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Hasta siempre y muchas gracias, Burning

Burning han sido durante cuarenta y cinco años un grupo de rockanrol español, si no el más importante, de los más representativos de este estilo. Los más jóvenes poco o nada los conocerán, a no ser que algún padre, madre o conocido se los haya “presentado”. A los más, digamos, veteranos, al menos les sonará su canción más popular, “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?”, que fue banda sonora de la película de título homónimo de Fernando Colomo. Fieles defensores de los Rolling Stones, abanderados de su ciudad, Madrid, y sin perder jamás la senda de un estilo clásico de rockanrol, arrancaron allá por 1974 deteniendo el motor de la banda el sábado pasado, 5 de octubre de 2019, en el concierto de despedida de su gira “No va más”. ¿Será cierto? ¿Estrategia para volver en unos años? El tiempo lo dirá, aunque ese mismo tiempo es el que juega en contra de esa posible vuelta pues los años no pasan en balde. Johnny Cifuentes, el único superviviente de la banda original, ya ha soplado sesenta y cuatro velas este año y Mike Jagger, con 76 cumplidos y con energía para otros tantos, sólo hay uno, así que veremos a corto plazo si realmente vimos este sábado en La Riviera el último show de Burning como tal.

Cuando me enteré que ese último concierto venía precedido por otros dos, las noches previas al mismo, día 4 en Úbeda (Jaén) y día 5 en Barcelona, no me pareció la mejor forma de afrontar la preparación de esa última gala en su ciudad y con un público esperando mucho de ella. Mucho viaje, mucho castigo para la voz y músicos, y mucho riesgo de que algo pasara que desluciera un concierto que también iba a ser grabado para editarlo próximamente. Yo hubiera dejado pasar una semana más, que descansara mejor todo el mundo y se preparara todo sin la aceleración que supone llevar el “montaje” en horas de punta a punta de la península. Pero el que lo haya programado lo sabrá.

Por exigencias de la sala, que esa es otra, los horarios del espectáculo se adelantaban de tal forma que Desvariados iniciaban, como teloneros, a las 19,30 horas, para dar paso a los protagonistas a partir de las 20,30 horas. Unas horas no muy rockeras pero es lo que hay (alguno hubo que no se enteró por las redes sociales del cambio y llegó tarde con el consiguiente enfado).

Desvariados no defraudó a nadie. Rock and roll potente, lleno de adornos, que esta joven banda sabe plasmar en una puesta en escena divertida que tiene un futuro prometedor. Basándose en su único Lp, “Café Caimán”, dejaron de sobra al público preparado para lo que se venía.

He de reconocer que Burning la tengo como una de mis bandas favoritas por todas las sensaciones que he conseguido sentir con sus canciones. Con ellas he llorado, reído, he trabajado, soñado, viajado, me he enamorado y miles de cosas más que con otras “terapias” no funcionaban. La noche anterior al concierto estaba con un más que amigo, hermano podíamos decir, haciendo un listado de las cinco bandas o cantantes que más nos hayan gustado de todas las escuchadas en nuestras vidas, y ambos coincidíamos en incluir a Burning en ese quinteto por las emociones pasadas con su música de fondo.

Por eso, el concierto de esa noche era muy especial para muchos de las mil ochocientas personas que abarrotábamos el local y que desde antes de una hora de su inicio comenzamos a hacer cola en la entrada del recinto. Mucha cana, poco pelo, alguna barriga de más, pero igual ganas de rockanrol que siempre y con la misma camaradería que habitualmente derrochamos los roqueros.

20,40 horas, se apagan las luces y comienza la última noche con Burning, con las primeras notas de “Es decisión” y con Johnny saludando a su gente, la de Madrid, y a los muchos, muchísimos, que veníamos de fuera. Desde el principio se veía a la banda con ganas y a su director algo más comedido que en otras ocasiones. No sé bien si la emoción del evento, que en muchas fases del mismo le afloró a los ojos, la tensión del directo y su grabación, o algo de cansancio acumulado esos días mezclado con lo anterior, pudieran ser factores que influyeran en que el cantante dejara demasiados tramos de canciones a merced del público a lo larga de la actuación, lo cual hay a quien le agrada más y a quién no le gusta nada pues realmente se viene a ver tocar y cantar a los artistas. Siguieron “Bestia azul”, un “Baila mientras puedas” que nos hizo bailar y mucho, “Tú te lo llevas todo”, ese rockanrol del último trabajo que tanto me gusta, “Las chicas del drugstore”, un sentido “Willie Dixon”, “Balada para una viuda” y “Weekend” continuaban el repertorio. Fue con “Como un huracán” donde dejó Johnny a los asistentes casi cantarla completa ya sea por tomarse un respiro o por que los niveles emotivos de lo que estaba viviendo le impedían vocalizar. Miraba al público, a un lado, a otro, al frente, y asentía agradecido frotando alguna que otra vez sus ojos debajo de sus eternas gafas de sol. “Jack gasolina, “Corre conmigo”, “Todo a cien”, “Muévete en la oscuridad” y una de mis preferidas, “Miéntelas”, subían de nuevo el efecto rockanrolero junto a “Esto es un atraco”. Johnny aprovechaba cualquier descanso de sus letras para acercarse, de un lado a otro del escenario, y despedirse personalmente de  todo al que alcanzó llegando, en un intervalo entre canción y canción, a realizar un intento de llegar al público porque decía “que él nunca había estado en ese lado en un concierto de los Burning”. Tuvo que abandonar el intento a mitad del mismo porque no las tenía todas consigo de poder llegar por encima de las vallas, ante la tensión de los de seguridad. “Ginebra seca” nos trajo el clásico remix stonero con el “Satisfaction” como protagonista. “No es extraño que tú estés loca por mí” y “Jim dinamita” nos llevaban en volandas hasta el último tramo del concierto con un “Mueve tus caderas” y su habitual lluvia de champán, con posterior cata general de los componentes de la banda, Eduardo (un placer siempre ver y oír su guitarra), Nico (admirable su forma de tocar la guitarra sin púa, sólo con sus dedos), Carlos (con su eterna sonrisa al bajo), Miguel (geniales y sentidos sus entradas con el saxo) y Kacho (a la batería en segundo plano pero no menos importante).

La fiesta estaba en todo lo alto como para que el descanso se hiciera esperar demasiado, y más con el público apretando, coreando el nombre del grupo que no tardó en contentar a sus fieles con “No pares de gritar” a la que siguió la celebrada “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?”, una vez más cantada a coro por todos mientras las guitarras jugaban entre ellas y Johnny seguía con sus muestras de agradecimiento a todos, banda incluida. Para el penúltimo escalón dejó “Nena”, otro de esos rockanroles que hemos bailado miles de veces, cerrando la larga trayectoria de Burning por los escenarios de toda España (más de 2000 conciertos nos indicó Johnny) con una muy emotiva “Una noche sin ti” que siempre me mantiene un nudo en la garganta, pero el sábado humedeció los ojos de más de uno.

No hubo invitados, a los que todos esperábamos. No hubo tampoco “canciones sorpresa” ni mayor parafernalia. No sé si la ocasión lo merecía o era mejor “cerrar el kiosko” así. El caso es que se retira el grupo en un momento muy dulce, musicalmente hablando, reconocidos aunque no valorados lo que creo que debieran serlo, sin querer o no esperar arrastrarse por los escenarios como otros, lo que puede ser la manera correcta de hacer las cosas.

Hasta siempre, Burning, y muchas gracias por todo.

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