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Miguel Servet

Miguel Servet fue un teólogo y científico, también conocido como Michel de Villeneuve (Miguel de Villanueva), “uno de los pensadores cristianos de tiempos modernos” según Marian Hillar, un filósofo y teólogo polaco-estadounidense, y del que se sabe muy poco sobre su origen. Su nacimiento tiene propuesta la fecha del 29 de septiembre de 1509 o 1511. Sobre el lugar de nacimiento, la mayoría hace referencia a Villanueva de Sigena (Huesca).

Era de linaje judeoconverso por parte de madre. Gran conocedor del latín, hebreo y griego, consiguió entrar al servicio de Juan de Quintana, el confesor de Carlos I de España y V de Alemania, al que vio ser coronado. Con 15 años se fue a estudiar Derecho en Toulouse (Francia) y allí entró en contacto con círculos cercanos a la Reforma protestante, a los que se unió viendo el lujo y la corrupción de los papas.

Estudió La Biblia en hebreo y griego puesto que creía que la traducción oficial en latín había sido tergiversada. Así, en el exilio escribió varias obras:

De Trinitatis Erroribus (De los errores acerca de la Trinidad), en 1531. En ella refuta este dogma en base a que no se halla en las Escrituras, ya que estas establecen que Jesús es un hombre, aunque naciera milagrosamente, y que es HIJO de Dios, negando que sea eterno, por lo que no es una persona de la Trinidad. Añade que el Espíritu Santo tampoco es una persona sino la fuerza o poder de Dios.

Esta crítica y refutación de la doctrina de la Trinidad hizo que el obispo de Zaragoza -al que, osadamente, le envió una copia- pidiera que la Inquisición interviniera.

Al año siguiente, en 1532, publicó Dialogorum de Trinitate (Diálogos sobre la Trinidad), para aclarar y despejar dudas derivadas de su obra anterior, ratificando lo expuesto en la obra anterior. También añade el suplemento, De Iustitia Regni Christi (Sobre la Justicia del Reino de Dios) en el que expresa que la fe y el amor se complementan pues están también agradan a Dios.

Se inició su persecución por lo que se refugió en Lyon (Francia) y cambió su nombre a Michel de Villeneuve, supuestamente originario de Tudela (Navarra) para eludir a la Inquisición. Para ese tiempo empezó a mantener correspondencia con Juan Calvino, teólogo francés y uno de los gestores de la Reforma protestante.

En 1537 se matriculó en la Universidad de París para estudiar medicina, ejerciendo la profesión durante más de una déecada.

Sin compartir sus ideas, escribió su obra cumbre: Christianismi Restitutio (Restitución del Cristianismo), editada anónimamente en 1553 y firmado en la portada con las iniciales MSV. Aquí critica la corrupción de la Iglesia y que la solución a su degradación moral pasa por la “restitución del cristianismo” a sus orígenes antes de Constantino y el Concilio de Nicea del año 325. También considera que el hombre alcanza su mayoría de edad a los 20 años, consiguiendo el uso de razón, por lo que no peca hasta entonces. Así, determina que bautizarse de antes de esa época no tiene ningún sentido puesto que Jesús lo hizo a los 30 años. A este tipo de bautismo se le denominó anabaptismo. Algo que le hizo diferente de otros reformadores es que, en el Libro V de esta obra, incluye el aspecto científico, al hablar de sistema circulatorio menor o pulmonar de la sangre.

Finalmente, se descubrió que el autor era Servet y fue denunció. Algunas fuentes dicen que fue el mismo Calvino. En un juicio de dudosa legalidad que duró 2 meses, en el que se le negó la asistencia de un abogado, finalmente fue condenado a muerte. Calvino intentó cambiar su condena por otra más “leve”: ser decapitado. Sin embargo, la sentencia del tribunal fue:

«Te condenamos a que te aten y lleven a la colina de Champel. Allí te atarán a una estaca y serás quemado vivo junto con tus manuscritos y tus libros impresos hasta que tu cuerpo sea reducido a cenizas. Así termines tus días para que quedes como ejemplo para otros que quieran cometer lo mismo.”

La ejecución tuvo lugar ese mismo día. Efectivamente, Servet fue atado en la picota junto con una cadena de hierro donde colgaron sus libros, y a sus pies colocaron leña verde y húmeda para que la pira ardiera más despacio y, lo que ha sido interpretado como un gesto de compasión por parte de alguno de sus verdugos, le colocaron en el cuello una argolla impregnada de azufre para que el humo de la sustancia acelerase su muerte por asfixia. Esta ejecución, que duró más de una hora, terminó con la vida del médico aragonés.

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