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Javier Gomá Lanzón: Dignidad recobrada

«Hiere al pastor, y se dispersarán las ovejas; yo golpearé incluso a las débiles», decía el profeta Zacarías. La masa sin liderar deja de ser un sujeto, se convierte en un conjunto de pequeñeces vulnerables. A Zacarías lo citó Jesús cuando habló a los apóstoles en el huerto de Getsemaní: «Todos vais a fallar por mi causa esta noche, porque está escrito: hiere al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño. Pero después de resucitar, iré delante de vosotros a Galilea. Pedro le respondió: Aunque todos fallen por causa tuya, yo no fallaré».

Sabemos de un director de colegio que, preguntado por su opinión tras la llegada al poder del partido Nazi, manifestó su adhesión a la República de Weimar y su repulsa por los nazis. Fue destituido y su familia abocada a la miseria económica. Aquel profesor reunió entonces a sus hijos y les pidió que escribieran una frase y la grabaran a fuego en su mente: etiam si omnes, ego non!. Aunque todos fallen, yo no fallaré. Uno de sus hijos, Joachim Fest -autor de una reseñable biografía de Adolf Hitler-, recogió este episodio en su memorias. Las publicó como respuesta a Günter Grass, que había reconocido su militancia en las juventudes nazis justificándose en que “era lo que hacía todo el mundo”.

Esta memoria familar de Joachim Fest la recoge Javier Gomá en Dignidad (2019, Galaxia Gutenberg). Dice Gomá que escribió este libre porque pese a la cuasi-omnipresencia de la palabra dignidad su significado siempre se da por supuesto. La dignidad es aquello inexpropiable que hace al individuo resistente a todo, dice Gomá, incluso al interés general y al bien común. La voluntad de las mayorías -según está explicada en el contrato social de Rousseau- puede llegar a ser despótica para con el individuo. Dignidad es lo que estorba a la mayoría, al progreso, a la visión utilitarista.

Escribió Kant que «en el reino de los fines todo tiende a un precio o a una dignidad». La dignidad es, mediante esta contraposición, lo que no tiene precio y por tanto no se puede comprar, no puede circular en un mercado: no es intercambiable. A la dignidad se apela como fundamento anterior a los derechos. En la declaración universal de los derechos humanos leemos que “que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”. Hay que distinguir entre precio y dignidad.

Gomá reflexiona sobre la dignidad, construye el término no sólo en abstracto sino en la concreción que supone la dignidad en el día a día de cada individuo, la dignidad a través la cultura: el deleite en la obra literaria estudiado por Cicerón y sublimado en la prosa española por Fray Luis de León, porque, como escribió: «el bien hablar no es común, sino negocio de particular juicio, así en lo que se dice como en la manera como se dice».

Qué mal se explicó en el catecismo la negación del apóstol San Pedro, la traición infame. Jesús predijo las tres negaciones de Pedro antes de que el gallo cantara por segunda vez. Una vez apresado Jesús, herido el pastor, Pedro es reconocido señalado como uno de los que “andaban con Jesús de Nazaret”. Rehuye a las gentes, se oculta tras sus propias palabras, niega y reniega, e incluso llega a perder los nervios: ¡no conozco a ese hombre de quien ustedes están hablando!. Después, rompe a llorar al darse cuenta de que se ha cumplido la profecía. No hay humillación ni miseria en este llanto, sino dignidad. El mito de la traición de Pedro ya había dejado un apunte de lo que significa la dignidad, la afirmación en uno mismo cuando el rebaño ya no tiene pastor. La dignidad es un ideal. Aunque todos fallen, yo no fallaré. Muchas veces es inalcanzable.

Como en el mito de las negaciones de Pedro, en la historia de la filosofía la dignidad ha estado oculta, a la sombra de la miseria o de la deslealtad o de la vileza, por eso Javier Gomá sintió esa necesidad de desvelarla, iluminarla, dedicándole un libro. En algún momento la dignidad brota como una decisión propia irrenunciable, un ideal para el que no hay moneda de oro capaz de comprarlo ni mano que lo golpee. Es inexpugnable. Etiam si omnes, ego non!

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