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Malagueños

Pobres
malagueños que cada vez tienen más claro que su Málaga les pertenece cada vez
menos. Sentirse aislados en su propia ciudad es el sentimiento que despierta al
ser cada vez más difícil andar, circular o incluso pasear por su irreconocible
y bendita ciudad.

Málaga
parece vivir en una continua feria donde todo y todos tienen cabida. Málaga
vive una ilusión por encima de sus posibilidades anteponiendo el sentir y el
pesar de sus ciudadanos que parecen estar desubicados en su propia ciudad.

Málaga
está perdiendo la esencia de lo que siempre ha sido. Ahora Málaga está forzada
a aparentar lo que no es porque el malagueño, por su idiosincrasia, no necesita
el postureo simplemente porque siempre ha sabido que lo tiene todo y siente que
lo está perdiendo poco a poco.

Me
da la sensación que Málaga, como el malagueño, está llorando. Llora porque se
siente invadida tanto por mar como por aire y no sabe muy bien por donde le
vienen los tiros.

Málaga
está en una continua expansión y como malagueño, no sé a donde irá a parar o lo
que pretenden provocar los que dicen gobernar pero, es seguro que el malagueño
se siente provocado e intimidado por este repentino boom que está convirtiendo
a Málaga en una «gran manzana» donde perderse por sus calles ya no es lo que
era.

Málaga
no es lo que parece y lo es todo pero, ¿qué es Málaga sin los malagueños? Tengo
que reconocer que estoy celoso de mi ciudad y los que vienen y van siento que
de ella se quieren aprovechar. Málaga sigue «creciendo» en cantidad pero sin
calidad sacrificando comodidad y bienestar.

Me
da pena verla como la veo, expuesta ante un escaparate que no la hace justicia
porque Málaga es bella, humilde y no sólo viste con un traje de lunares ni
tiene que hablar inglés para hacerse querer. Cansa oír que el malagueño ha
nacido con vocación de servicio y para servir. Más bien no le queda otra que
aguantarse con lo que hay y encima se le exige más por menos.

No
convirtamos a Málaga en lo que no es y menos a costa de sus ciudadanos. Que no
se nos olvide que de Málaga son los malagueños y se les reconoce porque van de
cara, su sonrisa no es falsa y no van de postureo porque por pasar, pasan hasta
de su sombra pero no se olvidan de lo que son, de donde vienen y de lo que
están perdiendo.

Málaga
es mucho más de lo que se ve pero con tanta aglomeración y bullicio no se puede
apreciar. En Málaga no todo vale ni todos los que están tienen porqué estar.
Málaga crece en cantidad renunciando a calidad de vida. Y si el malagueño está
triste, que es el que la entiende y la levanta cada día, Málaga dejará de ser
un paraíso para ser una más del montón

Por
cierto, en Málaga se habla español y en su defecto andaluz y boquerón. El
inglés se chapurrea por cortesía y empatía, algo que no se estila fuera. Hay
que entender que el orgullo no es exclusivo de unos pocos y para orgulloso un
malagueño de su ciudad que ya la empieza a extrañar.

«Dios
salve a la reina», a mi ciudad, que está pasando de ser la más a ser una más y
eso un malagueño no lo puede aguantar.

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