Press "Enter" to skip to content

Secretos y misterios

Cada ciudad encierra sus misterios, sus rincones ocultos a la sombra de un suceso, sus callejones poco transitados, edificios cuyas paredes encierran una historia.

Madrid, mi querido Madrid, no es menos. Una ciudad que, a pesar de sus encantos, también encierra sus vestigios del pasado, lugares que susurran para quienes quieran escuchar.

De visita obligada, el “Teatro Real”, frente al Palacio Real, situado en el Madrid de los Austrias, es uno de los edificios más importantes de la ciudad. Con su “paraíso” y su “infierno”, las paredes rezuman armonía, historia, arte… Y secretos.

Se dice que “los teatros construidos cerca del agua tienen mejor sonoridad”. El Teatro Real está asentado sobre un acuífero y su acústica es excepcional, con un aforo máximo de 1.745 personas, 22 plantas, ocho de ellas subterráneas, camerinos, salas de ensayo, sistemas de listones movibles para tener distintas opciones de reverberación, cámaras y pantallas de alta definición, reunidos en 65.000 metros cuadrados.

En su origen, en el lugar donde alberga, había un acantilado, “El barranco de los huesos”, en donde en la Edad Media, durante la Reconquista, los cadáveres eran tirados. En el siglo XVIII la zona se nivela con toneladas de arena, lo que ahora es la Calle Arenal.

Ya en el siglo XIX, Isabel II decide levantar el teatro, al lado del Palacio Real. El arquitecto decide hacerlo con una forma especial, de ataúd, en honor y para recordar a todos los fallecidos.

Esta es solo una historia de las muchas que encierran los lugares por los que transitamos en nuestro día a día, imaginar lo que ocurrió muchos años atrás.

Aquí comienza nuestra historia.

«Después de un año duro en todos los aspectos de su vida, Enrique había organizado, al igual que todos los veranos, una ruta en bicicleta con su compañero de caminos, Jesús. Después de la ruptura con la madre de su hijo, necesitaba más que nunca una vía de escape, un respiro que le hiciese mantenerse a flote. En esta ocasión, la ruta sería desde Salamanca a Oporto y de Oporto a Santiago.

Las etapas estaban calculadas cada 100 Kilómetros, pernoctando en diferentes pueblos del recorrido. Todo transcurría según lo previsto, sin ninguna novedad.

Cada noche, antes de irse a dormir, los dos amigos grababan un vídeo para informar a sus familiares y amigos de que todo estaba bien.

Al cuarto día de su aventura llegaron a “La Bella”, un pueblecito situado al Oeste del país y, allí, se dispusieron a buscar alojamiento para pasar la noche, pero era viernes por la tarde y todos los hostales y pensiones estaban al completo, debido a las fiestas.

Desesperados, después de recorrer todos los alojamientos sin resultado, Enrique y Jesús preguntaron a la gente del lugar si conocían de alguien que les pudiera ofrecer un sitio para pasar la noche.

—Bueno, quizás sí haya un sitio —les dijo dudando el camarero de uno de los establecimientos.

Ambos se apresuraron a decir que no les importaba, aunque fuera en un establo o en un pajar.

—No exactamente—sonrió el camarero—. Cerca de aquí hay un hotel que hace tiempo que está cerrado y un amigo mío trabaja allí de vigilante; seguro que no le importa. Se utilizó para el rodaje de una película… “Los Otros”…

Lejos de sentirse incómodos, agradecieron al camarero y, siguiendo sus indicaciones, se dirigieron al mencionado hotel.

El vigilante, que ya había sido avisado, les llevó muy amablemente a una de las habitaciones habilitadas. Un espectacular hotel de cuatro plantas y una única habitación ocupada: la de los dos amigos.

Habiendo dado las gracias al buen hombre, se dispusieron a grabar el video de buenas noches, pero esta vez decidieron grabarlo fuera de la habitación, no pudiendo contener su curiosidad.

Salieron al pasillo hasta llegar a una escaleras. Todo estaba oscuro, alumbrado únicamente por la linterna del móvil. Una cadena les cerraba el paso y sólo se podía ver hasta el cuarto o quinto escalón; el resto, en la más absoluta y lúgubre penumbra.

Una risa nerviosa se apoderó de Enrique, que empezaba a sentirse incómodo.

Los interruptores de la luz no funcionaban, aún así, decidieron subir por la escaleras, gastando bromas para relajar la tensión.

Enrique iba el primero, describiendo el mobiliario, mientras Jesús iba grabando.

De pronto, un soplo de aire frío le recorrió a Enrique por la nuca, erizándosele todo el vello, al mismo tiempo una sombra cruzó de un lado a otro. Vio en los ojos de Jesús una expresión de pánico. Sin pensarlo, corrieron a la habitación muertos de miedo e inspeccionaron el video. Nada extraño pudieron ver. Aquella noche no pegaron ojo.

¿Habrían visto algo o habría sido sugestión?

Solo puedo decir que esta historia es verídica».

… Allí donde las palabras cuentan una historia, donde las historias cobran vida.

Hasta la próxima.

Be First to Comment

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies