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Ana Gomila Domènech y Caravaggio, el inspector de su serie de novelas policiacas excéntrico y alegre.

Ana Gomila Domènech es una escritora menorquina con un talento muy especial. Tras publicar el primer libro de su serie detectivesca al más puro estilo clásico, Un acto reflejo, lanza al mercado, siguiendo la misma línea, su segunda obra, Un corazón tan negro. Ana Gomila, artista multifacética, igual te canta que te escribe un whodunit en forma de novelette que ya está empezando a formar parte de su marca de autora. Y es que Ana se está especializando en novela negra clásica en donde crea un crimen y lo resuelve en muy pocas páginas.

Hola, Ana. ¿Cómo estás? Te hemos invitado a este espacio porque Agatha Christie no nos respondía al teléfono…

¡Vaya por Dios! Estará pelando la pava con su joven segundo marido, jejeje, allá por Torquay o de excavación arqueológica en algún lugar remoto y apasionante. Quién fuera ella…

¿Has leído alguna novela de Agatha Christie? Porque leyendo las tuyas, no puedo evitar de pensar también en ella.

¿Estás de broma? Las he leído todas toditas y alguna, incluso, varias veces. De hecho, cuando me saqué la oposición que hoy me da de comer, me regalé sus obras completas, 81 tomazos, y las coloqué en un lugar privilegiado de mi casa, para poder volver a ellas en cuanto me apeteciera. Y así lo hago.

¿Por qué has elegido el género policiaco, clásico, para escribir tus obras?

Porque mi creatividad es muy dispersa y necesitaba un esquema-base sobre el que canalizar todo lo que me gusta, me interesa y me apasiona. El whodunnit, en ese sentido, ¡es perfecto!

Ana, al igual que la gran Christie, tus obras se pueden clasificar aún más dentro de lo que se denomina novela enigma. ¿Nos cuentas qué es esto de la novela enigma y si te sientes identificada con ello o si es una etiqueta que te han impuesto sin tu consentimiento?

Consiento encantada y os aplaudo hasta con las orejas por habérmela atribuido. En mis novelas hay un enigma, sí, que básicamente consiste en saber quién es el asesino, el clásico whodunnit o “¿Quién lo hizo?”, aunque realmente eso para mí no es más que el marco en que encajar mi verdadero objetivo: crear personajes y ambientes tan vívidos que te transporten a otro lugar, que te hagan entrar en una especie de trance al leer mi novela. Al leerla, mi ambición es que te evadas, en pocas palabras.

En cualquier caso, te dedicas a asesinar y, después, a buscar al asesino en tus novelas. ¿Cómo se elige a un cadáver? Aunque parezca un personaje secundario, realmente, toda la trama suele girar en torno a él.

En el caso de Un acto reflejo, como ya he contado en alguna otra entrevista, la elección del cadáver fue totalmente intencionada: no quería que fuera la típica chica joven, mona y secretamente promiscua a la que nos tienen acostumbrados las ficciones actuales, sino que necesitaba darle la vuelta al estereotipo y que fuera un hombre, cuanto más atractivo mejor.

Y si hablamos de Corazón tan negro… Ahí los cadáveres me venían impuestos por la propia resolución del misterio, que fue lo primero que se me ocurrió. En este caso podemos hablar de un relato construido al revés, desde el final, jeje.

Los escenarios del crimen… ¿Los basas en algún enclave real?

Sí y no. Son una amalgama de lugares reales que he visitado y otros que solo he visto a través de mi imaginación, como la colina en forma de pezuña de caballo en que aparece el cadáver de Ashquick en Un acto reflejo, que tomé del Erec y Enide de Chrétien de Troyes, nada menos que un libro de caballerías medieval. Así de loca estoy…

Las dos novelas enigma que has escrito están unidas por un mismo personaje: El inspector Caravaggio. Háblanos de él.

Caravaggio es tan alegre, fantasioso y excéntrico como el propio Hercules Poirot y tan amante de la cultura como el comisario Brunetti de Donna Leon. ¡Basta ya de investigadores obsesivos, con vidas deprimentes, apartamentos caóticos y que compensan su genialidad con una total falta de habilidades sociales! Estoy harta de ese modelo; para mis ficciones quería todo lo contrario. Caravaggio se crio en un orfanato y carga con una mujer desesperante, pero disfruta de la vida, de su trabajo, de la comida, de la relación con sus subordinados, se gasta una ironía deliciosa y no para de tratar de culturizar a todo el que se le ponga a tiro, nunca mejor dicho…

Hay algo que me llama especialmente la atención… ¿Por qué se apellida Caravaggio?

Porque en el orfanato en que se crio, en lugar de asignarles un apellido estándar como Expósito, que es lo habitual en países como España o Italia, les ponían apellidos de artistas célebres, inspirándose en su aspecto físico o en el capricho del momento. Como Caravaggio es moreno y más bien regordete, le encasquetan el de un pintor barroco italiano que, si las monjas que regentaban dicho orfanato hubieran estudiado Historia del Arte, difícilmente le habrían impuesto, dada su escandalosa vida y que fue un pecador de mucho cuidado.

Y ya para terminar, cuando cierras una historia… ¿Te cuesta despedirte de ella?

No demasiado. El whodunnit es una estructura cerrada por lo que, una vez descubierto el asesino, ya no tiene sentido seguir dándole vueltas. Lo que me cuesta es dejar de corregirla y encontrarle defectos, así que llega un momento en que, por salud mental, necesito darla por terminada, esté como esté.

En el caso de mi segunda novela, Corazón tan negro, me autoimpuse publicarla antes del 23 de abril, Día Internacional del Libro, y así fue, aunque me costara muchas madrugadas en blanco de poner y quitar adverbios obsesivamente, jeje.

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