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Desde mi ventana

Desde mi ventana, a los pies de Sierra Nevada, el mar que baña mi Málaga.

Nada más lejos de la realidad que contemplo, el azul del cielo entre pinares y sueños.

Mil sueños cumplidos y sólo uno se me resiste, que tus ojos me vean como yo veo la belleza en tu rostro y tú, quizá cegada por tanta luz, te me alejas.

Desde mi ventana, la Sierra de las Nieves, serrana de malagueña estampa y por encima de todo, la calma del que espera paciente y soporta el temporal de tu vista cansada.

Y no aguanto más tu indiferencia y te persigo a escondidas en el silencio de tu desapego que estiras sin remedio, y yo temo que se rompa el hilo del que pende mi esperanza tan frágil como la propia añoranza.

Desde mi ventana, el frío por fin acaricia mi cara y yo sólo espero que tu calor derrita el hielo de nuestra cama.

Gitana de Málaga y sueños de Granada, romance desnudo, mi alma se apaga.

¡Oh! Granada milenaria, si yo pudiera enamorarla como tú lo haces. Si fuera como la nieve virgen de tu majestuosa sierra y yo hubiera dejado mi huella en su manto blanco, ¡oh! llanto desconsolado.

¡Oh! Málaga bella, ¡morena! Desde mi ventana tengo puesto mis miras en el Veleta y si caigo, que sea en el mar de mi costa malagueña y que no deje ni rastro ni huella.

Entre dos tierras de ensueño y soy tu esclavo a merced del tiempo que se hace eterno si es que pudiera dejar de serlo y despertaras de tu letargo y, al abrir tus ojos, encontraras el camino siguiendo mis despojos.

Desde mi ventana, una paloma blanca me recuerda que el amor, si es de verdad, es eterno; ¡oh! paloma mensajera de altos vuelos revélame la razón de mi duelo para que pueda brindar por el dolor que siento si me lo merezco.

Triste consuelo poder contemplar la belleza desde mi ventana, tenerte a sólo un roce de mis deseosas manos y resistirme a tus encantos por miedo a romper el hilo del que pende mi frágil esperanza mientras me escondo en la cobardía de la nostalgia.

Desde mi ventana: Sierra Nevada, la Sierra de las Nieves y el mar donde naufrago cada mañana al despertar y sentir vacía mi cama. ¿Acaso me puedo conformar con tenerla a ella aunque solo sea en la distancia?

Granada de oro blanco, Málaga boquerón de plata, tan distintas, tan iguales, tan mujeres y tan lozanas os veo pasear cada mañana a través de mi ventana como hermanas.

Ese que naufraga soy yo de nuevo, el que busca consuelo, el que llora por dentro, el que parece que se rinde, el que está sin aliento.

El que lucha con las olas y el miedo, ese que no tiene remedio, el que se resiste a todo por nada, el que se pierde entre la espuma salada, ese del que ya no se supo nada.

Tras su ventana: su cama vacía, la esperanza marchita, la última caricia, —quizá perdure su recuerdo en ella— comentan las dos hermanas. Pero ya que importa cuando siempre estuvo abandonado a su suerte y la pena ha sido de muerte.

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