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Disrupción

Somos seres ritualistas, de hábitos, que necesitamos explicaciones, certezas y seguridad y el ritmo, caos, stress,  explosiones psíquicas, rupturas emocionales, stresores intensos  fraccionan la integralidad biopsicosocioemocional (ese aparente hilo de seguridad, del más aquí o más alla), que hace  aguas por todos lados.                                                                                        

La vida en situaciones límites nos ilumina y abrazamos entre nosotros; digo esto, por las fotos vistas recientemente de venezolanos en plena pandemia retornan a su patria, en medio de las ‘mil y una dificultades’, del bloqueo económico, desde diferentes partes del mundo a pesar de la amenaza de invasión del imperialismo yanqui que tiene sus bases militares en Colombia y esta semana están en el Arauca los soldados están haciendo ejercicios de entrenamiento.                                                                           

Las teorías psicológicas que nos movilizan, desde el  placer sexual de Freud, del poder del complejo de inferioridad de Adler, están dirigiendo nuestro inconsciente y es más fuerte el sentido de la existencia , postulado por Victor  Frankl y agregríamos: los grupos humanos marginados y sometidos a los miedos y dolores se acercan más a  sus semejantes, como las familias, que viven  carencias y muertes ; será que éstas duelen menos o el hambre se disipa en compañía o  no se nos pega mucho  al espinazo (en América hay cuentos de sobrevivencia como de la sopa de piedras, el costillar o pata de vaca o las lentejas…).

La cultura de antivalores, con el culto depredador, disociada entre ganadores y perdedores, ha debilitado el piso psicoemoccional y ante la realidad del coronavirus, todos somos afectados y más las personas afectadas por el transtorno obsesivo compulsivo, TOC, porque la salud e higiene, del lavado de manos es norma vital ante la contaminación del covid19.  El TOC es una ansiedad invasiva por ideas, pensamientos, imágenes repetitivas, que asaltan el espectro mental, involuntario, no es producido por el pensamiento (obsesiones invasivas).

Esta ansiedad invasiva, para ser aliviada recurre a las compulsiones casi siempre , como el pensamiento del contagio, y se lavan con jabones, desinfectantes… en forma descontrolada; pensamientos de temor y daños que puede ocasionar o pueden hacer,  matar o abuso  sexual, o miedo a volverse loco; no puede realizar trabajos, porque temen fallar y siempre están ordenando cosas.

 La conducta compulsiva, ritualizada de lavarse las manos, el temor de contagiarse y les sangran al lavarse compulsivamente, necesitan orden, limpieza y pulcritud y en esa ritualización compulsiva nunca conseguirá perfección; la compulsión mental (rumiando) de repetir cerrar, apagar el gas… los mantiene en estado  de ansiedad y de agotamiento. Estas personas antes del covid19 eran atendidas, como los cuadros depresivos, pero ante el miedo del contagio del virus se han mantenido recluidas y otras se han sumado. Hay una latencia de fractura psicoemocional que no está considerando y en cualquier momento en ese supuesto ‘retorno a la normalidad´harán crisis.

 En el TOC está instalado el pensamiento mágico, con una serie de compulsiones y motivaciones, rituales ante pensamientos obsesivos, como matar,  ponerse  a rezar; no pisar rayas de las aceras, contar en pares, memorizar números, bajar gradas ; presenta una serie de pensamientos inapropiados, obsesiones y compulsiones; realmente hay un sufrimiento en la persona y muchos tratan de esconder su malestar, con cuadros de acumulación de objetos, de higiene en grandes habitaciones o estacionamientos…

Por lo general en el campo de la psiquiatría y psicología, se hace un abordaje integral e incluye, la dinámica familiar, farmacológica, enfoque cognitivo conductual por aproximaciones sucesivas al miedo o temor, confrontando en forma gradual; relajación dirigida; terapias analíticas,  juegos dirigidos,antidepresivos, en corto tiempo para darle tranquilidad, y disminuir la compulsión.

El psicoanálisis ayuda en el autoconocimiento, y el Si mismo, porque le enseña a timonear su vida, conocer su oscuridad y luminosidad.  El  ser humano es una antorcha, y en conjunto somos  ríos de luces, que hemos despertado para salir de las cavernas interconectadas e iluminar con luz propia, ante esta crisis urgente que vivimos. Es una de las tantas que hemos vivido y estaremos más prestos para otras.

Imagen de Grae Dickason en Pixabay

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