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Amparo López: la bruxa de Brañavarra

Hay brujas buenas y malas, brujas falsas que hacen estafas a diestro y siniestro a personas que por razones muy variadas acuden a ellas.

Nunca criticare a estas personas que en un momento determinado de su vida relacionado con la salud, con la familia, con el trabajo, o con su estabilidad emocional acuden a ellas.

Yo he sido una de ellas, y posiblemente en lo que me queda de vida lo volveré a hacer.

Me cruce a mis 18 años con una ancianita…

Creo que vi el anuncio en un periódico, no lo recuerdo bien, pero cuando llegue a esa dirección que era en pleno Lavapiés en Madrid me encontré en un portal antiguo, la escalera que debía llevarme hasta el cuarto piso era estrecha, de escalones bajitos y de madera, crujían según ponías los pies, la oscuridad por falta de luz en la escalera le daba justo el toque que yo necesitaba para pedirle a mi abuela, de la cual llevaba una foto en mi cartera, que no me dejase sola.

Al llegar al cuarto piso llame a una puerta que curiosamente no tenia timbre ni nada en la puerta que la identificase.

Un minuto después me abrió la puerta una anciana vestida totalmente de negro, pequeñita y alrededor de unos 80 años.

Un pasillo se abrió ante mí, a la izquierda una cocinita minúscula, de frente que fue a donde me hizo pasar un saloncito en el cual solo cabía una mesa redonda, dos sillas, un mueblecito pequeño a la izquierda,

En la mesa camilla había imágenes de la Virgen y del Corazón de Jesús, nada mas, se notaba que era una casa con muy pocas comodidades, pero que no sé porque me causaba inquietud.

Esta ancianita me hizo sentar, y lo primero que me pregunto fue

¿Por qué tienes miedo? Vienes acompañada de una persona con el pelo blanco y que lleva gafas,

Mientras ella barajaba unas cartas, yo me quede totalmente callada, no sabía que pensar, si sabía que mi abuela era quien estaba a mi lado, que tenía el pelo blanco y que llevaba gafas…

Me comento que no entendía porque generaba tanta envidia, con la vida tan simple que llevaba, lo que sí debería tener en cuenta es que eso siempre me ocurriría, la envidia seria lo que más me perseguiría hiciese lo que hiciese y seria lo que quizás me complicase la vida.

Que no tuviese nunca miedo, que siempre siempre esa mujer de pelo blanco y con gafas me  acompañaría el resto de mi vida.

Que conseguiría todo lo que luchase por ello siempre y cuando no me dejase influenciar por las personas que con su envidia tratasen de ponerme obstáculos, que creyese siempre en mi, y que mi abuela guiaría mis pasos.

Cuando me dijo que la consulta había terminado y la pregunte que la tenía que pagar, me contesto que ella no cobraba, que los dones que tenía se los habían dado para ayudar no para ganar con ellos.

Obviamente la deje dinero en la mesa de la salida.

Hubo un momento en el que cerró los ojos y se quedo en silencio, fue cuando me repitió que estaba viendo a mi abuela y que esa mujer se dedicaba a coser y había muerto de un ataque al corazón.

¿Cómo una persona de 80 años sabia todo eso?

Ahí creí que había personas tocadas con ese don, luego he comprobado a lo largo de mi vida que también las hay falsas que juegan con los sentimientos de la gente en sus peores momentos emocionales.

Algún día contare esta otra historia, la de la falsa Anne Germain, la médium ‘estafadora’.

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