierba.
Yan Hui, a los veintinueve, encaneció.4
La sangre de Yan Hui no era débil, ni Bao Jiao contradijo al Cielo.
El Cielo temió que dientes los devoraran;
por ello se los llevó.
Prístina claridad que, temo, no crees
Mirando al muro desnudo compones “Preguntas al cielo”


1 Algunos autores consideran este poema dedicado al que fue el primer emperador de China, Qin shi huangdi (259-210 a.C.).

2 Xihe, personaje mitológico que consiguió dominar al sol, amarrándolo a su carro, para que no provocará más sequías en el mundo de los hombres.

3 Los hombres nuevos, son los “nuevos” muertos.

4 Bao Jiao se alimentaba tan sólo de lo que el mismo cultivaba y la única vez que no lo hizo, murió. Yan Hui comía sólo de un cuenco de bambú.


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