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Kathew: Una visión filosófica de Metal, calor y Espiritualidad.

Kathew tiene su origen en el Campo de Gibraltar (Cádiz), en el año 2008. Se caracteriza por su estilo Groove Metal con tintes electrónicos. Pura ira desatada en todos los aspectos. Entre sus principales influencias se encuentran bandas como: Ktulu, Lamb of God, Sepultura, Chimaira.

Brahman (divinidad impersonal hinduista): idea hinduista del Dios sin forma.

Bardo (Palabra tibetana) significa literalmente «estado intermedio//de transición».

La poética del Metal existe, y yo la voy arrastrando por donde haga falta; recuerdo que era algo más de mediodía y estaba caminando a un costado de la carretera, escoltado por ese Puerto de Algeciras con 43º cayendo de manera casual… digo casual porque la vida en esa ciudad no se puede detener, mucho menos ahora, cuando la economía de la clase media o media baja (la única que existe y que sostiene el Universo y las vacunas) debe seguir, llueva o truene, caigan decenas de grados, no puedas respirar por una mascarilla no tan bien esterilizada como dicen los otros… Decía, perdón, que la poética del Metal existe, y mientras limpiaba la lente de la cámara encontré un bar donde poner algunas cosas en claro, de mi vida casi proscrita, de la música, de KATHEW. Ya con la primera jarra de cerveza en el buche comencé a repasar un poco acerca del sonido y el estilo del grupo.

Lo fundamental de Kathew, lo que más arrastra a la gente hacia ese punto ciego donde nada existe salvo una sutil capa de energía, es su sonido. La milimétrica y masticada fortaleza que sale de cada uno de los integrantes. Es interesante cuando repasás la historia de una banda, y te cuentan que algunas piezas fueron completando el Todo por una cuestión de necesidad. Como si la fuerza inicial, la que se encuentra en el primer disco, o en los primeros conciertos, no terminara de cuadrar en ellos. Pero no es solo una cuestión de técnica, también es ese imperioso requerimiento que determina la permanencia en la Escena de un proyecto: la capacidad de arrasar con el público, de dominar la potencia hasta tener a tu merced a la gente, sin miedo a que nada desafine, ni que la distorsión hiera…, la capacidad de comprender que el daño lo hace el entorno social establecido. Kathew lo entiende, por eso convierte el Groove en algo más profundo, casi místico. Entre las guitarras, que temporizan los Breaks con riff´s melódicos, las bases se convierten en Brahamanes, que con la metodología de un ensamble profundo, se fraccionan en tempos que terminan marcando el camino para que la meditación cunda. La guía por un laberinto donde estas entidades te convierten en derviches giróvagos hasta llegar al Bardo con la electrónica de una sucesión de estallidos digitales que suman a este éxtasis irascible.

La previa a desentrañar y darle forma a estas sensaciones iba de la mano con el escenario. La geografía de la ciudad es sinuosa. Por momentos el aire arábigo se mete en tu cuerpo, las conjunciones de acentos suma a esas infinitas grúas que dominan la ciudad casi desde cualquier punto del centro. Os recuerdo el calor y que Cádiz es una de las provincias con mayor tasa de desempleo… parece notarse en cada esquina cuando llego al barrio donde ensaya la banda: tiene toda la pinta de haber quedado por la mitad gracias a las políticas económicas que diezmaron los Trabajos básicos de los Obreros, la Educación, la Salud y la Cultura. Repito: las casas no parecen destruidas o sucias. Se notan que quedaron a mitad de camino de ser terminadas.

El contraste con el búnker de Kathew es impactante. La sala es amplia, cómoda. Son seis músicos y yo con mi Nikon. Preside el local una bandera del grupo. Apenas necesitan un par de acordes para comenzar el ensayo. La K que resguarda al batería, por deformación profesional, me hace pensar en Ketamina y ese rollo tan interno que llevo con los sueños lúcidos y la búsqueda…; cuando entra el primer rugido de la voz sobre los acordes algo estalla en mi espalda, en mi cabeza. Vuelvo a esos laberintos de post adolescente, cuando estás escrutando un camino interno… o para salir adelante, o para quedarte dentro de ti. Muchos dicen que el Groove Metal es un estilo repetitivo (como si el rock acústico no lo fuera), yo vuelvo a la ciudad de Brahmanes, donde el movimiento perpetuo y reiterado de un sonido te acerca a la Revelación… Por un momento dejo de hacer fotos, y mientras el despliegue de las voces (principal y coros) se convierte en un tigre hambriento, comparo el sonido de estudio y el directo. Ahí caigo en la cuenta de que Kathew consigue, por el trabajo metodológico y la rebeldía, algo para sí mismo en lugar del Mainstreem, sonar con esa pureza, potencia y casuística de quien puede dominar, en un pequeño cuarto, el poderío de una fuerza tempestuosa y por momentos sobrenatural. Termina el ensayo y vamos a un bar desde donde el Peñón de Gibraltar se ve todopoderoso. Tal vez a los locales les parezca una exageración, pero los que venimos de fuera imaginar en el mapa del Globo el punto en el que nos encontramos merece su análisis, mitológico incluso. Entre copa y copa el cantante me señala una de esas grúas interminables y me dice “Mañana a las 4 de la madrugada estoy ahí arriba.” No me sorprende. Esa furiosa interpretación parece ensayada, antes que en el local, en esa altura metálica que termina de cerrar la figura poética que tanto me gusta traerme de vuelta a casa. El trato del grupo es más que cercano, son sinceros, directos. Claros.

La escena es complicada cuando se trata de tocar. Porque pocos hacen negocio, o consolidan su reputación por vestirse de agencia de Medios que lo primero que dicen antes de saludarte es su tarifa (que le descuentan al músico)… Yo no sé mucho de nada, pero entiendo de las ganas de salir por ahí y mostrar algo que te come desde adentro, que más de una vez estuvo a punto de matarte, o de hacerte perder todo lo que tenías… Por la madrugada mientras vuelvo a Sevilla entiendo la diferencia entre hacer un sonido para sonar feroz en las redes… o crear un elemento contundente porque sale de tus tripas, de tu cabeza, de tu Espíritu. Eso es lo último que recuerdo tomando estos apuntes de un día caluroso en Algeciras… y que en mi reproductor está sonando “Amstetten

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