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31 DE OCTUBRE, HALLOWEEN?

Escuchad, mis  valientes. Esta semana no es una semana cualquiera. Esta semana es la festividad de «El Día de Todos los Santos » y muchos de vosotros celebraréis Halloween, ¿a que sí? Lo más divertido es disfrazarse de fantasma, de vampiro, de bruja o de cualquier criatura espeluznante que nos de muchísimo miedo. Aunque tampoco hace falta, podéis disfrazaros de lo que os apetezca. Reconozco que prefiero inventarme mi propio disfraz, me lo paso genial dando forma a una idea y además puedo reciclar objetos y ropa que ya no utilice, todo depende de la imaginación.

Pues bien, quería contaros que aquí en España, mucho antes de que se celebrara Halloween, ya se celebraba una fiesta de origen celta parecida. Me estoy refiriendo al Samhain o Samaín, que se celebra el 31 de octubre en Galicia y Asturias sobre todo , aunque también en otras zonas. Tiene alguna diferencia con Halloween, sobre todo porque el Halloween tal y como lo conocemos está muy americanizado. El Samaín anuncia el final del verano y de las cosechas, los días serán ahora mucho más cortos y las noches más largas. La noche del 31 los celtas encendían grandes hogueras para ahuyentar a los espíritus que venían esa noche del mundo de los no vivos. Además dejaban comida, dulces, velas y utilizaban nabos en lugar de calabazas. Como vemos, en nuestro país ya existía una tradición parecida, aunque con sabor de nuestra tierra.

¿Y qué sería de una fiesta sin juegos, disfraces, música y una buena historia de miedo? Uno de mis libros favoritos en esta época es  «Cuentos de terror contados para niños», de Edward Allan Poe (podría estar bien para niños a partir de 11 años). Conocido como el maestro del terror, sus cuentos encierran un aire de misterio y oscuridad. Los personajes de sus historias han servido de inspiración en otros ámbitos, como por ejemplo «El cuervo «, que, para los asiduos de «Los Simpsons» os diré que aparece en uno de los episodios. ¿Os acordáis, ese que repetía «nunca más»? Sea como sea, tanto si lo celebráis como si no, siempre podéis encontrar un buen plan para pasar un rato divertido, ver una película, leer o jugar una partida de lo que queráis. 

Y ahora, mis pequeños valientes os desafío. Aquí os dejo una historia para morirse de miedo , terroríficamente terrorífica. ¿Aceptáis?¡Adelante, aventureros! ¿QUIÉN DIJO MIEDO? Feliz 31 de octubre. 

«UNA PANDILLA MUY… ¿TERRORÍFICA?

Imagen de Alexas_Fotos en Pixabay

Bienvenidos a esta historia, donde nada es lo que parece. Como todos los 31 DE OCTUBRE, en un lugar llamado Allen City todos sus habitantes se preparan para la gran fiesta. Una vez al año pueden viajar al mundo de los vivos para mezclarse entre ellos. Claro que pueden hacer travesuras, asustar, cambiar las cosas de sitio, comer muchas golosinas, bailar y cantar, aunque algunos no cantan especialmente bien. Todo está permitido si el resultado es un buen susto. Fantasmas, vampiros, brujas, esqueletos y monstruos de todo tipo se preparan para el gran día. Es la hora. 

Como todas las mañanas, todos los niños de Allen City se preparan para ir al colegio. Allí, su profe, el señor Franks les da los últimos consejos para la gran noche. Todos los años,  en este día, organizan un concurso para ver qué clase da el mayor susto y así llevarse el primer premio, que es nada más y nada menos, un viaje a las Islas de las Calaveras. Allí podrán tomar el sol, bañarse en el Mar de los Desaparecidos,  comer pizza y beber refrescos. —A ver niños, ¿habéis entendido todo?—el señor Franks está orgulloso de su trabajo. Está convencido de que sus alumnos van a ser los ganadores. Pero el maestro no cuenta con que nuestros protagonistas son un tanto peculiares. Seguro que estáis deseando conocerlos. 

Sabanitas es un fantasma obsesionado con mantener limpia y perfumada su sábana con suavizante, por eso  no desperdicia ninguna ocasión para darse un buen baño dentro de la lavadora. Draki es un pequeño vampiro mellado al que se le han caído los dientes de leche. Peineta, la brujita que nunca está quieta tiene un enorme sombrero que le tapa la cabeza y,  por más conjuros que lance, no consigue un peinado de su agrado. Huesitos es un esqueleto muy miedoso al que le tiemblan todos los huesos y le castañean los dientes. Y por último, Manolo, el monstruo que soñaba con ser actor. ¿Estáis preparados para la gran aventura? ¡Adelante mis valientes!

En otro lugar de la tierra, en un país llamado España, vivía la familia Sánchez—Jiménez. Los padres y sus tres hijos no celebraban nunca la fiesta del 31 de octubre, no creían en esas tonterías. Les parecía una pérdida de tiempo todo aquello, los disfraces, los juegos, los caramelos… para ellos era un día cualquiera, sin nada de especial. Lo normal es que nuestros amigos viajasen a través de la niebla, que era el medio de transporte habitual para estas ocasiones, pero la tarde era calurosa y llegaron caminando bajo el sol del mes de octubre, deshidratados y asados de calor.

 —Tengo un calor que me muero,  necesito un baño—dijo Sabanitas mientras escurría su sábana empapada de sudor. 

—Eso te pasa por empeñarte en traer la sábana de invierno —le regañó Peineta, la brujita despeinada. 

—Allí hay una casa, podemos ir a pedir un poco de agua —Manolo estaba emocionado, podría practicar sus cualidades como actor. No se lo pensó. Caminó en dirección a la casa y los demás le siguieron. 

La familia Sánchez—Jiménez estaba en casa cuando llamaron a la puerta. Toc, Toc, Toc. Elena, que así se llamaba la madre, abrió , pero no vio a nadie. Le pareció oír un ruido, como de castañuelas, pero no le dio importancia. Se encogió de hombros y entró de nuevo en la casa. —Se habrán equivocado—pensó. 

—Qué raro, ¿por qué no puede verme? — Peineta había llamado a la puerta decidida a pedir un poco de agua pero, por alguna extraña razón, la mujer no la había visto. 

—¿Y si pruebas a quitarte el sombrero de la cabeza? —Draki tenía tanta sed que se estaba poniendo de muy mal humor. 

—¡Jamás de los jamases! —replicó la bruja—¡Antes muerta a que me vean despeinada!

—Quita, déjame a mí,  nadie se podrá resistir a mis encantos —Manolo se aclaró la voz y llamó de nuevo a la puerta, pero esta vez nadie abrió. ¡Maldita sea! 

—No puedo soportar más este calor, estoy lleno de arrugas y huelo fatal, necesito agua y suavizante —Sabanitas se asomó a la ventana dispuesto a entrar en la casa a toda costa. Estaba en un lugar desconocido, tenía hambre, sed, y encima estaba arrugado como una pasa. Quería irse a su casa, con su familia, pero sabía que hasta el día siguiente eso no ocurriría. Le importaba un murciélago lo que el profesor dijera de los sustos. Por suerte una de las ventanas de la casa estaba abierta.

Trazaron un plan para entrar sin ser vistos. Pasarían la noche escondidos hasta que fuese la hora de regresar. Con mucho sigilo se colaron por la ventana. La casa olía muy bien, a comida recién hecha, y se dejaron llevar por el olor que salía de la cocina. Allí, un suculento guiso hacía los honores junto a una exquisita tarta de chocolate. La boca se les hacía agua. Se lanzaron a devorar el delicioso pastel. No estaba tan bueno como los pasteles de arañas caramelizadas de sus madres, pero estaba rico también. Entretenidos estaban cuando oyeron unos pasos que se acercaban. Era Andrés, el hijo menor de la familia que iba a por un vaso de agua. —¡Rápido, escondeos! ¡Viene alguien!—asustados corrieron a esconderse cada uno donde pudo. Andrés abrió la nevera, cogió la botella de agua, llenó un vaso y dejó de nuevo la botella. ¡Zas! El vaso cayó al suelo rompiéndose en mil pedazos. Toda la familia corrió a la cocina para ver qué había sucedido. 

—Andrés, ¿estás bien? —le preguntó su hermano mayor.

 —Ha…bía…algo… —tartamudeó, blanco como la pared y con los ojos abiertos como platos—. Había un monstruo, tenía mucho pelo… y… 

—Andrés, si esto es una broma para asustarnos no tiene ni pizca de gracia. Ya sabes que no nos gustan estas cosas—su padre le miraba enfadado. El pobre Andrés se llevó una reprimenda sin beberlo ni comerlo, se sentó en el sillón sin pestañear, mirando a todos lados por si veía al terrible monstruo. 

Sabanitas se había escondido en la lavadora, qué casualidad y qué suerte había tenido. Sólo necesitaba que alguien le diera al botón.

—Hola…¿alguien me escucha? Por favor… necesito ayuda—su madre siempre le decía que pidiera las cosas por favor, y así lo hizo, pero su voz dentro de la lavadora no sonó muy amable. 

Andrés escuchó un sonido espeluznante, que parecía salir de una cueva muy profunda  y se hundió aún más en el sillón. 

—¿No escucháis? Viene de la cocina —lloriqueaba el pequeño. 

—Ya está bien Andrés, como esto sea otra de tus bromas vas a estar castigado un mes. 

—Que no, mamá, viene de la cocina

Elena se levantó y fue a ver qué era lo que su hijo decía que había oído. No vio nada extraño y aprovechó para meter la ropa sucia en la lavadora. No  era el baño que Sabanitas había deseado, allí apretujado. Mientras tanto, Peineta había conseguido esconderse en el cuarto de baño y estaba flipando con todos los productos de belleza y para el pelo que había en el armario. Estaba encantada. Se quitó el sombrero, se duchó, se puso crema suavizante en el cabello, mascarilla y un potingue para las puntas abiertas y el encrespamiento. La espuma salía por todos los sitios, pero quedaría divina. Antes muerta que sencilla. 

Andrés necesitaba ir al cuarto de baño, entre el agua que había bebido y el miedo no podía aguantar más. Muy a su pesar y temblando caminó por el pasillo con la sensación de que alguien le seguía. Por fin llegó al cuarto de baño. Oyó el agua caer al otro lado de la mampara. Alguien se había dejado el grifo abierto, seguro que había sido su hermana Inés, siempre andaba en las nubes. Abrió la puerta, decidido a cerrarlo cuando…

 —Oye, ¿qué te has creído? ¿Es que una no se puede dar un baño sin que la molesten? ¿Serás fresco?—Peineta, toda llena de espuma regañaba a Andrés, que salió gritando del baño, colorado del susto.

Por el camino se encontró con Draki, todo manchado de chocolate y pensó que el vampiro había mordido a su familia. Se escondió en el armario del pasillo, entre abrigos y paraguas. Sus dientes castañeaban sin parar. O, espera un momento, ¿seguro que eran sus dientes? Encendió la luz y allí estaba Huesitos, muerto de miedo. Al ser descubierto por Andrés se desarmó por completo. Después de su aventura, Andrés estuvo castigado un mes por contar mentiras y nuestra pandilla permaneció escondida debajo de la cama de una de las habitaciones de la casa.

Al día siguiente iniciaron el regreso a Allen City. Por suerte, la lluvia les acompañó todo el camino. No ganaron el primer premio, pero lo harían mejor la próxima vez. Tenían por delante todo el año para practicar.  

Feliz 31 de Octubre.

Imagen de cabecera de GraphicMama-team en Pixabay

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