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Pepita, de Pablo Carbonell

Que me lo lees mal y me lo estropeas

Amanece que no es poco

Todavía recuerdo la primera vez que vi a Pablo Carbonell… fue, como muchos de mi generación, en la famosa La bola de cristal. Era una época en la que la música era en directo y vi a un «personajillo» salir al escenario, ponerse delante del micrófono y hacer muecas extrañas con la boca mientras se escuchaba la música. No, no estaba cantando, estaba haciendo el chorras.

Quizá por el descaro que tuvo, la imagen se me quedó grabada. Luego, a la visión, la acompañarían varias canciones que fueron especiales y que me acompañaron durante mucho tiempo. «Ya están aquí Los Toreros Muertos» se convirtió en un canto de guerra, aunque sólo esa parte porque el resto no nos lo sabíamos; On the desk fue la artífice de que consiguiera obtener el tipical inglés medio de los spanish y, por supuesto, Mi agüita amarilla fue una asidua cuya influencia abarca desde mi más tierna infancia hasta la no tanta, incluso en algún karaoke y con un «kikum» incluido.

En el programa Caiga quién caiga me terminó de conquistar Carbonell por esa cara dura que tiene, con cierta impertinencia, pero siempre con una sonrisilla de cabrón buena persona. También lo escuché en alguna entrevista contando un affaire que tuvo en cierta ocasión con alguna seta que no debía estar en buen estado… o tal vez en demasiado bueno.

Esa seta es la protagonista de la primera novela de ficción de mi querido aunque no conocido Pablo Carbonell. No se confundan, la seta no aparece en el relato sino que su ingesta, lametura o cocinado a fuego a lento tuvo que ser la artífice de esta locura de libro titulado Pepita.

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En sus páginas viajaremos a un pueblo perdido de la mano de Dios en el que nos encontraremos con diversos personajes acompañados de sus vicios y virtudes mostrados desde una perspectiva que roza el absurdo, jugando con el lenguaje, con las situaciones, con los protagonistas, con el lector y hasta con el narrador mismo. Pasaremos de sublimar una situación a convertirla en grotesca en menos que canta un párrafo.

Aunque por el título podamos pensar que Pepita es la protagonista a mí no me lo parece tanto en el sentido en el que todos los personajes son perfilados y cuidados con amor de madre… aunque hay madres y madres.

No creo que gane el Nobel de literatura con esta obra pero siempre, un lector interesado, podrá leer entre líneas y encontrar el espacio en blanco que las separa.

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