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Mama´, quiero ser artista

Si a algo nos lleva nuestra sociedad es a pertenecer a un sector de la misma. Todo está debidamente clasificado, blanco o negro, izquierda o derecha, hacia adelante o hacia atrás. Siempre me ha costado decidirme en qué lado de la carretera quedarme y, como dice el chiste, si te quedas en el medio, te atropellan. Los cánones y estereotipos están preparados para que actuemos como un grupo. Pero, ¿qué ocurre si no encajas del todo en ningún grupo? Pues fácil, haces la guerra por tu cuenta. ¿Cómo se come que tu hija o tu hijo lleguen un día a casa diciendo que abandonan la carrera de medicina, o de Derecho y que quiere ser artista? Pues de la manera más natural posible y con mucho cariño. Cualquier carrera profesional es dura, pero os aseguro que ser músico, pintor, escultor, actor o escritor son una de las profesiones que más suscitan esa combinación de amor- odio. Hay que estar convencido de hacer lo que te gusta, siempre. No hay nada peor, ni a la larga más frustrante que dedicar todos los días a un trabajo que no te gusta, sólo porque es lo que la sociedad marca en ese momento.  Todo lo que tienen de sacrificadas, lo tienen de satisfactorias. Cuando empiezas a estudiar una disciplina catalogada como arte, tienes que esforzarte el doble, a no ser que seas superdotada, que ya os digo yo que no es mi caso, en absoluto.

Os voy a hablar de la música, que  fue lo que yo estudié. A mí me tocaba ir al colegio, nada más salir me iba al conservatorio, estar allí las dos horas, que luego fueron aumentando a bastantes más, regresar a casa y hacer los deberes. Cuando yo volvía a casa, mis amigos del colegio ya habían terminado de estudiar. Aquello fue aumentando según fui subiendo de cursos. En un grado superior son de ocho a diez años con sus correspondientes asignaturas, que no son pocas: el instrumento, sus ocho/diez cursos (si no repites ninguno) , cinco cursos de solfeo, dos cursos de armonía, pero hay instrumentos como el piano que son más cursos, dos cursos de conjunto coral, dos de Historia del Arte, dos de Historia de la Música, Formas musicales, Estética, Acústica,  Acompañamiento, Transposición, Música de Cámara, Pedagogía y un largo etcétera. Además del tiempo fuera de casa, hay que sumar el tiempo de estudio. En los últimos cursos yo llegué a dedicarle, sólo al instrumento, cerca de 7 horas diarias, aparte el tiempo del resto de asignaturas, más el instituto, universidad…Cuando por fin acabé mis estudios de música, amplíe a guitarra eléctrica, bajo, piano y batería, y vuelta a empezar. 

Os aseguro una cosa, que si tuviera que elegir de nuevo, elegiría exactamente lo mismo, con sus trillones de horas de esfuerzo, sufrimiento y satisfacción. Mi intención con ésto, no es en absoluto desanimar a nadie, todo lo contrario. Cuando algo te gusta y estás convencido,  tienes que ir a por todas. La escritura ha sido otra de mis grandes pasiones, una combinación explosiva. Música y literatura unidas de la mano, dos formas de expresión tan innatas en nosotros como necesarias. Cuando te preguntan que a qué te dedicas, el decir que eres músico, profesor o escritor parece que suscita todo tipo de opiniones: «Qué chulo»  o, como un niño de 6 años  me llegó a decir en una ocasión: entonces eres pobre, yo seré futbolista»…jajaja, un niño inteligente, sin duda. 

Hasta la próxima. 

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