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Mi sombrero y yo

Quiero llevar sombrero; no uno de paja de esos, tampoco una gorra rapera, un sombrero de los de antes, de fieltro o del material con el que se hagan los sombreros que no sé cuál es, nunca he llevado uno.

Tampoco quiero uno de bombín o cosas raras, un sombrero normal y corriente pero con clase. No me lo calaría del todo ni lo inclinaría hacia ningún lado, lo llevaría como sin querer, de la manera en la que lo llevan los que están acostumbrados a ponerse sombrero.

Tampoco una boina, no, una boina no. Ni siquiera esas del tipo francés o que yo relaciono con los franceses aunque quizá no tenga nada que ver con ellos. No lo sé; nunca he llevado una.

Me pondría mi sombrero e iría a presentaciones de libros. Pasearía entre los asistentes y el sombrero me daría cierto aire intelectual. No hablaría con nadie para que no se diesen cuenta de que sólo soy una persona que quiere llevar sombrero y que no soy intelectual. Tal vez me aprendería algunos aforismos de Tagore preveyendo que alguien se acercara a mí, el sombrero probablemente haría que la gente quisiera hablarme. Tagore es una buena opción, son frases cortas que puedo memorizar y que dan aire de inteligencia aunque no las entienda muy bien.

Cuando era joven Tagore se llevaba mucho, más que los sombreros. Una vez, siendo muy pequeño, iba por la calle e iba serio, nunca he sido muy risueño y tampoco he entendido a la gente que se ríe siempre. Un hipiie pasó y me dijo que el sol brillaba para todos. Menuda gilipollez. Yo me aparté un poco porque pensé que estaba loco aunque puede que sólo fuera imbécil; además tomé esa precaución porque sí sé que los piojos atacan a todos y no quería que pasaran a mi hábitat natural. “El sol brilla para todos”. Dudo mucho que lo haga para todos por igual.

Pero sí, Tagore es una buena opción aunque no sé si se ha pasado la moda. Si lo ha hecho, yo, con mi sombrero, podría hacerla volver. Igual que Herman Hesse. También estuvo de moda. Todos hablaban del lobo estepario, el cual yo relacionaba con Félix Rodríguez de la Fuente pero no, era otro. Así que me propuse leer a Hesse, uno tras otro, todos sus libros. Lo dejé en el tercero o el cuarto porque todos eran iguales. Si hubiera llevado sombrero posiblemente sería un gran fan de Hesse pero no, en aquella época no tenía este afán por llevar sombrero aunque una vez me até un pañuelo en la cabeza, pero terminó todo sudado, así que me lo volví a poner en el cuello. Con el sudor no se me caía.

Hesse escribe el mismo libro con diferentes personajes. Quizá sería interesante para Borges y su Pièrre Menard pero no para mí. No sé si Borges usaba sombrero, puede que ahí esté la diferencia. Borges mola. Borges es el autor del que todo el mundo habla algo aunque ninguno entendamos nada de lo que dice. Una vez me leí un libro de Borges mientras estaba de camping. No lo entendí. No llevaba sombrero tampoco en el camping, ni siquiera uno de esos de paja. A pesar de que no tenía ni idea de lo que leía iba con el libro de Borges a todas partes enseñándolo. Borges es como llevar sombrero. Todavía hay rastros de sangre en las páginas del libro; lo utilicé para matar mosquitos que se ensañaron conmigo dicen que porque tengo la sangre dulce. Puede que deba hacerme la prueba del azúcar.

También me compraría una chaqueta de cuadros. Con el sombrero, las chaquetas de cuadros quedan bien. Sería de algún color comedidamente estridente, tampoco hay que pretender destacar demasiado. Y un bastón, eso sí que sería cojonudo, junto con unas gafas de intelectual. Iría a exposiciones de arte y me acercaría y alejaría de los cuadros y de las estatuas, los miraría desde diferentes ángulos y me mesaría la barba. Claro, tendría que dejarme barba. Una perillita cuidada que acariciaría suavemente antes de decir un aforismo de Tagore. Eso viste mucho. También podría aprenderme alguna cita bíblica, como en las pelis. Si alguien me dijera algo, me mesaría mi perillita, pondría cara de interesante y soltaría alguna profecía de Malaquías, que no sé quién es pero, si consiguió triunfar con ese nombre, debe ser importante. No importa que lo que dijese careciera completamente de sentido. Al llevar sombrero esos temas pierden importancia porque los que te escuchan creen que son ellos los que no están al nivel necesario. Llevar sombrero está lleno de ventajas. Además es muy posible que tras citar cualquier estupidez que se me ocurra con sombrero, mi entusiasmado oyente afirme y se empape de la profundidad de mi pensamiento.

Sí, sería un acierto llevar sombrero. Tendría que beber vino. Y coñac. Sobre todo vino pero nada de uno de esos que cuesta dos o tres euros la botella, uno de los buenos. No todo son ventajas. Con sombrero al camarero, cuando pregunta “¿Rioja o Ribera?”, no podría contestarle “tinto”. Tampoco podría beberme el blanco de cartón. Cuando quiero cocinar alguna carne que lleva vino compro de cartón y luego no sé qué hacer con él, así que me lo bebo. Es cierto que el primer vaso sabe a vinagre pero con los siguientes el paladar se va acostumbrando. Eso tendría que mantenerlo en secreto. Cuando fuera a comprar debería quitarme el sombrero.

Puedo buscar en google algún vino raro de un país exótico. Así cuando vaya con sombrero a un bar preguntaría si lo tienen y, cuando negaran, podría hacer un mohín de disgusto y comentar, tras mesarme la barba y poner cara de añoranza, cuándo fue la primera vez que lo probé en un viaje que hice en mi juventud, época desde la que, una vez al año, intento volver a tal país sólo para deleitarme con el cuerpo y aroma de esa ambrosía. Lo malo es que lo tengan y que cueste un huevo. Aunque quizá, al llevar sombrero, te inviten a vinos. Porque claro, tienen que ser varios, más cuando te ponen una copa del tamaño de un campo de fútbol y luego te echan un chorreón de mierda. No entiendo para qué desperdiciar tanta copa. Así uno no se puede plantear si el vaso está medio lleno o medio vacío, está claro que está vacío, sin ningún medio. Esto con sombrero podría haber sido un pensamiento profundo, lástima que todavía no lo haya comprado.

Ahora que lo pienso, tampoco sé dónde se compran sombreros. Antes había sombrererías. Era una época en la que todo era más fácil. Vendes sombreros, pues sombrerería. Sí, es feo el nombre, pero no hay confusión. La primera vez que vi un outlet pensé en cosas para el cuarto de baño, no sé muy bien por qué. Llevar sombrero y entrar a comprar uno nuevo tiene que ser lo más. En realidad el que llevaría sería nuevo también, porque ahora mismo no tengo sombrero, aunque me gustaría, pero el dependiente del sitio en el que ahora se vendan sombreros no lo sabría, pensaría que lo cuido muy bien. “Busco un sombrero para los domingos”. No, eso ya no se lleva, ni los parches en los chándals para tapar los agujeros.

Quizá me espere al invierno para comprarme uno, en verano puede que críe grillos en la cabeza, o que se salgan los que tengo dentro de ella. Pero habrá sombreros de verano. Serán fresquitos. Para tapar el sol lo entiendo pero para estar fresquito supongo que será mejor no llevar nada en la cabeza. Esto lo pienso porque no tengo sombrero, cuando lo tenga todo cambiará. En invierno estaré más calentito. Con los adelantos que hay, seguro que encuentro un sombrero radiante porque, la verdad sea dicha, nunca he tenido frío en la cabeza, por lo menos que recuerde. En la cara, cuello, manos, sí, en casi todas las partes de mi cuerpo, con el consiguiente desaliento por algunas de ellas, pues sí, pero en la coronilla creo que no. Tampoco estoy calvo, quizá eso influya, pero bueno, algo hará.

Definitivamente, voy a por un sombrero. Además seguro que se liga más con uno puesto. Me veré películas de John Wayne y practicaré miradas seductoras del lejano oeste. Tendré que ir a ver cine independiente. Eso también viste mucho, no tanto como un sombrero pero se queda cerca. Despotricaré de las grandes producciones y hablaré de clásicos. Un perro andaluz, ésa será mi elección. Todo el mundo ha visto un par de escenas aunque pocos la película entera y, de esos, ni la mitad entiende lo que aparece en ella aunque maten hormigas cuando van al campo, si es que se va todavía. Sí, hablar de Buñuel y Dalí con sombrero tiene que ser el “non plus ultra”. Y más poniendo cara “circunspecta”.  Estas palabras salen de mi intención de llevar sombrero, en cuanto me lo compre y me lo ponga esto va ser la polla.

Circunspecta. Suena bien. Me gusta esa palabra. La utilizaré más a menudo, bueno, la utilizaré a partir de ahora porque creo que nunca la he utilizado. Circunspecta. Es bonita, tiene una forma bonita. Circunspecta. Cuando vaya a comprarme el sombrero pondré cara circunspecta cuando me los enseñe.

Tengo que buscar palabras de ese tipo para cuando lleve sombrero. Llevar uno implica una responsabilidad, miren si no a Indiana Jones. A mí seguro que se me volará alguna vez y alguna señorita lo atrapará. Yo, con mi mirada seductora y mi cara circunspecta, le daré las gracias y le hablaré de Shakespeare o, quizá, de los dadaístas. “Non serviam”, le susurraré circunspectamente, y le hablaré del modernismo y de Lucifer y Prometeo, quizá pueda meter a ese Malaquías aquí, no lo sé.

Sí, definitivamente, voy a por un sombrero.

Nota del autor: Este... lo que sea esto, ha sido escrito sin sombrero; cuando me lo compre lo volveré a redactar que seguro que sale mucho mejor.

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